
Regularmente, de manera consciente o inconsciente, adoptamos mentores. Les damos valor, los vemos como inspiración y se convierten en un modelo a seguir. Desde niños, escuchamos sobre buenas y malas influencias, y este concepto evoluciona en la adultez. Hoy, con tanta información disponible, todos jugamos un papel en este juego de influencias.
Pero, ¿a quién sigues en redes sociales? ¿Por qué los sigues? ¿En qué te fijas? ¿Con qué conectas?
Es importante darnos cuenta de que no podemos seguir a personas que nos resten, que nos den pretextos para abrazar la mediocridad. Si decidimos seguir a alguien, es porque nos genera algo: empatía, compasión o, posiblemente, permisos para conmiserarnos.
A veces nos gusta ver a personas en situaciones difíciles para no sentirnos tan mal con nuestra propia vida. Nos acomodamos en lo que nos es familiar, normalizamos conductas que nos frenan. Así como algunos sólo publican sus éxitos y felicidad, otros muestran únicamente su caos. Ambos extremos distorsionan la realidad. La pregunta clave es:
¿Para qué me sirve seguir o ver esto? ¿Me está ayudando realmente o sólo me está justificando?
Aquí es clave entender la diferencia entre compasión y conmiseración. Pueden parecer similares, pero hay una diferencia fundamental en la actitud y acción que generan. La compasión es conectar con el sufrimiento del otro desde el entendimiento y el deseo de ayudar, sin perder la fuerza interior. Es activa y constructiva. La conmiseración, en cambio, es sentir lástima desde una postura pasiva o incluso de superioridad, reforzando la victimización en lugar de impulsar un cambio positivo. La compasión nos mueve a actuar; la conmiseración nos estanca.
Entonces aparecen los pretextos para abrazar mentores mediocres disfrazados de memes, bromas o tendencias que normalizan actitudes que nos impiden evolucionar. No sigas roles mediocres para evitar hacer cambios en tu vida. Sin que lo sepas, tú también eres un ejemplo para alguien más como tus hijos, equipo ó amigos. Tu actitud podría estar permitiendo que otros se queden en la mediocridad. Hazlo también por los demás, como un apostolado, como un servicio. Trabájate, apuesta por algo más grande y deja de justificar que aquellos que logran el éxito son simplemente “radicales”. Un servidor prefiere digan ahí viene “Alejandro Granja, el radical”, por hacer muchas cosas, que ser complaciente con la mediocridad. Sígueme en mis redes y conversemos sobre el tema. Nos vemos en el futuro

