La intérprete de “Cariñito” se presentó anteayer en el Auditorio La Isla como parte de “Dos corazones”
La intérprete de “Cariñito” se presentó anteayer en el Auditorio La Isla como parte de “Dos corazones”

“Solita, solita me veo más bonita; solita, solita, pero no calladita”. Mientras en las calles del centro de Mérida y Paseo de Montejo miles de mujeres protestaron por la violencia de género, otras celebraron el 8 de marzo de una manera diferente. Cantando.

Son las ocho y media de la noche y Lila Downs, que hace al menos cinco años no venía a Yucatán, sale al escenario del Auditorio La Isla Mérida con un hermoso terno estilizado. Envuelta en flores y sentimiento canta “Dignificada”: “Soy una mujer que llora, soy una mujer que habla, soy una mujer que da la vida, soy una mujer que golpea, soy una mujer espíritu, soy una mujer que grita”, dice la letra. El público, hombres y mujeres, se pone de pie, levantan las manos en señal de lucha.

Lila dedica la canción a “las mujeres guerreras en su día” y mientras rasca el güiro anuncia el siguiente tema, compuesto por dos mujeres, Esmeralda Cantoral y Marcela de la Garza: “Conjuro”. “¡Bravo Lila!”, grita alguien dentro del público.

La mayoría de los temas son del disco “La Sánchez” que promociona la artista oaxaqueña en su reciente gira “Dos corazones”.

Con un amplio catálogo, su producción musical consta de más de 15 producciones en una carrera de casi tres décadas. “La Sánchez” rinde homenaje a la mujer y a la rica diversidad musical que tiene México para ofrecer, como rancheras, cumbia, norteña y corridos.

Además de ocho músicos, acompaña a Lila el Ballet Folclórico de Mérida, que con estampas de diferentes estados de México alegra y completa la mexicanísima escenografía cubierta de nopales, mole, sombreros, fuego, mezcal…

Se escucha la letra de “Tortolita”, un alegre son de Guerrero que pone a todos a bailar. Aplausos para el solo de violín de Ulises Martínez, que con sus notas nos transporta a la llamada Tierra Caliente.

En contraste, y para equilibrar el tono del concierto, el siguiente tema, “Urge”, de Martín Urieta Solano. “Urge una persona que me arrulle entre sus brazos, a quién contarle de mis triunfos y fracasos, que me consuele y que me quite de sufrir”. Lila se ciñe un sombrero y anuncia que en Oaxaca también cantan norteño. Y anuncia el siguiente tema, de Miguel Luna: “Dos corazones”.

Temas de lucha, de tradiciones y nostalgia por la tierra y los amores perdidos, por los muertos, todo se conjuga en cada canción que entona Lila Downs.

Y se conjuga también ella en medio, rodeada de músicos y bailarines, de seis pantallas verticales, tres de cada lado y una horizontal al centro del escenario, que arroja sus luces de colores por todas partes, como en un gran mural mexicano con sonido y movimiento. Vuelan los sarapes, los sombreros, retumba el zapateado y se rizan las faldas en el aire. Lila despliega su extenso registro vocal, como el acordeón que sube y baja corridos y quiere morir cantando.

Aparece José Alfredo

Sigue un tema de Héctor Rubén Mena Escudero, José Héctor Portilla Rodríguez y Oliver García Cerón, “Ni maíz”. Pero lo mejor viene cuando anuncia un tema de José Alfredo Jiménez, “El último trago”, y la gente se pone de pie.

Las pieles se erizan, el aire se enciende desde alguna vieja cantina, amarga como el desencanto. De memoria se saben todos la letra de esa canción que sabe a tequila y a despecho: “Esta noche no voy a rogarte, esta noche te vas de a deveras, qué difícil tener que dejarte, sin que sienta que ya no me quieres. Nada me han enseñado los años, siempre caigo en los mismos errores, otra vez a brindar con extraños, y a llorar por los mismos dolores”.

Y llega la otra cara de la moneda. Ahora es la mujer la que canta, pero a diferencia de José Alfredo, sin esa pena que mata.

“Solita”, de Lenín Ramírez y Luis R. Conríquez, habla de esas mujeres que han superado amores, que ahora se empoderan y gritan bien seguras de sí mismas: “Solita, solita, me veo más bonita; solita, solita, pero no calladita”. Siguen éxitos como “Zapata se queda” y “La cumbia del mole”, mientras Lila y el violinista se echan dos o tres bombas con acento yucateco. El público no para de bailar, desde el hombre con vaso de cerveza en alto hasta la octogenaria de blanca cabellera apoyada en el barandal para no caerse.

“Cariñito”, un tema de los años setenta de Los Hijos del Sol que se grabó con la voz de Edson Bordaes y en la guitarra a José Luis Carvallo, demostró por qué su popularidad ha sido permanente a través de los años. Lila lo cantó acompañada de su hija Vanessa, que anunció como invitada especial.

“Ay, cariño; ay, mi vida. Nunca, pero nunca me abandones, cariñito nunca, pero nunca me abandones, cariñito”.

La súplica, amorosa y alegre, antecede a un tema compuesto por el fallecido esposo de Lila, Paul Cohen, un bolero cuya letra dice: “Yo soy libre como el mar cuando me tocas tú”.

“Mezcalito”, de su disco “Pecados y milagros”, es el último tema de la noche, animado por dos parejas de jaraneros que bailan coronados por charolas y flores. Los últimos tres temas son un encore de la cantante, a quien el público pedía más y más. Y con las “gotitas” de alegría aún flotando en el aire, Lila se despide, eso sí, con un buen trago de pechuga de maguey.— PATRICIA GARMA

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