Fernando Frías gana en Morelia máximo galardón
MORELIA (Notimex, AP, EFE y El Universal).— “¡Que viva la cumbia! Este triunfo es para los terkos”, expresó el director Fernando Frías de la Parra tras ganar el Ojo al Mejor Largometraje Mexicano y el Premio del Público por “Ya no estoy aquí”, en la décimo séptima edición del Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM).
El filme es un retrato de la violencia y discriminación que se vive en México, pero también abunda la identidad y el tema de la migración a través de una joven pandilla de las montañas de Monterrey, Nuevo León, que se hace llamar Los Terkos.
Fernando Frías dijo que el filme integró la cumbia rebajada a fin de que sea una especie de metáfora, una analogía entre lo corto que puede ser la vida de juventud en un lugar donde se carece de oportunidades y no hay movilidad social.
“Es un poco como un rompecabezas del que no tienes la foto de lo que vas a armar y se va construyendo poco a poco. Al final descubres que era un agujero y, para ello, la música es una columna vertebral”, indicó.
Con las actuaciones de Juan Daniel García Treviño, Coral Puente, Leo Zapata, Jonathan Espinoza, Adriana Arbelaez y Angelina Chen, entre otros, el realizador buscó retratar el movimiento de la cultura “Kolombia“, conformada por jóvenes aficionados a la cumbia. Ellos usan patillas, cabello largo, desteñido y pegado al cráneo gracias al uso de gel.
“Todos ellos tuvieron apertura para compartir la autenticidad de sus vidas. De alguna manera estaban relacionados con la cumbia, unos más otros menos”, comentó el director que suma en su carrera los títulos “Rezeta” (2012) y “La virgen de asfalto” (2006).
Jonathan Espinoza, quien interpreta a “Jeremy” y en la vida real forma parte del movimiento, aclaró que ellos no fingen y que son honestos; no obstante, la gente los ve como si fueran diferentes y les llama nacos.
“Me da gusto que Fernando haya hecho esto para que la gente vea cómo somos. No sólo es la vestimenta, es un sentimiento bonito. No somos nacos, abajo de una ropa hay una persona”, destacó.
Con su doble triunfo en el Festival Internacional de Cine de Morelia, Frías recordó que llegó al certamen pensando que era el final del viaje desde que inició el rodaje de la película.
“Pero gracias al público de este festival que está dedicado a la gente, me di cuenta de que esto es más bien el inicio del viaje de la película. Hoy vemos que sí se puede reconciliar la crítica sofisticada con el público y la clave para esto es contar historias humanas y con honestidad”, declaró.
Si se entiende eso, dijo, “lograremos que sobreviva la cultura, el cine y el apoyo para ambos”. Mencionó que se necesita al público más que a los jurados, por lo que se requiere crear historias que conecten y hacerlas con el corazón.
“Hay que hacerlas no con la intención de llegar súper lejos, sino con la intención de respetar nuestra forma de ver porque el cine más allá de contar historias, también es una oportunidad de demostrar formas de ver. Estos premios se los dedico a los terkos”, resaltó antes de correr a buscar su pasaporte y su chamarra que, ante la emoción por su triunfo, dejó encargados y no supo con quién.
Por otra parte, Rosalie Varda, quien además de ser una directora mundialmente reconocida, es una directora que a través de sus personajes y dinámicas es pionera del feminismo en el cine.
“Es interesante que en 1976 en su película ‘Una canta y la otra no’, decidió tener un equipo técnico la mitad de mujeres”, dijo Varda en una charla reciente con periodistas en el Festival Internacional de Cine de Morelia, donde se dedicó un programa especial a su madre, fallecida en mayo de este año.
“O sea que era posible en el 76. Ella tenía esta idea de que no había un oficio imposible para las mujeres, fuera quizá, de cosas que requirieran una fuerza física que algunas de ellas no tienen”, agrega durante la entrevista.
Estuvo de acuerdo con la noción de que una carrera en el cine es difícil, pero también con que ser mujer no debe ser un impedimento. “Hay que ir hacia la excelencia”, señaló.
Consideró que el cine de su madre es uno que plantea interrogantes que ponen al frente a las mujeres, como “Cléo de 5 à 7” (“Cleo de 5 a 7”), sobre una joven cantante bella e hipocondriaca con miedo a morir, o “L’une chante l’autre pas” (“Una canta, la otra no”), sobre dos mujeres enfrentadas a un aborto, con el movimiento feminista de los 70 como telón de fondo.
“Para mí su cine no es un cine militante”, dijo Varda, “es un cine que plantea preguntas sobre la sociedad, hasta el final”, agregó.
Rosalie comenzó su carrera como diseñadora de vestuario y se convirtió más tarde en productora, algo que no era un imposible para ella pese a que no sabía.
“¿Pero por qué privarse de hacer las cosas? Además, tenía a lado mío a una mujer que se llamaba Agnès que había producido ella misma muchas de sus películas. O sea que tenía una buena maestra”, dijo, al tiempo que destacó “la mirada” como de las más grandes enseñanzas de su madre: “mirar a los demás, mirar la vida”.
Durante el festival presentó la cinta de su madre “Sans toit ni loi” (“Sin techo ni ley”) de 1985 y contó cómo fue el momento en que se enteró que había ganado el León de Oro, el máximo premio del Festival de Cine de Venecia, por esta película.
“Yo estaba en París y no había celulares, no había internet y me llamaron a París diciéndome ‘¡no sabemos dónde está Agnès Varda!”, contó. La directora tenía que estar ese mismo día en Venecia para recoger el premio, pero Rosalie no hallaba la manera de avisarle, hasta que recordó que Agnès le había comentado que había comido en un restaurante de la ciudad. Buscó el teléfono del restaurante, llamó y para su sorpresa le dijeron que la habían visto y que tenían un amigo que la conocía. “Nos reencontramos en el hotel Excelsior y ahí nos bebimos un Bellini. Fue un momento formidable de felicidad”, contó orgullosa la hija.
La cinta cuenta la historia de Mona, una joven vagabunda que aparece muerta de frío en el campo, cuyos últimos momentos son reconstruidos a través de testimonios de gente que va encontrando en su camino. Mona abandona todo por su libertad, a pesar del hambre y el rechazo.
“Pero esta libertad era también una especie de cárcel en la que estaba sola”, dijo Varda, para quien la mezcla de actores y no actores en el elenco refuerza su veracidad. “El agricultor, el campesino, el obrero, están ahí en su verdadera vida, no están actuando”.
Dijo que el argumento surgió de la propia experiencia de su madre, quien llegó a subir a una joven indigente a su auto para darle un “ride”. En cuanto al diseño de vestuario para la protagonista, Sandrine Bonnaire, la idea era que resistiera y evoluciona con su viaje, poniendo especial atención a sus botas, que comienzan a caer como se va perdiendo su vida.
Bonnarie, dijo, no se lavó el pelo ni las manos para lograr su actuación.
En el caso del cineasta estadounidense de 91 años James Ivory, quien estuvo de visita en el Festival, afirma enforcarse en el presente.
El director, productor y guionista que en 2017 se convirtió en el cineasta de mayor edad en recibir un Premio de la Academia por el guion adaptado de “Call Me By Your Name” (“Llámame por tu nombre”), contó que “estaba encantado” de haberlo recibido tras 60 años de trayectoria y 30 filmes dirigidos —incluyendo las nominadas “A Room with a View” (“Un romance indiscreto”), “Howards End” (“Regreso a Howards End”) y “The Remains of the Day” (“Lo que queda del día”)— pero que eso era pasado.
Ahora está enfocado en su siguiente paso, una adaptación para televisión de la novela contemporánea francesa “En finir avec Eddy Bellegueule” (“Para acabar con Eddy Bellegueule”) de Édouard Louis, “porque vivo en el presente”, dijo Ivory.
“Mi tiempo ha sido muy largo, pero nunca he querido estar en otra época”, agregó en una charla reciente con periodistas en México. “Aunque he hecho muchas películas que se desarrollan en el pasado, hay historias que apreciamos ahora que son atemporales… historias que se desarrollan en el pasado pero tienen que ver con nosotros y nos podemos sentir identificados”.
En Morelia, Ivory fue galardonado con la medalla de la Filmoteca de la UNAM y presentó “Shakespeare Wallah” de 1965, un drama romántico que se desarrolla en India con una familia de actores británicos. Durante la presentación, Ivory recordó que la vez anterior que había estado en México fue en 1961, cuando visitó la capital y Yucatán, pero justo después de eso le interesó India y se quedó por allá.
“Me tardé tanto en regresar porque pasé muchos años en India”, dijo. “Es bueno que quisieran que viniera a México y hacerme volver”.
En “Shakespeare Wallah” hay una mención a unas hermanas acusadas de asesinar a decenas de mujeres en México. El caso es real y escalofriante. Las hermanas secuestraban, torturaban y asesinaban a las jóvenes que trabajaban en sus prostíbulos. Eran conocidas como las Poquianchis.
“Debió haber salido en el periódico ese mismo día, no estaba en el guion. Lo acabábamos de leer en uno de los periódicos indios escritos en inglés”, contó el realizador.
Resulta imposible hablar de la carrera de Ivory sin mencionar al cineasta indio Ismail Merchant, su socio y pareja sentimental, con quien creó Merchant Ivory Productions. La compañía llegó a realizar cerca de 40 películas, muchas de ellas con guion de la alemana Ruth Prawer Jhabvala, hasta la muerte de Merchant en 2005 a los 68 años.
“Cuando (Ismail) ya no estaba ahí no fue tan sencillo, fue muy difícil. Había varios proyectos que quería hacer y que si hubiera estado vivo los habríamos hecho ya desde hace mucho”, dijo Ivory. “Murió prematuramente”.
Pero la partida de Merchant no hizo que se sintiera diferente respecto a sus posibilidades creativas, dijo, porque “siempre fui libre”.
“Nosotros nunca tuvimos ningún problema porque éramos muy independientes, encontrábamos el dinero de alguna manera, en todo tipo de lugares y hacíamos exactamente lo que queríamos”, agregó. “Nadie dijo nunca que debíamos hacer esto o aquello. En ese sentido era bastante inusual que una compañía de cine independiente fuera así, pero por eso éramos independientes”.
Fiel a su visión sobre el presente y el futuro, Ivory no ve conflicto con el cine y las plataformas digitales.
“Sea como sea que veas las películas es bueno hacerlo, no importa cómo”, dijo.
Los Terkos, de Frías
El filme “Ya no estoy aquí”, ganadora de dos galardones en Morelia, muestra a Los Terkos en su día a día, cómo escuchan cumbia rebajada y asisten a los bailes cercanos. Sin embargo, después de un malentendido con encargados de un punto de venta local, su líder “Ulises”, de 17 años, se ve forzado a migrar a Queens, Nueva York, donde busca adaptarse, pero sin sacrificar su identidad.
