
El descubrimiento en Chichén Itzá de la cueva Balamkú y sus ofrendas a Tláloc se inscribe entre los resultados de “Chichén Itzá subterráneo”, una de las líneas de estudio del proyecto Gran Acuífero Maya, que desde 2015 se dedica a investigar el subsuelo de la Península y su relación con el ser humano y el medio ambiente.
La misión, según se establece en la página del proyecto, es “promover un modelo integral de análisis de las necesidades de aprovechamiento sustentable de los recursos hídricos, biológicos y culturales del subsuelo de la Península de Yucatán”.
