Úrsula Corberó le da un beso a Miguel Herrán en un evento del final de la serie “La casa de papel”

MADRID (EFE).— Aunque las caras visibles son las de los actores que dan vida a Tokio, Denver y El Profesor, detrás de “La casa de papel” hay un equipo de profesionales que vieron crecer a la serie y que se sienten parte de su éxito. Ellos también son “La casa de papel”.

“Es una serie coral a todos los niveles, en la que las secuencias están escritas para tener muchos personajes, tienes muchos actores en escena y tener que intervenir con tanta gente es complicado, así que detrás de las cámaras es exactamente igual, tenemos también un equipo enorme”, dice Jorge Calvo, coordinador de dirección de la serie.

A pocas horas de que Netflix emitió los cinco últimos episodios de un proyecto que cambió la ficción española y se convirtió en un éxito mundial, varios miembros del equipo charlaron sobre su experiencia y sobre la dureza de un proyecto que siempre exigió una entrega y un compromiso total, desde el jefe de cada departamento hasta el último ayudante.

“Después de hacer “La casa de papel” yo creo que puedo hacer “Ben-Hur” en dos días. Ha sido una serie muy dura que nos ha puesto a todos a prueba y hemos sido capaces de hacer algo muy grande y bonito, es una experiencia muy potente para todos que nos deja un gran aprendizaje”, cuenta el diseñador Carlos Díaz, jefe del equipo de vestuario.

En cifras

Según datos ofrecidos por la productora Vancouver del creador Álex Pina, para hacer la última temporada, la quinta, fueron contratadas 382 personas para trabajar en dos unidades simultáneas (dos rodajes paralelos en dos escenarios) y 500 más como proveedores externos.

“A nivel elenco la serie era muy coral, pero a nivel de equipo también porque eran equipos muy grandes en los que participó muchísima gente. Aunque los responsables teníamos mucha responsabilidad porque había mucha gente dentro de los departamentos, el trabajo estuvo muy dividido”, explica Eva Martínez Álvarez, responsable de maquillaje de la serie, que dio un salto cuantitativo de la segunda a la tercera temporada (cuando entró Netflix), cuenta.

Desde el departamento de efectos especiales lo confirman. “Hay mucho detrás de todos los departamentos, todos están implicados con la serie y trabajan con mucha pasión y dedicación y eso se acaba notando”, agrega Javi Jal, responsable de efectos especiales.

“Nos hemos juntado muchos locos por nuestro trabajo y la verdad que eso se ve y se nota”.

La parte suya, apunta, es “el adorno”. “Lo importante es el guión, que es lo que arma y hace de guía, si tienes una historia buena que contar, el resto de los departamentos lucen”.

Pero aún así, ellos están sutilmente en todas las escenas. “No hay casi plano en la serie que no tenga un efecto especial, donde no hay goteras hay partículas, humo, miles de cosas. Y esta temporada era de guerra y el reto era hacer algo bélico en un interior. Ningún director nunca se ha atrevido a hacer guerra en interiores, es una cosa novedosa en ficción”, explica Jal.

De un vistazo

El vestuario

También son sutiles las labores de vestuario, que van más allá del icónico mono (traje) rojo. “Hay vida más allá del mono porque la serie está llena de personajes”.

Buen final

Sobre el final de la serie, todos están de acuerdo. “Tenía que llegar, más antes que después”.

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