Invitan a vivir el tiempo de Pascua en el Señor Jesús
Recibimos del arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, el siguiente mensaje de la Pascua 2019
“Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe” (1 Cor 15, 14).
A todo el Pueblo de Dios que peregrina en Yucatán: ¡Pax! Muy queridos hermanos y hermanas, ha llegado la Pascua, tiempo de gozo y alegría, pues recordamos el triunfo de la vida sobre la muerte, ya que por la gloriosa resurrección de Jesús se nos han abierto a todos las puertas de la salvación.
Es por ello que la nota característica del cristiano es la alegría, una alegría que se fundamenta en saberse amado y salvado, no por sus méritos, sino por los méritos de Nuestro Señor.
Presupuestos
Ahora bien, el misterio pascual no es solo la Resurrección. La Resurrección está unida a la cruz, una cruz que Jesús asumió para solidarizarse de esta manera a los hombres, cargando en su propia historia la historia del sufrimiento de la humanidad, del dolor y del pecado que lleva la muerte. Jesús asume solidariamente desde su inocencia el padecimiento por la injusticia; la afronta, la encara hasta las últimas consecuencias, a tal grado de morir en la cruz.
En eso consiste el amor, en dar la vida, y Jesús amó hasta el extremo. Es precisamente su sacrificio de amor el que vence al pecado y a su manifestación más radical, la muerte. A partir de la Resurrección, la muerte ya no tiene la última palabra, ha dejado de ser el punto final de la vida, convirtiéndose en un punto y seguido que antecede a la vida eterna.
Al Resucitado se le reconoce por las huellas de su historia. Los discípulos lo reconocen por las heridas. Gracias a éstas son capaces de identificar al Resucitado, quien se les manifiesta como Jesús de Nazaret. Las huellas de la cruz permanecen en el cuerpo glorioso de Cristo, de tal manera que la Resurrección no puede ser vista al margen de la historia concreta, no puede espiritualizarse sin tomar en cuenta lo concreto de la carne.
La Resurrección no es una simple esperanza sobre el “más allá”, sino que es una esperanza para el “más acá”, puesto que es esperanza para los crucificados en la historia, es esperanza para aquéllos que asumen la realidad de la cruz.
Pero por otra parte la cruz sin resurrección carece de sentido, no sería signo de salvación, sino de fatalidad. Con la cruz pero sin la resurrección Jesús sería notable, pero un notable cadáver ilustre, nunca el Salvador, ya que “si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación y vana también su fe” (1 Cor 15, 14).
Jesús no es un cadáver ilustre. Para explicarlo, quisiera que nos lleve de la mano el relato de los discípulos de Emaús (cfr. Lc 24, 13-35).
