Pastoral de la salud

El Tribunal Supremo del Reino Unido emitió el pasado 30 de febrero un dictamen autorizando a que los médicos responsables del cuidado de Alfie Evans, un niño que padecía una enfermedad rara, que le incapacitaba para oír, ver, oler y responder al tacto, como consecuencia de una degeneración cerebral, pudieran desconectarlo del soporte que lo mantenía con vida. Alfie tenía 23 meses de edad y permaneció hospitalizado desde diciembre de 2016 en “estado semi-vegetativo” debido a una condición neurológica degenerativa desconocida.

Sus padres Tom Evans y Kate James se opusieron desde el principio a esta medida, porque seguían teniendo la esperanza de prolongar la vida de su hijo con un tratamiento que les habían ofrecido desde un hospital especializado en Roma. A pesar de ello, el equipo médico decidió que había que retirarle a Alfie la ventilación asistida. Sin embargo, sus padres manifestaron que no iban a renunciar a seguir luchando por la vida su hijo. Por ello, la familia apeló a los tribunales de justicia.

Finalmente, los padres perdieron y su demanda recibió rechazo tras rechazo en todas las instancias judiciales a las que acudieron, incluida la Corte Europea de Derechos Humanos de Estrasburgo. El pasado 24 de abril, los médicos decidieron retirar la respiración mecánica a Alfie, pero tras quitársela, sorprendentemente respiraba por sí mismo. “Alfie lleva respirando horas y no está sufriendo”, declaró emocionado su progenitor. Tom Evans tuvo que luchar, otra vez, para que los médicos accedieran, tras cuarenta minutos de conversación, a “darle agua y oxigenar su cuerpo” al ver que, seis horas después de desconectarlo de las máquinas, el niño seguía con vida.

Finalmente después de varios intentos de trasladarlo al hospital Bambino Gesú de Roma (Hospital auspiciado por la Santa Sede), el pequeño Alfie falleció.

Este hecho nos debe llamar la atención a todos profundamente. ¿Hasta donde es lícito prolongar la vida? ¿En qué caso los médicos deberían acceder a otras alternativas y no caer en negligencias?

Ciertamente que la sociedad está conmovida ante este hecho, ojalá que nos lleve a una profunda reflexión sobre el cuidado y sentido de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural.— Presbítero Alejandro Álvarez Gallegos, coordinador diocesano para la Pastoral de la Salud

 

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