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PARÍS (EFE).— La muerte, ayer, de Paul Bocuse deja huérfana a la gastronomía francesa, de la que el legendario cocinero, el mejor del siglo XX de acuerdo con algunos críticos, impulsó su renovación sin perder el respeto a las tradiciones.

“Nuestro capitán se ha apagado este 20 de enero a las 10 horas, en vísperas de sus 92 años. Más que un padre y un esposo, era un hombre de corazón, un padre espiritual, una figura emblemática de la gastronomía mundial”, dijo la familia de quien era conocido como Monsieur Paul.

Bocuse, enfermo de Párkinson desde hace años, falleció en Collognes-au-Mont-d’Or, localidad en la que nació el 11 de febrero de 1926 y en la que consiguió con el restaurante familiar Auberge du Pont, que posteriormente rebautizó con su propio nombre, tres estrellas Michelin que le acompañaron durante más de 50 años.

El cocinero, según el presidente Emmanuel Macron, “era la encarnación de la cocina francesa”, en la que como impulsor de la nouvelle cuisine abrió “un capítulo glorioso que hoy en día le permite ocupar el primer nivel mundial, motivo de orgullo de Francia y de los franceses”.

Bocuse encumbró esa corriente gastronómica gracias en parte a su libro “La cocina de mercado”, en la que dejaba constancia de la preferencia por la materia prima recién comprada en el mercado y por salsas que eran ligeras y saludables.

El jefe de Estado Valéry Giscard d’Estaing condecoró a Bocuse en 1975 con la Legión de Honor, la máxima distinción que otorga el gobierno de Francia.

La sopa de trufas VGE, creada en honor al exmandatario; la longaniza de cerdo de Lyon envuelta y cocida en pan brioche con salsa de carne, y la lubina en corteza de hojaldre fueron algunas de sus recetas más destacadas.