Con cuatro episodios “Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero” revela al ser humano que era Alberto Aguilera
Con cuatro episodios “Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero” revela al ser humano que era Alberto Aguilera

Aunque la vida de Juan Gabriel ha sido contada infinidad de veces, pocas producciones se habían acercado tanto a su esencia como lo hace la nueva miniserie documental de Netflix “Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero”, que se estrenará este jueves 30. Dirigida por María José Cuevas y producida por Laura Woldenberg e Ivonne Gutiérrez, la serie muestra no sólo al ídolo de la música mexicana, sino también al hombre detrás del mito: Alberto Aguilera.

Durante una rueda de prensa virtual con varios medios —entre ellos Diario de Yucatán—, el equipo creativo de la producción compartió cómo fue el proceso de dar vida a un proyecto que combina emoción, memoria y un archivo audiovisual inédito del Divo de Juárez.

Cuevas explicó que el haber tenido acceso a este material fue una guía fundamental. “Tuvimos acceso a una joya de archivo que él mismo registró desde los años setenta hasta 2016, cuando falleció. Teníamos una línea del tiempo con los momentos más importantes de su vida, pero el alma y el corazón de las cosas estaban en el archivo. Era el narrador principal, el que nos develaba tanto a Juan Gabriel como a Alberto Aguilera”, compartió. “Nos sentíamos como espías, como voyeristas viendo este material”, añadió entre risas.

Para las productoras, este proyecto fue un sueño largamente esperado. Desde hace años querían contar la historia del artista y finalmente pudieron concretarlo a inicios de 2023, cuando presentaron la propuesta a la familia. “Queríamos preservar su legado y permitir que nuevas generaciones se enamoraran del artista, pero también mostrar a la persona detrás del ídolo. Alberto Aguilera fue un hombre muy privado, y sus canciones reflejan su vida. Cuando explicamos esto a la familia, se generó un lazo de confianza y poco a poco nos abrieron las puertas de las bodegas donde guardaban todo este material, que resultó ser una mina de oro”, recordaron.

Una gran mina de oro

El archivo, sin duda, es el corazón de esta producción. Las realizadoras revelaron que recibieron más de dos mil cintas, equivalentes a casi mil horas de grabación, además de 200 terabytes en formato digital, más de 30 mil fotografías, libretas, casetes y medio millón de archivos de audio. “Fue una montaña de materiales”, detallaron.

El proceso de inventario y visionado tomó siete meses, y la edición se extendió por más de 21 meses.

“Era imposible incluirlo todo, pero creemos que lo que quedó en la serie es lo más valioso para contar la vida y obra de Alberto Aguilera y de Juan Gabriel”.

Aunque la familia del artista fue pieza importante para abrir el archivo, las productoras aclararon que el proyecto creativo se respetó en todo momento. “Desde el inicio se acordó la historia que queríamos contar, y eso se mantuvo intacto. Tuvimos la libertad de navegar el archivo y dejar que brillara con el ojo de María José”.

Además de las imágenes inéditas, el documental incluye alrededor de 30 entrevistas con personas cercanas al cantante. “Definitivamente Ciudad Juárez es medular en su historia. Grabamos ahí y también en Estados Unidos, Acapulco y Ciudad de México. Buscamos que quienes hablaran también estuvieran presentes en los archivos, que fueran parte de esa historia visual de Alberto y de Juan Gabriel”, comentaron.

Lo que comenzó como un largometraje de 90 minutos terminó convirtiéndose en una serie de cuatro capítulos. “Cuando vimos todo el material, entendimos que era imposible reducirlo. Llegamos a tener un corte de cinco horas. La serie tiene un arco cronológico que muestra todo el viaje del personaje. Termina donde debe terminar”, contaron las creadoras, que invitaron al público a ver la serie completa.

Sobre los aspectos más íntimos que aborda la miniserie, explicaron que el propio Juan Gabriel dejó registradas muchas de esas escenas personales. “Los temas más privados son los que él mismo grabó con su cámara casera. Lo abordamos con absoluto respeto. Como él decía: ‘De lo que se ve no se pregunta’”, compartieron.

Para las creadoras, este trabajo representa un parteaguas. “Recibir una cantidad de archivo personal de un artista tan icónico fue una responsabilidad enorme. Hacer un proyecto cien por ciento de archivo era un riesgo, pero apostamos por él y acertamos. Todo el equipo puso el corazón, y sentimos que llegó en el momento correcto, con la gente correcta”.

La familia, dijeron, confió plenamente en el proyecto y no intervino en el proceso creativo. “Nos dieron acceso sin conocer el contenido del material. Creyeron en nuestra visión y nos dejaron contar la historia como la imaginamos”.

Al preguntarles por los descubrimientos más sorprendentes que hicieron al explorar el archivo, las realizadoras coincidieron en que esta serie ofrece una nueva perspectiva del ser humano detrás del ídolo.

“Todos conocemos a Juan Gabriel, pero muy pocos conocían a Alberto Aguilera. Era muy privado, pero se grababa todo el tiempo. Ver su proceso creativo fue un deleite: cómo componía, cómo guardaba tarareos o frases en papelitos que luego se convertían en letras icónicas. Era un músico intuitivo, nato, que no necesitaba formación académica para crear magia”, relataron.

“Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero” no es solo un retrato del artista, sino un homenaje desde el alma. Una invitación a mirar de cerca al hombre que transformó su dolor en música, su historia en arte y su vida en un legado eterno. A través de esta serie, el público podrá reencontrarse no solo con el Divo de Juárez, sino con Alberto Aguilera, el ser humano que habitaba detrás de la leyenda.— Alejandra Cruz Molina

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