Algo está sucediendo en la sociedad que la violencia se está normalizando y la vemos ya como algo natural para resolver problemas familiares, de trabajo y de la vida cotidiana.

Con frecuencia observamos y leemos noticias de violencia y agresiones cotidianas en los hogares; del bullying que sufren muchos alumnos en las aulas; de ataques con armas en las escuelas con resultados trágicos; insultos y golpes entre automovilistas y conductores de camiones; riñas y tragedias en las fiestas familiares, en fin, la violencia se hace presente en todos los lugares.

Los niños y niñas están inmersos en un mundo en donde la tecnología avanza a pasos agigantados, y se pueden encontrar en los celulares, las tabletas, las computadoras y el internet en general información diversa, que puede ayudar al estudio, a la investigación y a fortalecer los conocimientos, pero también hay informaciones que pueden impactar negativamente en los menores y adolescentes.

Por tanto, los padres de familia deben estar más cerca de los hijos, estar pendientes de lo que ven en la televisión, el celular y las computadoras, educar en un ambiente de respeto, igualdad y afecto, así como mantener una relación de diálogo con los maestros para conocer las debilidades, fortalezas y avances de los niños, adolescentes y jóvenes.

Si un menor está inmerso durante horas viendo programas violentos, en un ambiente familiar de agresiones, insultos, golpes, abandono y sin afecto, esto afectará sus emociones y sentimientos, y quizá busque emular a su “héroe” violento y sangriento.

El reciente caso de una subdirectora asesinada en una secundaria de Torreón, Coahuila, profesora Neri Edith Nevárez, a manos de dos de sus exalumnos, sacude a la sociedad y al magisterio nacional. Los dos jóvenes de 18 años irrumpieron encapuchados al plantel y amagaron a maestros y alumnos; la maestra trató de disuadirlos para evitar que agredieran a los menores, pero al parecer los reconoció por la voz y mencionó el sobrenombre de “Los Cuates”, porque son gemelos. Fue agredida mortalmente y varios alumnos heridos de gravedad.

Un día antes en una primaria de Querétaro un menor de sexto grado armado con dos cuchillos hirió a tres trabajadores y un estudiante. En marzo pasado, un alumno de quince años de una preparatoria en Lázaro Cárdenas, Michoacán, asesinó a dos profesoras utilizando un fusil de alto poder. Una mentora de Orientación Educativa es asesinada con arma de fuego a las puertas del Colegio de Bachilleres de Oaxaca, Plantel 6, después de discutir, días antes, con el alumno por su bajo rendimiento escolar y una calificación, esto ocurrió en octubre del año pasado.

Se pensaba que estos ataques con armas de fuego a escuelas ocurrían solamente en Estados Unidos, pero no. Hay casos similares en otros países y ahora en el nuestro con saldos trágicos.

Un caso extraño que es ya viral en las redes sociales y preocupa sobremanera al magisterio, es la denuncia por “acoso” de una madre de familia contra un profesor de una secundaria del estado de Veracruz, porque el mentor dejó como tarea escolar realizar un croquis de la escuela al hogar de cada alumno. Una actividad que está en el programa y el libro de actividades lleva a un profesor a la Fiscalía por la mala interpretación de una madre.

¿Qué lleva a estos jóvenes a actuar con violencia y crueldad? ¿Es tanta la soledad y abandono emocional que buscan notoriedad imitando a jóvenes violentos y con armas que han causado muertes en otras escuelas?

Algo estamos haciendo mal los adultos en los hogares, en las calles y en la vida cotidiana para que muchos niños, adolescentes y jóvenes actúen con violencia y agresividad hacia sus iguales, hacia sus maestros, incluso hacia sus padres y abuelos.

Se ha perdido mucho el respeto a los demás, principalmente a los adultos y a las personas de la tercera edad. La amabilidad, la empatía, el diálogo, la gratitud, la prudencia, la humildad, la generosidad, la solidaridad, se han ido perdiendo poco a poco. Ante esto, los padres de familia, los maestros y las autoridades deben poner el ejemplo para su rescate.

Pero, no olvidemos, los profesores no hacen magia para transformar a los alumnos en personas respetuosas, pacíficas, honradas y con otros valores, menos si en el hogar hay violencia, insultos, abandono, soledad, falta de afecto y diversos traumas que impactan en las emociones, carácter y sentimientos de los hijos. La educación, la adquisición de valores y la formación comienzan en el hogar.

Ante estos actos de violencia en las escuelas, los alumnos y maestros están en peligro. Urge unir esfuerzos entre todos los involucrados en el sistema educativo para buscar soluciones que ayuden a que las escuelas sean espacios de aprendizajes, investigación, lectura, difusión académica y de respeto.

Hay que estar alertas, porque la violencia acecha.— Mérida, Yucatán

Profesor

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