En el presente mes de octubre se cumplen ciento cincuenta años del génesis de la imagen sagrada de Nuestra Señora de Yucatán, de gran veneración en la catedral de la Arquidiócesis. Por tan fausto aniversario para los católicos de nuestra comunidad, considero oportuno señalar pormenores de esta efigie y de su culto.

Esta devoción mariana tuvo su origen en el desaparecido templo de Jesús María en esta capital. En 1859 ya existía una Sociedad de esa advocación en el mismo recinto, cuyo patrón lo era una imagen llamada la Cruz del Nazareno; aunque dicha asociación perduró algunas décadas más en actividades benéficas, al parecer no sucedió lo mismo con la devoción cristocéntrica. El capellán de aquella parroquia en 1874 era Crescencio Carrillo y Ancona, quien para entonces coordinó varias mejoras en el inmueble. Al año siguiente se sabe que en dicho templo existía la Archicofradía de la Inmaculada Concepción con los Hermanos del Escapulario Azul y la Sociedad Católica, que dedicaban el día 8 de cada mes a su patrona del mismo título, cuya sagrada estatua, seguramente de cedro, estaba sobre un globo azul; el director de la Archicofradía, el mismo cura de la parroquia, señaló que la imagen perteneció en sus orígenes al Convento Grande de los Franciscanos, pasando luego de su extinción a la iglesia de San Juan de Dios, y un tiempo más en la ermita de San Juan Bautista.

Ante la gran devoción mariana que existía en Yucatán, el presbítero izamaleño consideró promover un nuevo culto que las “agrupara” en Mérida, bajo la advocación de Nuestra Señora de Yucatán, con la anuencia del obispo Leandro Rodríguez de la Gala. Para tal empresa requería una imagen moderna, con los atributos necesarios para ser motivo de arraigo y piedad a la vez. En 1876 Carrillo y Ancona confió obtener aquel propósito encomendando la escultura del templo a su cargo a Gumersindo Sandoval Ponce, reconocido imaginario yucateco con amplia experiencia en la estatuaria religiosa y en “retoques” de imágenes patronales; para entonces ya había “renovado” la Virgen de Tetiz en 1872, y años más tarde hizo lo propio en las efigies de la Inmaculada Concepción de Izamal y en la de Santiago Apóstol en esta ciudad. El maestro Sandoval, seguramente autodidacta, siguió los preceptos del futuro obispo: realizó en la reliquia colonial “una verdadera obra nueva”, y aunque se señaló que conservó “su carácter de venerable antigüedad”, es debatible este concepto porque se impusieron nuevos rasgos y detalles que incluyeron “reconstruir, mejorar y adornar” la escultura. La obra nos muestra el rostro de una adolescente con expresión de dulzura y bondad, con ojos de vidrio cafés, tallado fino y depurado acabado de encarnado, así como adecuada técnica de aplicación de pintura. Seguramente fueron novedosas las integraciones del Cristo crucificado de bronce y en miniatura en el corazón y el pergamino bíblico con el himno Magníficat en el área que ocupa el órgano del pensamiento, así como los angelitos, querubines, el manto, el gran sol resplandeciente en la espalda de la escultura, como símbolo de supremacía divina, y la representación de la península yucateca en el antes globo azul, evocando la devoción mariana en esta región mexicana.

El 30 de octubre de 1876 el obispo autorizó la advocación de Nuestra Señora de Yucatán, y estableció el 8 de noviembre siguiente para la bendición solemne de la imagen en el templo de Jesús María, como su santuario. Ante gran asistencia de fieles se realizó el ritual sagrado, siendo padrinos, entre otras personalidades, los señores Mariano Brito, el notario José Ceferino Aguilar, Felipe Ibarra Ortoll, Andrés Sáenz de Santa María y Alfredo Peón Contreras. En esa ocasión se imprimieron estampas de la imagen en la Fotografía de Espinosa, se ofrecieron en algunos locales en tres presentaciones: en formato “tarjeta de visita”, en tamaños más pequeños para escapularios y, por último, para relicarios y prendedores. Se podían adquirir ya sea sin iluminar, a dos, uno y medio real, respectivamente, o coloridos en el estudio de Espinosa, a 4 reales las tarjetas y a 2 las pequeñas.

Los novenarios y festejos mensuales seguramente continuaron en los siguientes años hasta 1914, siendo por supuesto, como hoy en día, el 8 de noviembre la fiesta patronal; también destacaron en el santuario las celebraciones del 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción en la advocación de Nuestra Señora de Yucatán. La imagen debió conservarse en su iglesia hasta septiembre de 1915, cuando habría de ser retirada ante el temor de ser destruida, como sucedió ese mes con varias efigies de la catedral (entre ellos el Cristo de las Ampollas), al ser ocupado este templo durante el gobierno del Gral. Salvador Alvarado. En diciembre siguiente el santuario de Nuestra Señora de Yucatán fue incautado, convirtiendo luego el inmueble en templo masón con líneas neomayas, y demolido finalmente hacia 1949. Devuelta la imagen a la Iglesia, se dispuso su veneración en la catedral, propio, por supuesto a su advocación mariana de Yucatán. La escultura, luego de recorrer en procesión prácticamente toda la Diócesis, fue restaurada por la Lic. Luz María Cáceres Acereto y coronada como Reina de la Catedral el 27 de noviembre de 1998 en el estadio Kukulcán, para reforzar su veneración y festejar el cuarto centenario del principal templo de la Arquidiócesis. La corona, de plata dorada con perlas y varios detalles, la elaboró el orfebre yucateco Máximo Pech Chim, es de los pocos distintivos agregados a la obra hermoseada por Gumersindo Sandoval.— Mérida, Yucatán

Maestro en Historia por el Ciesas

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