Con sus 23 millones de asegurados y su más de medio millón de trabajadores de base, confianza y eventuales, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) es la institución de seguridad social más grande de América Latina. Es también una noble institución de financiamiento tripartito que es vista con simpatía y reconocimiento por una enorme porción de la sociedad mexicana, pero no puede ignorarse la existencia de muchos que la critican por motivos fundados y una minoría que la denuesta por motivos políticos.

La falta de medicamentos e insumos es señalada repetidamente, tanto por usuarios como por trabajadores del propio IMSS, que incluso, en un gesto de solidaridad con los pacientes, a veces usan recursos propios para atenuar tales carencias.

El IMSS reconoce —sin desestimar el asunto— que solo un 6% de recetas no son surtidas completas y ofrece un servicio complementario para resolver el problema.

Se precisa, sin embargo, avanzar en ese rubro. Si el IMSS carece de un medicamento, el paciente debe tener la posibilidad de ir a cualquier farmacia que sí lo tenga y proveerse de él sin dilación y sin costo.

Hacia ahí hay que ir a la brevedad y —claro— hablo de los supuestos en que no existe el fármaco con otro nombre y con la misma sustancia activa.

Y aquí llegamos a otra vertiente del asunto. Para evitar frustraciones, directivos del IMSS han implementado la llamada “sustitución terapéutica” e instruyen a sus médicos a no recetar fármacos que no estén disponibles en farmacia. No suena mal, pero esa instrucción debe respetar el criterio médico y las particularidades del paciente.

Es decir, es pertinente informar a los médicos de cuáles medicamentos no se tienen existencias, pero no es sensato obligarlos a recetar solo los que sí se tienen.

Insisto: la mejor solución es que el paciente pueda recibir gratuitamente el fármaco faltante en cualquier farmacia.

Hay otras áreas que el IMSS debe atender, entre ellas la sustitución de equipo obsoleto, como el de imagenología, y las camas defectuosas, así como dar mantenimiento eficiente en hospitales, donde es frecuente, por ejemplo, que fallen los ascensores.

También convendría una pronta actualización de equipo y prácticas quirúrgicas, concretamente la instauración de la cirugía robótica, que el director general, Zoe Robledo, ha anunciado, pero aún no se concreta ni está convocada (hasta donde se sabe) una licitación próxima.

En resumen, es necesario que la Secretaría de Hacienda realice las ampliaciones presupuestales necesarias para hacer al IMSS no solo líder en Latinoamérica por sus dimensiones, sino también por su modernización tecnológica. En este rubro, el IMSS ya va rezagado.

Por supuesto, en el reforzamiento de recursos para el IMSS, deben participar los tres grandes sectores que lo financian: gobierno, empresarios y trabajadores.

La suma de esfuerzos es ideal para llevar a la institución a un estrato superior de eficiencia y calidad. A la excelencia, pues.

En el logro del ideal mencionado, es esencial la participación de trabajadoras y trabajadores del IMSS, cuyo conjunto es la principal riqueza de la institución.

En consecuencia, si los funcionarios gubernamentales negocian con talento, seguramente podrán lograr acuerdos justos con los trabajadores, entre otras cosas porque a todos conviene que el IMSS disponga de suficiente personal médico, de enfermería y de servicios, así como de medicamentos, equipo e insumos suficientes y de primera calidad.

Gasto fuerte, pero para un rubro clave

Ciertamente, un plantel laboral tan vasto como el del IMSS implica que incluso un solo punto porcentual de aumento salarial repercuta fuerte en el presupuesto, pero debe tenerse presente que pocos rubros importan tanto a la población como el de la salud.

En este sentido, reclaman reconocimiento las posiciones de la presidenta Claudia Sheinbaum y de Zoé Robledo, que en todo momento han mostrado expresamente su disposición a resolver las carencias institucionales y las demandas de los trabajadores, además de expresar su respeto al derecho a la manifestación.

Importa, por supuesto, que, de parte de los trabajadores, exista también respeto a la ley y comprensión hacia los límites presupuestales.

Cuando escribo estas líneas no se conoce aún el resultado definitivo de la consulta nacional sobre el aumento salarial de 2.9%.

Visto así, el porcentaje es exiguo, pero si se le agrega el 3.9 a prestaciones, en particular a la ayuda para la renta, el total asciende a 6.18%, que ya no es tan exiguo. Comoquiera, es de esperarse que el gobierno estudie con seriedad si es posible elevar ese total.

Por cuerda separada corre la consulta que el director del IMSS anunció directamente en los hospitales, sobre carencias y vías para resolverlas.

Ambos ejercicios corresponden a buenas prácticas para llegar a buen puerto.— Ciudad de México.

Periodista

La suma de esfuerzos es ideal para llevar a la institución a un estrato superior de eficiencia y calidad. A la excelencia, pues.

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