NUEVA YORK (AP).— En gran medida, la producción moderna de éxitos de taquilla depende del apaciguamiento de los fans para hacer que los gigantes de franquicia avancen suavemente.
Pero al hacer “Thor: Amor y Trueno”, Taika Waititi no estaba interesado en eso. El director abordó la película por el lado contrario. ¿Qué es lo que enojaría a los fans?
“Quería mostrarlo bajo una luz que la mayoría de los fanáticos de Thor realmente no querrían si les preguntaras”, dijo Waititi.
“Si les dijeras: ‘Sí, voy a hacer que Thor se enamore’, probablemente es lo último que querría escuchar un fan de Thor”.
“Thor: Amor y Trueno”, que se estrenó este fin de semana, es la cuarta cinta de Thor de Marvel y la segunda a cargo de Waititi tras el éxito de 2017 “Thor Ragnarok”.
Esa película, un éxito entre los fans y la crítica, reinventó al Dios del Trueno interpretado por Chris Hemsworth y le dio un tono más libre e idiosincrático al héroe más monolítico de Marvel.
Pero si “Ragnarok” era la versión de Waititi de una película de Marvel, “Amor y Trueno” podría ser simplemente una película de Taika Waititi, sin equivocación.
De las 29 películas hasta ahora en el Universo Cinematográfico de Marvel (UCM), ninguna puede ser tan distintivamente obra de su cineasta.
En “Amor y Trueno” hay cosas que generalmente no entran en el UCM, como los niños y el cáncer.
Es caótica, revoltosa y sorprendentemente tiene una escala humana. El valor viril es casi un chiste. Thor ni siquiera es realmente Thor. Su martillo, Mjolnir, ha transformado a la Jane de Natalie Portman en la Poderosa Thor.
Para cuando Waititi casi termina su historia, la mayor batalla de Thor es convencer a una menor de edad de ponerse los zapatos correctos antes de salir de casa.
“Para mí, es bueno darles a los fans algo que no saben que quieren”, dijo Waititi en una entrevista desde Los Ángeles, California.
“Especialmente con ‘Ragnarok’, cuando firmé, muchos fans se asustaron. Decían: ‘¿Quién es este tipo? Va a tomar a nuestro precioso Thor y lo va a arruinar’. Y yo dije: ‘Sí, exactamente. Es mi intención. Y lo haré mejor, sólo que ustedes no lo saben todavía’”.
Cuando Waititi recibió las riendas de “Ragnarok”, el cineasta neozelandés de 46 años era menos conocido para la mayoría de los fans de Marvel, y el primer director indígena a cargo de una gran película de superhéroes.
Fue un salto enorme para Waititi, quien tras pasar años pintando a finales de su veintena, se dedicó a hacer películas cómicas independientes como “Boy” y “Hunt for the Wilderpeople (A la caza de los ñumanos)”, con una seriedad absurda y un tono libre.
Pero desde “Ragnarok”, Waititi emergió como un dinamo para Hollywood, frente y detrás de las cámaras, manejando múltiples taquillazos de estudio y proyectos más alternativos.
Su “Jojo Rabbit”, una historia de la Alemania nazi desde la perspectiva de un niño en la que Waititi interpretó a un Hitler imaginario, recibió seis postulaciones al Óscar en 2020. (Waititi ganó en la categoría de Guión Adaptado).
Tiene en camino otra película para Searchlight Pictures, “Next Goal Wins”, así como dos series de Willy Wonka para Netflix, una película de “Flash Gordon” para 20th Century Studios de Disney, una serie de “Time Bandits” para Apple TV+ y una película de “Star Wars” que espera escribir pronto.
Hollywood le ha dado casi cualquier propiedad intelectual posible a Waititi, dispuesto a que el director la desmantele.
“Me sorprende porque nunca lo quise. Siempre quise hacer cosas más modestas con amigos”, dijo Waititi.
“La idea de trabajar con un estudio nunca me atrajo. Entonces trabajé con Marvel y me di cuenta de que, bueno, hay maneras en las que puedes trabajar con los estudios que no tienen que ser dolorosas”.
“Mi trabajo es llegar y te ner tantas ideas como pueda y no pensar mucho en las consecuencias, y dejar que me mantengan en el carril de Marvel”, agregó Waititi.
“No es mi trabajo ir y ver cada película o leer cada cómic. Estoy seguro de que eso es contrario a lo que mucha gente piensa que un cineasta debería hacer”.
Es un giro algo irónico para un cineasta que, como actor en “Free Guy” del año pasado, parodió la demanda comercial de las secuelas y que alguna vez sintió repulsión ante el pensamiento de pasar meses en postproducción en los Estudios Marvel en Burbank, California.
“Es más la idea de Burbank como un lugar”, aclaró Waititi. “Salir está bien si cierras los ojos e ignoras el hecho de que estás en Burbank y almuerzas comida de Burbank”.
Pero, ¿qué tanto del espíritu anárquico de Waititi pueden soportar las franquicias grandes de Hollywood?
“Ragnarok” recaudó 850 millones de dólares a nivel mundial y “Love and Thunder” tiene expectativas similares.
Su habilidad para conectar con el público masivo, a pesar de sus mejores esfuerzos por subvertir sus aspiraciones, es superada por pocos cineastas actuales.
Sin embargo, algo como “Star Wars” ha sido resistente a cambios de tono cómicos, algo de lo que Waititi es consciente.
“Tiene que sentirse auténtico en mi tono”, dijo sobre la película de “Star Wars” anunciada hace dos años.
“No diría que ninguna de mis películas son solo comedias. Nunca he hecho una comedia total. Nunca he hecho algo que sea puro chiste. Siempre tiene algo que resuena con algún problema humano. Se trata de la familia. Se trata de las (grosería) familias. No creo que la sangre te haga familia en absoluto”.
“Las familias son solo una mezcolanza de personas que de alguna manera gravitan una hacia la otra”, concluye Waititi, quien fue criado por una madre judía, un padre maorí ausente (se separaron cuando Waititi tenía 5 años) y muchos parientes.
