CANNES (EFE).— “No pienso en Hollywood, no me importa Hollywood, no necesito a Hollywood”. Así de contundente se mostró Johnny Depp en Cannes al ser preguntado por el boicot que estaría viviendo en la industria fílmica de su país.

El actor protagonizó un regreso triunfal a Cannes —aunque él rechaza usar la palabra “regreso”—, como la estrella de la película proyectada en la inauguración del festival, “Jeanne du Barry”, que supone su primera gran aparición pública tras la conclusión del juicio con su exesposa Amber Heard, quien lo acusó de maltrato.

“Cuando te piden que dejes una película —el actor fue retirado de la saga ‘Piratas del Caribe’ en 2018— porque hay un puñado de vocales y consonantes en el aire, te lo preguntas”, admitió Depp al ser cuestionado si Hollywood le había boicoteado.

Pero agregó que él no tenía esa impresión, básicamente porque no piensa en Hollywood y señaló que, aunque el mundo está atravesando una etapa “extraña, curiosa” en la que “todo el mundo quiere ser uno mismo pero nadie lo es”, él se siente realmente “del otro lado”.

“La verdad es la verdad”, afirmó el actor, que recordó que “desde hace cinco o seis años” ha leído muchas informaciones sobre su vida, “ficción contada de forma horrible y fantasiosa”.

Y sobre la campaña lanzada por defensoras de Amber Heard, que piden la clausura del festival por invitar a Depp y “celebrar a los abusadores durante 76 años”, el actor indicó que siempre habrá gente que no esté contenta con su presencia en Cannes o un McDonald’s.

“Ahora se lanzan muchas cosas desde las computadoras de forma anónima. Creo que la gente debería reflexionar un poco y preguntarse de qué se trata realmente”.

Depp no tuvo reparo en contestar a preguntas personales, pese a que al llegar a la rueda de prensa —con 40 minutos de retraso y cuando el equipo de la película ya llevaba 20 hablando— había dicho que su comparecencia ante los medios no era para hablar de sí mismo, sino del proyecto de la francesa Maiwenn, quien dirige y coprotagoniza “Jeanne du Barry”, presentada fuera de competencia. También se refirió a las versiones que hablan de su regreso al mundo del cine con esta película.

“Aparentemente he tenido 17 regresos”, bromeó Depp, quien aseguró que no se ha ido “a ninguna parte”.

“Puede que haya gente que ha dejado de llamarme por diferentes razones, por miedo, pero la palabra regreso no tiene sentido”, reflexionó.

Depp fue la estrella de la rueda de prensa de ayer, como lo fue la noche anterior en la gala de presentación del filme y la alfombra roja que precedió a la proyección.

Fue un baño de multitudes para un actor que fue recibido en Cannes como una estrella pero que en su país tiene una imagen negativa que no consigue remontar, pese a haber ganado el juicio por difamación contra Heard por haberle acusado públicamente de abusos.

Otra de las polémicas de la cinta es el hecho de que Depp encarne al rey Luis XV en lugar de haberlo hecho un actor francés. Al respecto, Maiwenn explicó que propuso el papel a “actores franceses” a los que adora, pero que finalmente decidió ser fiel a su deseo de que fuera Depp el que encarnara al monarca. “Cuando me reuní con él conocía enormemente la historia de Francia”, resaltó la actriz y directora, que mantuvo un primer encuentro con el actor en París, que se prolongó 15 horas en las que casi no hablaron de cine. Para Depp fue una sorpresa que se le ofreciera el papel, pero lo aceptó y trabajó mucho el acento. El actor habla francés ya que estuvo casado con Vanessa Paradis.

Aunque reconoce que Maiwenn “tuvo calor” al pedir a alguien que viene de Kentucky que interpretara a Luis XV.

“Jeanne du Barry” se centra en la historia de amor entre Du Barry y Luis XV pese a que en un primer momento el guión incluía muchas otras relaciones amorosas de la cortesana e incluso su muerte, guillotinada por la Revolución.

El resultado es una clásica película de época que cuenta el idilio entre la cortesana Jeanne du Barry y Luis XV, que duró hasta la muerte del monarca pese a la oposición de la familia real.

Con una buena parte del filme rodado en Versalles y un preciosismo formal, la película es entretenida, bien construida e interesante porque la historia que cuenta lo es. Y la pareja protagonista es convincente en sus papeles, aunque al conjunto le falta fuerza.

Michael Douglas, quien anteanoche recibió la Palma de Oro de honor, rememoró ayer su carrera con el público del Festival de Cannes, en el marco del recordó cómo las escenas sensuales de “Bajos instintos” fueron demasiado “incluso para Francia” y cómo el Óscar le permitió salir de la sombra de su padre.

En un encuentro celebrado en el Palacio de Festivales, un Douglas relajado, satisfecho y vestido de azul marino recalcó parte de lo que había dicho la noche anterior en la gala de apertura, tras recibir una ovación en el Gran Teatro Lumière: que la Palma de Oro de honor le emociona especialmente porque hay muchos festivales, pero ninguno como Cannes.

En 55 años de carrera, Douglas pasó por La Croisette en cinco ocasiones con sus películas, empezando por “El síndrome de China” (1979) y terminando por “Behind the Candelabra” (2013). Otra de esas visitas llegó de la mano de “Bajos instintos”, de la que dijo que las escenas más picantes fueron en cierto sentido demasiado, “incluso para Francia”.

“Ver esas escenas en el gran palacio, en una pantalla enorme… fue un poco abrumador para mucha gente. Tuvimos una cena muy silenciosa después, todo el mundo estaba como digiriéndolo”.

Sobre la importancia de Cannes en su vida, explicó que su padre Kirk Douglas conoció a Anne Buydens, madrastra de Mihael, en esa ciudad de la Costa Azul. “Además, las fiestas son bastante buenas”, bromeó el actor de 78 años, motivando la carcajada del público.

No fue fácil para él seguir los prácticamente inalcanzables pasos de su padre en el mundo de la interpretación y, pese a haber logrado convertirse por méritos propios en uno de los nombres con mayúsculas de Hollywood, reconoció que le cuesta creer en sí mismo.

De hecho, no fue sino cuando obtuvo el Óscar por su papel como Gordon Gekko en “Wall Street”, dirigida por Oliver Stone, cuando empezó a sentir que salía de debajo de la sombra de su padre.

“Hasta entonces sientes las comparaciones con tu padre, buenas o malas”.

Las nuevas generaciones no le conocen por “Bajos instintos” ni por “Atracción fatal”, admitió Douglas, sino por su ingreso al Universo Marvel en la saga de “Ant-Man”.

“Pensé: ¿qué no he hecho? Efectos especiales”, dijo.

Rodar ante la pantalla verde, antes de añadir los efectos especiales, es más difícil de lo que parece y que con ello ha adquirido un nuevo respeto por los actores que lo hacen habitualmente.

“Te sientes como un completo idiota y luego lo ves y dices ¡guau es fantástico!”, exclamó.

Su más reciente proyecto también supone algo que nunca había hecho: una película de época.

Se trata de “Franklin”, miniserie de Apple que lo llevó a rodar a Francia para meterse en la piel del padre fundador estadounidense.

En el encuentro con los asistentes al Festival de Cannes, también hubo tiempo para contar anécdotas de rodajes con Danny DeVito, Sharon Stone y Oliver Stone.

A este último, por ejemplo, no le gustaba nada la primera aproximación de Douglas al personaje de Gordon Gekko, porque necesitaba más maldad, y no dudó en transmitírselo. Fue esa decepción la que acabaría impulsando una de las actuaciones más importantes de su carrera.

Igualmente se refirió a la huelga de guionistas en Estados Unidos, un tema que espera que se resuelva pronto, ya que los escritores tienen una reivindicación legítima por haber estado cobrando sueldos mínimos.

En un apartado más actual y tecnológico, habló incluso de los retos de la inteligencia artificial, algo que le preocupa.

“Lo mismo pasó con redes sociales, empezamos a crear leyes muchos años después de que naciera el monstruo (…) A menos que creemos algunas restricciones, que va a ser un gran problema”, opinó.

No le parece tan mal, sin embargo, la idea de poder hablar con un holograma de sí mismo 30 años más joven en su iPad. ¿Y qué le diría a su yo del pasado?

“Tómate tu tiempo”, respondió sin vacilar.

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