A tres décadas de dar forma, junto a Rubén Albarrán, Joselo y Quique Rangel, al universo musical de Café Tacuba, Emmanuel del Real —Meme para todos— se encuentra en un momento distinto, más introspectivo y personal, pero igual de inquieto creativamente.
Tras años de darle su voz, su piano y su imaginación a una de las bandas más influyentes de Latinoamérica, hoy el músico se da el tiempo y el espacio para hablar de sí mismo a través de nuevo proyecto solista.
En este momento es un hombre que decide hablar con sus propias palabras, en sus propios acordes.
En entrevista íntima con Diario de Yucatán, Meme confesó que esta etapa llega como una necesidad natural de “poner en orden” una colección de canciones que han ido apareciendo en distintas etapas de su vida, algunas escritas hace más de diez años y otras que nacieron en el silencio reciente. “Son piezas que no necesariamente encontraban su lugar en Café Tacuba, pero que me siguen diciendo cosas y que siento que ahora pueden hablarle a la gente”, compartió, con la calma de quien ha aprendido que las prisas no siempre son buenas consejeras.
“Estas canciones han estado conmigo mucho tiempo”, dice, con tono reflexivo, como si todavía midiera cada frase. “Ahora sí, ahora quieren salir, y yo quiero dejarlas”. El proyecto, del que ya se conocen adelantos como “Princesa” y “Tumbos”, muestra a un Emmanuel más desnudo musicalmente, sin los ropajes experimentales ni la energía colectiva de la banda, pero con una sensibilidad igual de punzante. Los arreglos son íntimos, a veces minimalistas, y las letras exploran el paso del tiempo, la memoria, la vulnerabilidad y la gratitud.
“No es un disco para competir con nada. Es un diálogo conmigo mismo y con quien quiera escucharlo”.
En la charla, Emmanuel reconoce que este paso es para aprovechar el tiempo que la banda está en receso. “Es como salir a caminar solo para después regresar a casa con otra mirada. Los Tacubos saben que esto es algo que necesitaba hacer”, comenta. Y esa casa, la banda, sigue viva: conciertos, giras, proyectos conjuntos. Pero ahora el músico se permite explorar un mapa personal, firmado en tinta más íntima.
La pandemia, confiesa, tuvo un papel inesperado. “Ese tiempo nos obligó a vernos en un espejo distinto. En el silencio aparecieron estas canciones, como si siempre hubieran estado esperando ahí”. Las letras hablan de memoria, gratitud, vulnerabilidad, de ese paso del tiempo que a veces duele y otras reconcilia. Tras el aislamiento, Meme continuó en familia, disfrutando de seguir la vida.
Generacional
Meme no lo dice con grandilocuencia, pero hay algo generacional en este nuevo capítulo: sus seguidores de siempre crecieron junto a él y ahora lo escuchan cantar sobre cambios y despedidas, sobre quedarse y volver. “Me interesa que estas canciones sirvan para acompañar”, dice, antes de tomar un sorbo de café. “A veces uno necesita saber que no está solo en lo que siente”.
Y así, en esta etapa más serena pero igual de creativa, Emmanuel del Real sigue escribiendo —quizá sin proponérselo— la banda sonora de quienes alguna vez lo escucharon desde un cuarto adolescente y hoy lo escuchan, otra vez, desde un lugar más maduro pero con la misma necesidad de música.
Con su característico equilibrio entre melancolía y esperanza, Emmanuel del Real abre un capítulo que, sin buscarlo, también es tratado sobre cambios, pérdidas y nuevas formas de estar presente. Antes de despedirse, Meme quiere dejar un mensaje especial a la audiencia yucateca, a la que guarda cariño por las múltiples veces que ha pisado Mérida con Café Tacuba.
“Siempre que venimos sentimos algo muy cálido, muy auténtico. Sé que aquí hay un público que escucha con atención y eso se agradece. Ojalá estas canciones también encuentren un lugar en sus días, como un abrazo musical que llega sin avisar”, expresa, con la certeza de quien conoce bien la complicidad del público de la Península.
Emmanuel del Real ofrecerá en Mérida un concierto de acceso gratuito, el próximo sábado 23, a las 8 de la noche, en el Teatro Armando Manzanero. La apertura local estará a cargo de Val Hozu.— DARINKA RUIZ MORIMOTO
