James Franco en el papel del escalador Aron Ralston

Hechos reales y ficticios inspiran en la cuarentena

Así como nos entretiene y advierte con historias de desastres naturales y pandemias, el cine también nos ofrece consuelo con relatos de triunfo sobre la adversidad, sea ésta la desconfianza en los talentos individuales, un entorno de discriminación o una amenaza a la existencia humana.

Este arte encuentra en sucesos reales una fuente de anécdotas para filmes inspiradores, pero también echa mano de la ficción para infundir seguridad en que “después de la tempestad viene la calma”.

Éstos son solamente algunos de ellos:

“Carros de fuego”. La cinta de 1981 de Hugh Hudson se centra en dos de los integrantes del equipo británico de atletismo que participaron en los Juegos Olímpicos de París en 1924: Harold Abrahams y Eric Liddell.

Los éxitos que ambos consiguieron en la cita mundial llegaron después de que superaran desafíos en su vida personal y deportiva. Abrahams, quien era judío, se enfrentó a ideas antisemitas y clasistas en diferentes momentos, como cuando se supo que recibiría entrenamiento profesional para mejorar su desempeño como corredor. En Francia perdió la carrera de 200 metros, pero obtuvo el oro en la de 100.

La familia del escocés Liddell intentó disuadirlo de participar en competencias deportivas por temor de que lo alejaran del trabajo misionero cristiano, como el que hacían sus padres. Aunque se mantuvo firme en sus objetivos deportivos, en París rechazó participar en la eliminatoria de los 100 metros porque se efectuaría en domingo, lo que iba en contra de sus convicciones religiosas. Entonces, Lord Andrew Lindsay le cedió su lugar en la prueba de los 400 metros. No se esperaba que Liddell destacara en ella, pero terminó conquistando la medalla de oro.

“Carros de fuego” se llevó varios Óscares, entre ellos los de mejor película y mejor banda sonora por la composición de Vangelis.

“127 horas”. Con la dirección de Danny Boyle, en 2010 se estrenó el filme en el que James Franco interpreta al escalador Aron Ralston, quien siete años antes había pasado cinco días y medio atrapado del brazo derecho por una roca en los estrechos cañones de Utah.

Ralston no llevaba teléfono celular y no le había dicho a nadie dónde estaría. El filme muestra el repaso que el escalador hace sobre sus amistades, amores y familiares antes de comprender que la única manera de librarse de esa situación era amputarse el brazo con la pequeña navaja que llevaba consigo.

En una entrevista en 2010 con el periodista Patrick Barkham para el diario “The Guardian”, Ralston dijo que la lección de esta experiencia era que “la resiliencia consiste en flexibilidad; no es solamente ejercitar tus fortalezas, sino también ejercitar las que no lo son”.

“Apolo 13”. Con un elenco encabezado por Tom Hanks, Kevin Bacon y Bill Paxton, el director Ron Howard recreó en 1995 la misión número 13 del programa espacial Apolo, que en abril de 1970 debía ser la tercera en descender en la Luna. Fue abortada luego de que estallara uno de los tanques de oxígeno del segmento de servicio, cuando los astronautas James A. Lovell, Fred Haise y Jack Swigert se encontraban a más de 300 mil kilómetros de la Tierra.

Además del oxígeno, el módulo de mando del Apolo 13 perdió agua, propulsores y energía eléctrica. La estrategia de salvación fue mudarse al módulo lunar, a cuyas condiciones los astronautas debieron adaptarse —con ayuda de las indicaciones del Centro de Control en Houston— para los cuatro días del vuelo de regreso a la Tierra: limitar el consumo diario de agua, resistir el frío de tres grados Celsius (perdieron la fuente de calor al apagarse los sistemas eléctricos) y hacer improvisadas adecuaciones para expulsar el dióxido de carbono resultante de su respiración.

Asimismo, astronautas e ingenieros debieron reprogramar la trayectoria de la nave y usar el Sol para verificar que su alineación era la correcta.

En el tramo final de reingreso a la Tierra, Lovell, Haise y Swigert se trasladaron nuevamente al módulo de mando, debido a que el módulo lunar no soportaría la entrada a la atmósfera del planeta. A pesar de todos los temores, el Apolo 13 descendió sin problemas en el Océano Pacífico.

De acuerdo con el relato histórico de la NASA, aunque no alcanzó el objetivo de alunizar, la misión es considerada una “falla exitosa” porque proveyó de conocimientos vitales sobre rescate de la tripulación.

“La vida es bella”. Cuentan que a Steven Spielberg, quien perdió familiares en el Holocausto, le escandalizó la película dirigida y estelarizada en 1997 por Roberto Benigni porque, en su opinión, banalizaba el horror de los campos de concentración del régime nazi en la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, la cinta, ganadora de los Óscares a la mejor película extranjera, actor y banda sonora, permanece como un relato entrañable de amor filial, capaz de ofrecer a la realidad terrible el aspecto de un juego cómico con tal de hacerla más tolerable.

Aunque es una ficción, durante más de 20 años la historia ha mantenido su capacidad para inspirar al público y hacerle confiar en que una actitud positiva aligera el peso de las dificultades.

“Náufrago”. En la película de Robert Zemeckis de 2000, también una ficción, podría encontrarse un paralelismo con el desajuste que la actual pandemia ocasiona en el hecho de que el protagonista (de nuevo Tom Hanks) es forzado a pisar el freno a una vida acelerada, apenas con tiempo disponible para las relaciones personales, y esperar a que en algún momento su suerte cambie.

Igualmente, en que debe acostumbrarse a una existencia solitaria con unas reglas de juego diferentes a las de su vida anterior.

Como final Zemeckis propone que, aunque no se recupere todo lo que se tenía antes, el futuro puede deparar algo bueno si se está abierto a recibirlo.— Valentina Boeta Madera

 

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