SANTIAGO DE CHILE (EFE).— En la Catedral Metropolitana de Santiago, en el corazón de la capital chilena, fueron velados los restos de Nicanor Parra, fallecido anteayer a los 103 años.
El féretro con el cuerpo del creador de la antipoesía llegó al principal templo católico de Chile poco antes del mediodía y estuvo abierto hasta la noche para que recibiera el homenaje de la comunidad, en la que arraigó su desconcertante obra desde que hace más de 60 años decidiera bajar a los poetas del Olimpo.
Al lugar llegó la presidenta Michelle Bachelet, quien se ubicó en la primera fila junto al nieto del escritor, Cristóbal (Tololo) Ugarte, y frente al ataúd que estaba cubierto por un telar tejido por su madre Clara Sandoval.
El clásico mensaje del antipoeta “Voy&Vuelvo” fue puesto sobre el ataúd.
Personalidades del mundo literario local como Jorge Edwards y Óscar Hahn también se dejaron ver en la misa.
“Me despido de un gran escritor pero también de un viejo amigo. Podría escribir un libro entero de nuestra vieja amistad, pero no sé si me dé el tiempo”, señaló Edwards a los periodistas.
El presidente electo Sebastián Piñera también ingresó a la Catedral Metropolitana de Santiago.
Desde temprano llegó gente a la Plaza de Armas para esperar su turno sin importar las altas temperaturas que se registran en la jornada.
Al interior de la iglesia, integrantes de la familia Parra interpretaron canciones de Violeta, uno de los deseos del fallecido.
Parra y la religión
Hace mucho tiempo Nicanor Parra, nacido en San Fabián de Alico el 5 de septiembre de 1914 acuñó la frase “soy ateo, gracias a Dios” y su obra está matizada de alusiones irónicas a la religión.
Su muerte cambió la situación. Al anochecer del mismo martes, en la casa del sector de La Reina donde falleció, hubo un responso a cargo del sacerdote y crítico literario José Miguel Ibáñez Langlois (Ignacio Valente), amigo del poeta.
Valente, quien ha elogiado la calidad poética de las composiciones de Violeta, hermana menor de Nicanor y máxima creadora folclórica de Chile, publicó ayer en “El Mercurio” un artículo en que describe al autor de “Poemas y antipoemas” como “único en el mundo de nuestras letras”.
Parra, en sus palabras, ha sido en Chile un punto de referencia en los amplios dominios de la cultura nacional “sin tener tribuna ni cargo alguno en la polis”.
“Ha irradiado ese influjo liberador desde su sola creatividad verbal, desde su solo sentido del humor (con frecuencia negro) por el solo poder de su palabra poética y antipoética”.
El velorio en la Catedral, según trascendió, fue producto de un acuerdo entre autoridades del gobierno y la familia del poeta. “Es importante que Chile pueda despedirse de él, que vaya toda la gente sin importar de dónde venga”, dijo Isabel Solero Parra, hija de Catalina Parra y nieta de Nicanor.
El cortejo con los restos del autor de “Versos de salón” y “Hojas de Parra”, entre otras obras, tardó más de una hora en cubrir el trayecto entre su casa de La Reina y la Catedral Metropolitana.
Tras la llegada se produjo un pequeño incidente, pues a la familia no le gustó la música que sonaba en el templo. “Queremos música de Violeta Parra. Si no, nos vamos”, reclamó Colombina, hija del extinto autor. Su deseo fue acogido de inmediato.
Hoy, los restos de Parra serán llevados a Las Cruces, 120 kilómetros al suroeste de Santiago, para ser sepultados en la que fue su casa por más de 20 años.
La municipalidad de El Tabo, comuna a la que pertenece Las Cruces, anunció en un comunicado que por decisión de la familia se oficiará una misa privada en la parroquia del pueblo.
“Posteriormente, al mediodía, su cuerpo será enterrado en su casa de Las Cruces, como fue su último deseo, en una ceremonia con sus más cercanos”, añade el comunicado.
Cristóbal Ugarte publicó en redes sociales el siguiente texto: “Te quiero abuelo. Te vamos a poner donde nos dijiste. En tu ‘santo sepulcro’. Entre Neruda y Huidobro. Ahora se completan las cruces (+++)”.
En Las Cruces, Nicanor Parra tenía un catalejo con el que, desde su casa, solía observar, hacia el Norte, la casa y la tumba de Pablo Neruda, en la vecina localidad de Isla Negra, y hacia el Sur, la casa y tumba de Vicente Huidobro, sobre un cerro del balneario de Cartagena. Ahora él descansará entre ambos.
