MÉXICO (Notimex).- El mexicano Rafael Navarro, del Instituto de Ciencias Nucleares de la UNAM, lleva más de 14 años de su vida dedicados al diseño, construcción y análisis de datos del laboratorio portátil Sample Analysis at Mars (SAM, o Análisis de Muestras en Marte), que es el corazón del robot Curiosity.
El investigador universitario se unió al proyecto de la NASA en 2004, sin embargo, y desde su llegada a Marte, en agosto de 2012, y hasta la fecha, el robot explorador Curiosity ha visto poco más de dos mil soles; es decir, ha pasado más de dos mil días con sus noches en el planeta rojo, lo que implica casi seis años de trabajo constante de Navarro.
“Ha sido una experiencia emocionante en todos los sentidos”, destacó Navarro, uno de los especialistas que desde el Laboratorio de Química de Plasmas y Estudios Planetarios del Instituto de Ciencias Nucleares recrea los experimentos realizados por la máquina en Marte.
Cada día, Curiosity vaporiza muestras del suelo marciano y manda los datos a la NASA, mismos que son retomados por investigadores de la UNAM, de Estados Unidos y de Europa, quienes además de reproducir los experimentos, comparan los resultados y discuten sobre lo que encuentra el robot durante su exploración.
En los dos mil días que ha pasado en Marte, ha recorrido 19 kilómetros desde su llegada a las faldas del cráter Gale hasta el monte Sharp, en donde está ahora, a 180 metros de altitud, recordó la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
“El estado de salud del robot es bastante bueno, con la capacidad de seguir explorando el ambiente marciano probablemente hasta finales de esta década o principios de la siguiente”, estimó el único mexicano en colaborar en la misión Curiosity.
El robot explorador lleva consigo varios equipos de medición, pero uno de los más valiosos es SAM, en el que participa Navarro González; tiene una especie de horno que vaporiza las muestras de suelo, además de un laboratorio químico que procesará otras muestras en el futuro.
Rafael Navarro señaló que SAM ha contribuido a analizar la atmósfera y a saber que, en el tiempo en que había vulcanismo, ríos y agua líquida, “era mucho más densa, probablemente parecida a la que tenemos en la Tierra.
Además, dijo, en esos tiempos, había mayor cantidad de agua que fluía por lagos que pudieron existir hace millones de años”.
El también colaborador de la Agencia Espacial Europea, aseguró que esos datos son clave para proyectos gubernamentales y privados de exploración humana.
“Después de casi seis años, Curiosity ha logrado llegar a una zona rica en arcillas, importantes porque se forman en presencia de agua líquida y tienen propiedades para atrapar materia orgánica y preservarla. Esto representa un ambiente en donde podremos estudiar si hay compuestos orgánicos y responder a la pregunta de si hubo o no vida en Marte”, remarcó el especialista.
La misión en general es valiosa para la Administración Nacional de la Aeronática y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) que ya ha extendido el periodo de operaciones de Curiosity por tres años más, y para 2020 espera enviar un nuevo robot explorador que tomará muestras del suelo para ser traídas directamente a la Tierra.
