Quien haya tenido la fortuna de visitar Pompeya, quizás se sorprendió al igual que yo, al ver grafitis en las paredes, algunos electorales y subidos de color para favorecer o descalificar algún rival en la política. También llamó mi atención observar en una serie televisiva dedicada a representar la vida en Roma durante el antiguo imperio y la república, esta misma forma de comunicación, dibujos en las paredes ridiculizando a los gobernantes, denunciando la corrupción, la opulencia y el abuso de poder. Y resulta que, de acuerdo a diversos estudios, serios y académicos, esta forma de comunicación, que algunos catalogan como los antecedentes de las redes sociales, eran ya comunes en aquel tiempo.
Años después, con el invento de la imprenta en el siglo XV, pero sobre todo en los siglos XVII y XVIII, las caricaturas políticas, antecedente de los memes de hoy, eran comunes en Europa sobre todo en Inglaterra y Francia, servían para cuestionar a las majestades, al absolutismo y a las grandes figuras como los ministros de la época. Así, reírse a costillas de los poderosos, gracias a los impresos que se pasaban de mano en mano o se publicaban en las revistas, era una forma de protesta social y de catarsis ante las injusticias sufridas por el pueblo. También eran un modo de adquirir conciencia sobre la corrupción de los gobernantes y los excesos de la nobleza.
Esta forma de expresión se ejerció también en América y en particular en México, ya que, en el siglo XIX, gracias a la técnica de la litografía, surgieron publicaciones satíricas como “La Orquesta” y “El hijo del Ahuizote”, que utilizaron el humor para criticar desde el mismo al poder y a los dictadores. Pero fue en el porfiriato que las caricaturas se convirtieron en un excelente medio masivo para la crítica política, teniendo como a una de sus grandes figuras a José Guadalupe Posada. En épocas más modernas ¿quién de nosotros no disfrutó las caricaturas de Rius publicadas en la revista “Los agachados”? en la que se hacía mofa y se representaba a los políticos del partido en el poder exhibiendo sus fechorías y malas prácticas.
Quizá vale la pena recordar que el Partido de la Revolución Democrática (PRD), siendo su candidato a la presidencia de la Republica, Andrés Manuel López Obrador, durante el proceso electoral de 2006, distribuyó masivamente un ocurrente folleto en formato de comic, en el cual participaron caricaturistas famosos como; Antonio Helguera, Rafael Barajas (El fisgón) y Eduardo del Rio (Rius). En dicha publicación que se repartía casa por casa, se promovió la plataforma electoral de aquel partido y promovió el voto a favor de sus candidatos. Es decir, se utilizó el humor y el dibujo mordaz como eficaz herramienta en la política electoral.
Actualmente, las tecnologías modernas han permitido nuevas formas para promover la crítica satírica, es decir de acuerdo al diccionario; el humor, la ironía, la parodia para criticar, ridiculizar o denunciar vicios, abusos, defectos humanos o señalar injusticias sociales. Dando pie a lo que ahora llamamos “memes” que, según Wikipedia, es un término que se usa para describir una idea, concepto, situación, expresión o pensamiento manifestado en cualquier tipo de medio: virtual, cómic, vídeo, audio, texto, imagen y todo tipo de construcción multimedia que puede provocar gracia o sensaciones similares (ironía y sarcasmo).
Como verán, los memes no son más que una forma moderna de llamar a la sátira política utilizada desde siglos atrás para enfrentar a los adversarios políticos y expresarse contra las injusticias y excesos de los poderosos. Los morenistas lo deben saber muy bien ya que, en buena parte, gracias a ellos, su líder moral pudo debilitar la imagen de sus enemigos políticos y llegar al poder. Entonces ¿en qué momento los benditos memes, al igual que las redes sociales, se convirtieron en malditos? y ¿por qué los que usufructúan el poder, decidieron amordazar a sus creadores y penalizar las plataformas que los difunden?
Primero, aclaremos un hecho, la llamada “ley antimemes” en México es en realidad un paquete de reformas legislativas que modifica el Código Penal Federal, la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial y la Ley Federal del Derecho de Autor, impulsado por el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum. Lo que se pretende, según el gobierno y medios oficiales, es castigar el uso indebido, reproducción o imitación a escala comercial de la identidad gráfica, logotipos, dominios electrónicos o documentos oficiales de instituciones públicas (ejecutivo, legislativo y judicial) cuando se empleen para inducir a error, engaño o cometer un ilícito. Las penas contemplan de uno a cinco años de prisión y multas de entre 1,000 y 10,000 Unidades de Medida y Actualización (UMA).
Estas sanciones involucran a las plataformas, ya que impone nuevas responsabilidades a los proveedores de servicios de internet y plataformas digitales para atender avisos por infracciones y retirar contenido modificado o alterado sin autorización, con multas que pueden superar los 4.5 millones de pesos en caso de omisión o reincidencia.
Pero, pese a que la Presidenta asegura que la reforma no busca regular la libertad de expresión, los chistes o el humor, sino combatir fraudes y estafas digitales, los partidos de oposición y organizaciones civiles advierten que conceptos vagos como “escala comercial” o el “uso de emblemas oficiales” pueden aplicarse de forma discrecional contra memes, sátira política, caricaturas y críticas ciudadanas, además de propiciar la censura automatizada por parte de las plataformas de internet. La encuesta de “México Elige” señaló que, el 65 por ciento de sus encuestados rechazó la propuesta por considerarla un intento de censura.
Paradójicamente, la legislación conocida como ley antimemes ha desatado la elaboración y difusión de una gran cantidad de memes que la critican. Y el intento de Morena de que el INE sancione a TV Azteca por el contenido de “La Casa de los mañosos” solo provocó el pronunciamiento de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que manifestó su preocupación ante las peticiones de suspender dicho programa satírico. También lograron despertar la curiosidad de muchos mexicanos y mexicanas que ignorábamos aún la existencia de esa parodia en las redes y que, ante la polémica desatada, decidimos conocer y hasta divertirnos con el contenido de ese sector televisivo.
En conclusión, ninguna ley podrá frenar la crítica política, gobierne quien gobierne, mucho menos si es expresada de manera divertida y creativa. Y como el ingenio y humor de los mexicanos no tiene fin, sigamos disfrutando de los memes.— Mérida, Yucatán
Antropóloga por la Uady, con maestría en antropología social
