El profesor creía en predicar con el ejemplo siempre
El día que le pidieron dejar la cátedra de Matemáticas en la escuela primaria “Joaquín Peón” (anexo del Colegio Montejo), el profesor Luis Alberto Ramírez Rosado lloró. Pero lo aceptó sin chistar para dedicarse de tiempo completo a la subdirección, pues sabía que había que trabajar donde el colegio lo necesitara.
Como directivo, le tocaron tiempos difíciles, porque los inspectores de la SEP “se esmeraban en encontrarle fallas a los colegios católicos”, contaba.
Para el fallecido profesor marista, las características que debe tener un maestro marista hoy en Mérida eran las siguientes:
“Lo primero es estar enamorado de su vocación, de la labor extraordinaria de los hermanos que tratan de hacer de sus alumnos buenos cristianos y buenos ciudadanos. Por otro lado, el lema de nuestra universidad, ‘Ser para servir’, es hermosísimo y debe ser para todos los que trabajan en los colegios la razón de ser de su trabajo, de otra manera podrán ser buenos profesores, pero no buenos educadores maristas”.
Sobre la disciplina, creía que era indispensable para el adecuado trabajo en las aulas, pero sin ser prepotente, amenazador o represivo, como lo fueron los hermanos maristas que lo formaron, aunque sí eran estrictos.
“Llamar a un muchacho que ha cometido una infracción y charlar con él, te aseguro que da mejor resultado que pararlo al sol, reportarlo o humillarlo en público”.
Aficionado al béisbol (sus equipos favoritos fueron los Dodgers, en las Ligas Mayores, y los Leones, en la Liga Mexicana), que jugó por un tiempo, se dedicó ya jubilado a llevar sus nietos a entrenamientos de este deporte y disfrutar sus partidos los fines de semana, así como a leer e ir a la playa.
Sobre los tiempos difíciles que nos toca enfrentar en nuestras vidas, recomendaba “confiar en Dios. Realmente parece que ahora se predica en el desierto y que los jóvenes ponen oídos sordos en las enseñanzas de sus padres y maestros. Sin embargo, la experiencia me ha demostrado que algo queda, tal vez mucho queda de esas enseñanzas. Tarde o temprano los valores que tratamos de transmitir aflorarán. Insistamos ante nuestros alumnos, sobre todo prediquemos con el ejemplo, pongamos siempre nuestro mayor empeño, lo demás dejémoslo a Dios”.— Megamedia
