CANNES (EFE).— La alemana “Sound of Falling”, el primer título de la lista de 22 filmes en competencia en la edición 78 del Festival de Cine de Cannes, entró directamente a las quinielas por la Palma de Oro con su retrato fantasmagórico del trauma generacional.
Tras el estreno de gala de la cinta, que es tan solo el segundo largometraje de Mascha Schilinski (Berlín, 1984), la crítica internacional la bañó de elogios y medios especializados como “Vulture” se preguntaron incluso si ya se había proyectado la mejor del certamen.
En ella se entrelazan las historias de cuatro mujeres, en cuatro períodos temporales distintos desde comienzo del siglo XX y que habitan la misma granja de la región de Altmark.
“Se nos ocurrió la idea del trauma que pasa de una generación a la otra. Ya no tenemos acceso a estos traumas, pero siguen ahí porque a menudo es en el cuerpo donde se notan”, explicó Schilinski durante la rueda de prensa que ofreció junto al elenco de la película.
La inspiración apareció, para ella y para su coguionista Louise Peter, durante un viaje precisamente por Altmark. Allí experimentaron la sensación de que el tiempo estaba detenido y que nada había cambiado realmente durante décadas.
