“Bem, un lémur en fuga” llega a cines como una propuesta de animación hecha en el país que, además de la aventura, aborda temas como el miedo, la pérdida y el poder de la amistad.
Bajo la dirección de Leopoldo Aguilar con el sello Chiltepin Estudios, la historia sigue a Irene, una niña que vive con su tío Lupillo tras la muerte de sus padres y que, debido a sus alergias, vive encerrada en casa. Su vida cambia cuando conoce a Bem, un lémur que fue sacado de su hábitat y llevado a la Ciudad de México.
La película está ambientada en el país y construida desde lo cotidiano, con detalles, espacios y modismos mexicanos que acompañan toda la historia. El guión estuvo a cargo de Dariela Pérez Hernández y la música de Kevin Smithers.
En entrevista, el director compartió con el Diario que este proyecto tiene un peso especial dentro de su carrera y se trata de un filme muy personal para él.
“He tenido la fortuna de dirigir varios largometrajes, este es el cuarto, pero previamente no estaba tan consciente del tipo de contenido que se estaba generando. En los últimos años tuve la fortuna de ser tío, lo que me hizo preguntarme qué contenido estaba haciendo, qué mensajes estaban teniendo”.
Agregó que la historia tomó forma a partir de esa reflexión y del deseo de contar algo cercano.
“Esta es la primera vez que me uní a un proyecto con una protagonista femenina. Cuando me llega el proyecto leo y reflexiono acerca de mis sobrinas y el tipo de historias que me gustaría que ellas pudieran ver. Ese es el tipo de historias que a mí me gustaría que mis sobrinas pudieran ver”.
Irene es un personaje que parte desde un lugar complejo, marcado por la pérdida y el miedo. Para el director, era importante construirla desde esa realidad, pero también mostrar su proceso.
“Para mí era importante que el espectador entendiera que todos tenemos historias detrás. Irene como personaje a lo largo de la película vemos en su arco dramático como de estar en este mundo un poco más oscuro, encontrar otra vez de nuevo la luz”.
Esa construcción también se vio influida por el contexto reciente. Aguilar reconoció que, aunque no estaba planeado, la pandemia terminó permeando en la historia.
“Fue muy circunstancial, en el camino se nos cruzó también la pandemia. Todos fuimos Irene y todos tuvimos miedo a salir. Empezamos a aprender a manejar nuestra vida durante ese tiempo dentro de los espacios”.
El encuentro con Bem funciona como ese punto de quiebre. La elección de un lémur tampoco fue casualidad, aunque sí nació de una idea sencilla. Una de las amigas de la guionista Dariela Peréz Hernández, a quien le encantan los lémures, le preguntó: ¿qué pasaría si un lémurcito terminara en la Ciudad de México?”. A partir de ahí. empezaron a trabajar en el personaje.
Pero más allá de lo anecdótico, el animal también aporta al fondo de la historia, que toca el tema del tráfico de especies. “La distancia entre Madagascar y México lo volvía atractivo, lo qué estamos haciendo como sociedad, sacando a estos animalitos de sus entornos”.
El director explicó que no buscaban dar una lección directa, sino abrir una reflexión, desde la mirada infantil. “Trato de contar historias que aporten. No estoy buscando que sean proyectos aleccionadores, sino retratar una realidad y acercar esa conciencia a los niños para que ellos asuman desde su propia naturaleza esas conclusiones”.
La película, realizada en animación 2D y producida en México, también representa un paso importante para este tipo de propuestas en salas comerciales.
“Han sido ocho años de trabajar en esta historia. Yo dirijo pensando en que las películas se tienen que vivir en el cine. Llegar con muchas salas es algo que no nos imaginamos”.
Lo que el director espera que el público se lleve es “la idea que el cine tiene esta magia de cambiarnos y hacernos reflexionar”. “Espero y deseo que realmente sea una película que la familia disfrute y si en el camino también logramos sembrar esta espinita, creo que estamos del otro lado”.— Karla Cecilia Acosta Castillo
