La tarea de hoy empieza con cine.
En México la conocimos como “Durmiendo con el enemigo”, título original “Sleeping with the Enemy”, thriller de 1991 dirigido por Joseph Ruben y protagonizado por Julia Roberts, Patrick Bergin y Kevin Anderson.
La trama es así: Laura finge su muerte para huir de Martin, su marido obsesivo y violento que la vigila hasta en cómo acomoda las toallas. Rehace su vida, pero él la encuentra. Final trágico para él, liberador para ella: lo mata en defensa propia. Es la metáfora exacta de Mérida hoy.
El domingo 18, Liborio Vidal Aguilar, el “Amigo Libo”, hizo público su registro con folio del 17 de octubre como aspirante a coordinador de los Comités de Defensa de la “4T” en Mérida.
Traducción llana: precandidato a la alcaldía. Campaña anticipada que el PAN, principal fuerza opositora, observa con parsimonia y que aún no se decide a denunciar por violar los tiempos electorales.
El destape vino con foto con Claudia Sheinbaum y Joaquín Díaz Mena y un post donde confiesa ser “obradorista” desde 2006.
En términos futbolísticos, y superando el récord histórico de la Selección Nacional, llegó a su quinto partido en su carrera. “Chapulín” ya con doctorado.
Y con el brinco, el despertar.
Versiones que luego se confirmaron: unos 40 funcionarios de alto nivel incrustados en el Ayuntamiento panista por acuerdos entre Mauricio Vila Dosal y Liborio para mantener vigente al vallisoletano. Al irse a Morena, los dejó huérfanos.
El primero en irse fue Carlos Manuel Carrillo Paredes, el “Chelito”, titular de Participación y Atención Ciudadana, que desde el miércoles retiró sus pertenencias personales de la oficina. Le siguen otros nombres en la misma ruta.
Cecilia Patrón Laviada lo resumió el lunes en su mañanera: “el actuar político responde a un tema de convicciones personales”. Y anunció ajustes en su gobierno, afirmando que, dichos movimientos, buscan mejorar el desempeño administrativo y entregar mejores resultados a la ciudadana.
Tiene razón. El Ayuntamiento panista cohabitaba con el enemigo. Los encargos son encargos. Sin lealtad no hay eficiencia y sin eficiencia no hay servicio para los meridanos. La alcaldesa está en su derecho de depurar.
Esperemos que, a diferencia de la película, el final no sea trágico sino benéfico para todos.
Y para cerrar con elegancia: hay que agradecer al “Amigo Libo” su clase magistral de coherencia retroactiva. Descubrir en 2026 que era obradorista desde 2006 es un acto de iluminación tardía pero muy oportuna (apenas 20 años después), justo cuando las llaves de la ciudad estarán en juego.
Y qué distinción la de sus alfiles, que prefieren hacer mudanza nocturna antes que rendir cuentas diurnas.
Al menos, Mérida, por fin, dormirá sin compañía incómoda.
Lo dejo de tarea.— Mérida, Yucatán
Profesor
