Partes medulares del mensaje del arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, con motivo de la Cuaresma.
“No tentarás al Señor tu Dios” (Mt 4, 7).
Muy queridos hermanos y hermanas, ha llegado el santo tiempo de la Cuaresma. Todos sabemos que la Cuaresma es el camino hacia la Pascua, un tiempo en que la Iglesia nos invita a reflexionar, orar, ayunar y ofrecer otros sacrificios que nos ayuden a vencer las tentaciones.
No solamente en el tiempo de Cuaresma, sino siempre nos conviene vivir con un poco más de austeridad. Si le damos a nuestro cuerpo todo lo que nos pide, de alguna forma nos hará daño. Es importante la austeridad para la vida cristiana. Esto es, privarnos de lo que conviene, pues no todas las cosas que aparecen en una pantalla conviene verlas.
En la Cuaresma recordamos cómo Jesús fue tentado por el demonio antes de iniciar su misión, aunque siempre él fue tentado y siempre fue vencedor.
Debemos dominar la soberbia; recordemos que el Demonio le decía a Jesús: “Si eres Hijo de Dios, tírate abajo; porque está escrito: Dará órdenes a sus ángeles para que te lleven en brazos, de modo que tu pie no tropiece con ninguna piedra” (Mt 3, 6). Le proponía el Diablo a Jesús una entrada espectacular para iniciar su ministerio y Jesús quiere iniciarlo en la sencillez, para que la gente vaya descubriendo poco a poco la grandeza de ese hombre que les predicaba. Es así como rechaza Jesús esa tentación.
Otra tentación que le pone el Demonio es la del dinero, y le dice: “Todo esto te daré”, mostrándole todos los reinos del mundo, “si te postras y me adoras” (Mt 3, 8-9). Sin duda Jesús no se postró delante del Diablo, jamás lo haría, pero tú lo podrías hacer, yo lo podría hacer o cualquiera de nosotros; porque esa tentación significa el apego a los bienes materiales.
Los panes
Y la otra tentación fue: “Manda que estas piedras se conviertan en panes” (Mt 3, 3). Ahí están todas las tentaciones sobre el placer. El mundo actual nos ofrece la idea de que todo se vale, de que todo es posible, de que tenemos derecho al placer si trabajamos y lo pagamos; sin embargo nos va a costar muy caro si nos dejamos llevar por ese pensamiento. La única forma de conservarnos íntegros para nuestra familia, para nuestra Iglesia y para la sociedad es el sabernos cuidar y dominar de los placeres que a todos se nos antojan; por eso hay que decirle al Demonio lo que Jesús le respondió: “No solo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 3, 4).
