Anouk Aimée saluda al público a su llegada al Festival Internacional de Cine de Cannes, en mayo de 2006
Anouk Aimée saluda al público a su llegada al Festival Internacional de Cine de Cannes, en mayo de 2006

PARÍS (EFE).— En la historia del cine hay varios nombres inolvidables. Anouk Aimée llevó dos de ellos: Magdalena y Lola. La actriz, fallecida ayer a los 92 años, encarnó durante más de setenta años de carrera algunas de las mujeres más mitificadas del séptimo arte y supo mantener toda su vida los pies en la tierra.

Magdalena en “La Dolce Vita”, Lola, protagonista de la película más poética de Jacques Demy y Anne Gauthier en uno de los romances más célebres del siglo XX, “Un hombre y una mujer”, de Claude Lelouch, título icónico que rindió homenaje recientemente un anuncio de Chanel protagonizado por Penélope Cruz y Brad Pitt-.

Tan sólo esas tres películas bastarían para justificar una trayectoria que empezó en 1947, cuando la pequeña Nicole Françoise Dreyfus, de 14 años, se estrenó en “La maison sous la mer”, de Henri Calef, con el nombre ficticio de Anouk.

Como las primeras grandes damas del cine francés, como Arletty, pensó que podría conservar Anouk como nombre artístico, pero el guionista y poeta Jacques Prévert le recomendó completarlo.

“No vas a seguir llamándote Anouk cuando tengas 40 años, me dijo. Aquello me parecía tan lejano que ni lo pensé, y él encontró Aimée. Me sentí tan halagada…”, reconocía la estrella francesa en 2014, cuando le concedieron un César honorífico.

Hija de una pareja de actores, él católico, ella judía, Aimée, nacida en París, fue enviada al sudoeste de Francia durante su niñez para escapar a las redadas de la policía en busca de judíos y más tarde fue internada en Morzine, en la frontera con Suiza, donde compartió pensión con el futuro cineasta Roger Vadim. Tras trabajar con Calef, rodó con Marcel Carné el frustrado proyecto “La fleur de l’âge”, donde conoció a Prévert, y actuó también en “Les amants de Vérone (Los Amantes de Verona)”, de André Cayatte, y en “Mademoiselle”, junto a Jeanne Moreau.

Pero fue Magdalena, en “La Dolce Vita” y más adelante “Ocho y medio”, ambas de Fellini y con Marcello Mastroianni en el rol principal, las que dieron un giro internacional a su carrera.

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