Foto: Megamedia

 

José Carlos Palacios (*)

Hola mis queridos amigos, ya es viernes y uno muy especial para la grey católica.

Por ello les hablaré de varias cosas que me quedaron en la semana en la pausa que da el período vacacional.

La verdad es que me preguntaba cuál hubiese sido el vino que Jesucristo bebió en la última cena, ya que como algo representativo lo llamaban la sangre de Cristo, como reza el evangelio.

En plática con varios sacerdotes, historiadores y expertos en la materia de vinos, coinciden que la uva syrah era la que más abundaba en esa zona, por el tipo de clima que prevalecía siendo una zona semi árida y desértica, con demasiado calor.

En la región de Palestina eran amantes del vino tinto, y la Biblia se refiere al vino de color rojo o tinto.

Antiguamente se plantaba en las terrazas y las laderas de las montañas.

En aquellos tiempos existía la práctica de que una vez levantada la cosecha las uvas se guardaban en un cuarto donde le aplicaban algo de humo de ciertas hojas y ramas, para que adquieran un sabor algo ahumado y luego procedían a fermentar la uva pisando los granos y exponiéndolas al sol.

Después agregaban a la uva fermentada algo de miel, especias o hierbas aromáticas para mejorar el sabor, aunado a ello se guardaban en odres de barro o pieles de cabra y solo los vinos más puros se añejaban en tinajas durante algún tiempo para refinarlos y poderse beber.

Ese tipo de vino era el que normalmente se utilizaba para las celebraciones religiosas. Recordemos que en la última cena se celebró la Pascua con un vino selecto.

Para saber el tipo de uva investigué algunas cepas o variedades ancestrales que estaban en aquella época, aunque no es fácil de establecer, ya que no existía un compendio o manual de variedades de uvas.

La uva llamada syrah dominaba toda la antigua Persia (actualmente Iraq).

Podría decir que el vino que bebió Jesús con los apóstoles fue un vino con cierto cuerpo, un poco de añejamiento, sin ningún agregado de miel o hierbas, una graduación alcohólica elevada de 15 ó 17 grados, un vino algo denso sin definición de aroma, ya que no podría compararlo con ninguno de nuestra época.

No podría decirles a qué sabría ese vino, pero por las características de aquella época y las condiciones de higiene y calor reinante talvez no sería agradable ni bebible por la fermentación y graduación alcohólica.

Volviendo a nuestros días. Qué tal una buena copa de syrah, con caracteres especiados, ideal para acompañar un pescado a la veracruzana o un platillo con ligeras condimentaciones, ideal para esta Semana Santa.

Sommelier

 

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