El Papa Juan Pablo II en Izamal.- Imagen del Archivo Megateca

Su Santidad Juan Pablo II era “feliz con los indígenas”

—Hace mucho calor.

—Muchísimo.

Bajo el sol de agosto, Juan Pablo II hace notar al presbítero Lorenzo Mex Jiménez los rigores del clima. Es miércoles 11 de agosto de 1993 en el atrio del convento franciscano de Izamal. El Papa finalmente hace realidad su viaje a Yucatán.

Diez meses antes, el pontífice y el sacerdote yucateco, en ese momento párroco de San Francisco de Asís en Oxkutzcab, coordinador de la Pastoral Maya de la Arquidiócesis e integrante del equipo nacional de Pastoral Indígena, habían intercambiado palabras en un escenario diferente: la oficina de la nunciatura apostólica en República Dominicana.

El martes 13 de octubre de 1992, un día después de inaugurar en ese país la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y oficiar misa en la Basílica de Nuestra Señora de Altagracia para conmemorar 500 años del inicio de la evangelización de América, el Santo Padre recibió a representantes de etnias de México, Guatemala y Bolivia, entre ellos una pareja de Ticul, otra de Izamal y el padre Lorenzo.

“Le llevé una imagen de la Virgen de Izamal”, recuerda el sacerdote. “Le dije que era un detalle del pueblo maya y si Nuestra Señora de Izamal había venido a visitarle la costumbre era devolver la visita. Dijo: ‘Ahí estaré’”.

La presencia del grupo mexicano en Dominicana se dispuso luego de la cancelación por motivos de salud del viaje del Papa a Yucatán anunciado para el 15 de octubre de 1992. “Juan Pablo II tuvo numerosísimos encuentros con los indígenas de América; apreciaba sus costumbres, su cultura, era feliz con los indígenas”, dice el actual párroco de San Sebastián.

Por eso enfatiza que, aunque algunos piensan que el encuentro en Izamal con representantes de las etnias “era relleno” en el programa, la realidad es que “no, era el motivo principal” del viaje del Obispo de Roma.

“Motivé a mucha gente: ‘Vayan a Izamal, ahí van a poder saludarlo; en (la misa en) Xoclán va a estar muy complicado’. Quedaron muy contentos porque en ese espacio tan pequeñito pudieron ver al Papa”.

El padre Lorenzo fue designado para coordinar la actividad en Izamal. “Me sorprendió porque sentía que era una responsabilidad muy grande para mí; sin embargo, acepté y me rodeé de personas para elaborar un programa que incluía no solamente el encuentro del Papa con los grupos étnicos, sino también el primero de sacerdotes y seminaristas indígenas de México, previamente a la visita”.

“Días antes trabajamos en Izamal para fortalecer los lazos de identidad de estos dos sectores de la Iglesia, con la participación de los obispos Felipe Arizmendi (en la época, de la diócesis de Tapachula) y Felipe Aguirre Franco (titular de la Comisión Episcopal Indígena)”.

El padre Lorenzo dice que la coronación de la Inmaculada Concepción por Juan Pablo II no estaba considerada en el programa, pero Su Santidad lo hizo por solicitud en el momento de los frailes franciscanos. “Fue un acto espontáneo pero de mucho significado para los presentes. La imagen ya había sido coronada y presidió el encuentro, algo que también fue muy significativo para los franciscanos”.

A nombre de los pueblos originarios, Primitivo Cuxim Caamal, de Tekit, dirigió un mensaje en español en el que agradeció al visitante su interés por ellos y le solicitó su ayuda para “decir que tenemos derecho a vivir tranquilos, a conseguir nuestra comida, a tener nuestros hijos, a cuidar nuestra tierra, a hablar el mismo idioma y a vestir nuestra ropa”.

El padre Lorenzo fue quien invitó al evento a Primitivo, a quien había conocido en sus años como párroco de Tekit. Lo eligió porque es “un hombre muy coherente, representativo del pueblo maya, muy religioso, con una vida familiar ejemplar y ministro extraordinario de la Sagrada Comunión”.

Al concluir las palabras de Primitivo, el padre Lorenzo Mex le entregó al Papa una Biblia en lengua maya. “Lo agradeció”, recuerda. “Después me mandó con otra persona unas letras de agradecimiento y recibimos un donativo para adquirir Biblias en lengua maya, que se distribuyeron en las parroquias de Yucatán”.

El sacerdote siguió las demás actividades del Santo Padre en el Estado por televisión para atender asuntos de su parroquia que había dejado pendientes.

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Atención pastoral

Veinticinco años después del encuentro de Juan Pablo II con las etnias de América, “cuando menos ya se habla más” de las comunidades indígenas, opina el sacerdote.

“Ha habido mayor atención pastoral del pueblo maya. Se han creado parroquias donde antes se les atendía solo si había tiempo”. Ahora, destaca, hay párrocos en poblados como Chikindzonot y Popolnah y “a veces tienen hasta vicarios”.

“Son comunidades donde también se desarrollan proyectos de Pastoral Social”.

“La Pastoral de la Tierra es otro de los frutos de esta visita. Se consolidó la Escuela de Agricultura Ecológica de Maní para que los antiguos trabajadores henequeneros tuvieran la alternativa de una vida mejor a través de un proyecto de educación integral”.

“Cada día hay más interés por formar a los seminaristas para el ministerio con el conocimiento de la lengua maya, su cultura, su forma de vida, sus expresiones”, subraya. “Hay más interés de los agentes de pastoral consagrados por atender estas comunidades respetando su cultura y tradiciones”.— Valentina Boeta Madera

 

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