
CARLOS R. MENÉNDEZ LOSA (*)
La celebración de aficionados japoneses fue ordenada; la de los noruegos, festiva pero contenida, y la de miles de mexicanos, desbordada y caótica. Los nipones celebraron con civismo y responsabilidad colectiva; incluso se quedaron en los estadios para recoger la basura. Los europeos festejaron con ordenados rituales colectivos, como el “remo vikingo”, y cánticos coordinados.
Autoridades noruegas, encabezadas por los reyes, sus hijos y nietos, presidieron las celebraciones en Estados Unidos y en Oslo. No parecían temerle al contacto con los diferentes públicos. La euforia fue enorme, sin desorden social significativo. Celebraron, pero, como los orientales, no trasladaron los costos de sus festejos a otros. Con orden, la cultura cívica prevaleció.
En México, el caos fue creciendo conforme los éxitos de la selección nacional aumentaban en el Mundial de Fútbol 2026. Tras la victoria ante Ecuador, el saldo fue de cuatro personas fallecidas por asfixia y 1,615 atendidas por servicios de emergencia. Fuera de control —por el elevado consumo de alcohol—, sin frenos, los aficionados causaron destrozos y afectaron la paz pública.
La diferencia no estuvo en el nivel de pasión por el fútbol, sino en la forma en que se gestiona la emoción colectiva en el espacio público. Para Japón, la norma suele ser “dejar todo mejor de como lo encontraste”. En Noruega prevalece la idea de “celebrar juntos sin romper el orden”, pero en México parece predominar el “celebrar intensamente, aunque se rompan las reglas”.
¿Por qué sociedades que experimentaron la misma euforia reaccionaron de manera tan distinta? ¿Qué las diferencia? ¿Qué aprendizajes deja a México? Noruega y Japón ocupan lugares destacados en índices globales como el de Desarrollo Humano de la ONU, el de Percepción de la Corrupción y el Global de Paz. Nuestro país se ubica en los sitios 81, 141 y 135, respectivamente.
Noruegos y japoneses cuentan con prensa libre, instituciones fuertes, un Estado de derecho sólido y reglas que sí se cumplen. Hay transparencia, acceso a la información pública y rendición de cuentas, por lo que resulta difícil ocultar irregularidades. El bienestar es alto, la desigualdad es baja y la cultura cívica promueve desde la infancia valores como el respeto por lo común.
La lucha contra la corrupción es clave. Ambos países han construido ecosistemas culturales y económicos que hacen de la deshonestidad una conducta difícil y socialmente inaceptable. Los políticos están sujetos a controles efectivos y enfrentan consecuencias rápidas ante los escándalos. El periodismo independiente y las organizaciones civiles investigan y denuncian.
En contraste, en México la impunidad es alta y la aplicación de la ley, desigual. Con un Estado de derecho débil, muchos delitos no se investigan o quedan sin castigo. La opacidad es la norma en la gestión pública, con contratos reservados y obstáculos a la investigación ciudadana. Se normalizan prácticas como la “mordida” y la economía informal sigue siendo predominante.
POPULARIDAD
La prioridad del gobierno mexicano es simular un apoyo del “pueblo” que se resquebraja cada día más. A diferencia de sus pares de otros países, la presidenta Claudia Sheinbaum no asistió a ninguno de los estadios donde jugó la selección nacional. Parece grande el temor de dejar en evidencia la caída en la popularidad que ya muestran encuestas como la de LatAm Pulse.
El nuevo sondeo, financiado por Bloomberg News, indica que la aprobación presidencial cayó por primera vez por debajo del 50% en junio, muy lejos del máximo de 66% registrado en abril de 2025 (bit.ly/4bjp3Zk). Reporta que las principales preocupaciones de los mexicanos son la corrupción, la crisis económica, el creciente poder del crimen organizado y el debilitamiento de la democracia.
Para los gobiernos obradoristas lo importante no es enfrentar la realidad —como suele ocurrir en Japón y Noruega—, sino maquillarla (bit.ly/3RrEubf). Ante las acusaciones de presuntos vínculos del morenismo con el narcotráfico, la respuesta no ha sido investigar, sino responsabilizar indirectamente a la administración Trump e incluso revivir las viejas cantaletas contra Fox y Calderón.
En Yucatán, la falta de transparencia se vuelve norma. Sin justificación creíble, se declara “reservada” toda la información en torno a las millonarias obras de modernización del puerto de altura de Progreso. Es la “oscuridad total”, como declara el colectivo ¡Ya Basta!, que vuelve a alertar sobre las amenazas de la polarización, la opacidad, la corrupción y la impunidad (bit.ly/4w3Rva0).
LA CERRAZÓN
También se convoca a supuesta consulta ciudadana para maquillar la imposición del plan “Renacimiento de Mérida”, encaminado a tomar el control de la “joya de la corona”. Sin embargo, se descalifican como “mentiras” las exigencias de mayor información para comprender las razones detrás de un nuevo endeudamiento (bit.ly/4pfZqyp). Se habla de apertura, pero domina la cerrazón (bit.ly/4ffaveA).
Mucho podemos aprender del Mundial 2026. ¿Qué tendríamos que hacer para que el entusiasmo que manifestaron millones de mexicanos se traduzca en un compromiso social frente a los serios problemas del país? Los ejemplos de Japón y Noruega ofrecen algunas respuestas. México no está condenado a la corrupción, pero la solución no pasa por cambios superficiales.
Durante décadas, sobre todo en los años del obradorato, se ha insistido mucho en los derechos y poco en las responsabilidades ciudadanas. El compromiso con el país implica exigir cuentas, respetar la ley, denunciar abusos, participar en la comunidad y rechazar la corrupción cotidiana. Esperar que todas las soluciones provengan del gobierno nos condenaría, sin duda, al fracaso.
Si el orgullo que provoca un triunfo futbolístico pudiera traducirse en una exigencia permanente de mejores gobiernos, instituciones más fuertes, respeto al Estado de derecho y mayor participación ciudadana, aprovecharíamos mejor nuestra gran capacidad para unirnos en torno a un propósito común. Japón y Noruega muestran que sí es posible.— Mérida, Yucatán
direcciongeneral@grupomegamedia.mx / Apartado especial en el sitio web del Diario: yucatan.com.mx (https://bit.ly/4diiiFP)
(*) Director general de Grupo Megamedia
¿Cuál es el mensaje del texto?
El mensaje central del escrito es el siguiente:
El Mundial de Fútbol 2026 demostró que la verdadera diferencia entre los países no está en la pasión de sus ciudadanos, sino en la fortaleza de sus instituciones, su cultura cívica y el sentido de responsabilidad colectiva. México puede construir un mejor futuro si convierte el entusiasmo que despierta el fútbol en un compromiso permanente con el Estado de derecho, la transparencia, la participación ciudadana y el combate a la corrupción.
En síntesis, el artículo sostiene cinco ideas principales:
- 1) Las celebraciones reflejan el tipo de sociedad que se ha construido. El contraste entre Japón, Noruega y México revela diferencias profundas en civismo, respeto por las normas y convivencia.
- 2) El desarrollo de un país depende de instituciones fuertes y cultura cívica. La baja corrupción, la transparencia, la prensa libre y la rendición de cuentas explican buena parte del éxito de Japón y Noruega.
- 3) México enfrenta un problema estructural. La impunidad, la opacidad y la simulación gubernamental debilitan la confianza pública y dificultan el desarrollo.
- 4) La solución no depende únicamente del gobierno. También exige ciudadanos que respeten la ley, rechacen la corrupción cotidiana, exijan cuentas y participen activamente en la vida pública.
- 5) El Mundial deja una oportunidad. Si la capacidad de millones de mexicanos para unirse alrededor de un objetivo común pudiera trasladarse a la construcción de un mejor país, México tendría mayores posibilidades de fortalecer su democracia y su desarrollo.
En una sola frase, el mensaje podría resumirse así:
La mayor lección del Mundial no es deportiva: el futuro de México dependerá de que transforme la pasión que lo une en una cultura permanente de responsabilidad ciudadana, legalidad y compromiso con el bien común.
