“¡Caramba, doctor! —le dijo sorprendida la bella paciente al joven médico—. ¡Yo siempre pensé que la fecundación artificial se hacía artificialmente!”.
Doña Chalina relató en la merienda de los jueves: “Al principio de nuestro matrimonio mi marido era un volcán, pero luego se fue enfriando hasta quedar inactivo”.
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