CIUDAD DE MÉXICO (El Universal).— En la mitología griega, el fénix es un ave de larga vida que se regenera de las cenizas de su predecesor, y con ese ser es con el que Alejandra Guzmán se identifica, al considerar que, al igual que este personaje, ella a lo largo de su vida ha tenido que surgir de lo más profundo para ser una mejor versión de ella.

“La vida me ha puesto cosas fuertes a lo largo de todo el tiempo, pero soy una guerrera y aquí me tienen, más fuerte, más sabia y queriendo tomar la vida por los cuernos. Pero hoy me siento en un buen momento y lugar aquí, pero no ha sido sencillo. Pero así me ha tocado y agradezco a la vida todas las pruebas que me ha puesto”, detalló.

Este año, Alejandra cumple 12 años de haber vuelto a nacer, luego de haber estado en riesgo de morir a causa de unas inyecciones de polímeros que le pusieron en los glúteos; se trata de una lucha que ha librado más de una década y que apenas en febrero de este año venció.

“Esto (sus padecimientos) es algo con lo que de alguna manera tendré que vivir siempre, hoy estoy bien, pero nunca es una batalla ganada. Al final es algo que hoy me hace saber que no puedo descuidarme, que debo escucharme y quererme, primero está mi salud y todo lo demás ya vendrá”, dice la hija de Enrique Guzmán.

El dolor que Alejandra Guzmán ha experimentado derivado de los polímeros que se inyectó, señala, es algo que ha sido muy publicitado pero ha sufrido y llorado a solas, pues aunque ha estado rodeada de su familia, sólo ella ha sentido en carne viva lo que todo esto le produjo.

“A veces uno tiene tanto, tanto, dolor que ya no sientes, te vuelves inmune al dolor y creo que eso es lo que a mí me ha pasado. Cuando hablo de ser una mujer fuerte hablo de eso, he pasado por tantas cosas que hoy en día es difícil que algo me tire”, afirma.

Alejandra, quien el próximo viernes ofrecerá un concierto en la Arena Ciudad de México como parte de su “Tuya Tour”, dice que este año es uno de celebración y que por ello está iniciando esta nueva etapa en su carrera y en su vida.

“Ya aprendí a estar en paz conmigo, a quererme, me siento plena y sobre todo aprendí a rodearme de la gente correcta, que me quiere y que aporta a mi vida; las malas compañías quedaron atrás, decidí estar plena y es una decisión que diario me propongo”.

Reconoce que a sus 54 años aprendido a aceptarse, cuidarse y quererse, ya que le gustaría llegar a la edad de su madre, Silvia Pinal, quien tiene 91 años.

La cantante se considera hoy una mujer madura y orientada, pues asegura que la vida le enseñó a ser humilde y a estar abierta a nuevas cosas, y en eso trabaja todos los días.

Terminó giras al lado de Gloria Trevi y de Paulina Rubio, y vuelve a los conciertos en solitario, sabiendo, dice, que pueden llegar nuevas propuestas para compartir el escenario.

“Hoy sé que me faltan muchas por descubrir, soy receptiva. Eso me demuestra que uno siempre está en constante aprendizaje. nunca pensé que a mi edad tendría cosas que aprender”.

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