¿Sabemos vivir en Yucatán? Pensemos primero en el que es, acaso, el desafío más palpable de esta región: el calor húmedo. Ante esta condición, las y los yucatecos nos hemos adaptado al entorno de numerosas maneras: la construcción de techos altos, ventanas que permiten una ventilación cruzada, hamacas en lugar de camas para dormir, salir a tomar el fresco por la tarde, dejar puertas abiertas para que entre la brisa, tener varios árboles en casa, buscar la sombra cuando caminamos por la escarpa o manejamos un vehículo por las calles, vestimenta fresca, tomar una siesta en la tarde, entre muchas otras. Digamos que hemos aprendido a vivir con el calor de Yucatán.

Desde luego, nuestra adaptación al inclemente calor yucateco está cambiando por numerosas razones, como el crecimiento de la población; los nuevos hábitos derivados del consumo de contenidos de otras partes del mundo o del contacto con inmigrantes o de experiencias de viajar o residir en otros lugares; o la proliferación de desarrollos inmobiliarios y de automóviles. Ante casas con mala ventilación y menos árboles en hogares y espacios públicos, frente a una creciente percepción de inseguridad, ahora puede parecer que la única salvación al clima infernal es buscar refugio en casas, oficinas, centros comerciales o vehículos con aire acondicionado, dejando de lado muchas otras prácticas y hábitos con los que, históricamente, nos hemos refrescado.

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