Foto: Megamedia

Monseñor Gustavo Rodríguez Vega, arzobispo de Yucatán

“Señor, cuando llegues a tu Reino,

acuérdate de mí” (Lc 23, 42)

Muy queridos hermanos y hermanas, les saludo con el afecto de siempre y les deseo todo bien en el Señor, en este último domingo del Tiempo Ordinario, solemnidad de Jesucristo Rey del Universo y primera celebración del “Día de los Laicos” en México, con su patrono el beato mártir Anacleto González Flores.

Bajo el lema “Laicos de brazos abiertos”, ayer hubo una gran concentración en el parque Bicentenario de Silao, Guanajuato, a los pies de la grandiosa imagen de Cristo Rey en el Cubilete, donde asistió una representación de laicos de cada una de las diócesis de México, sin faltar la delegación yucateca. Aquí mismo, hoy a las 8:15 a.m. se oficiará una misa concelebrada por un servidor y nuestro Obispo Auxiliar, Pedro Sergio de Jesús Mena Díaz, con la participación de la Acción Católica y los distintos grupos y movimientos laicales de nuestra amada Arquidiócesis.

Recordemos que los laicos son todos los bautizados que no han recibido el sacramento del Orden, o que no han emitido votos religiosos. Tengamos presente también que Anacleto González fue laico, casado y abogado de profesión. Estuvo en el Seminario de Guadalajara, lugar en el que fue muy apreciado y valorado por todos, de donde le vino el apodo de “El Maestro” (o “El Maistro”), ya que con frecuencia le pedían suplir a los maestros en clases y lo hacía muy bien. Sin embargo luego descubrió que Dios lo llamaba a servirlo como laico.

Él tenía un lema que decía: “Que mi último grito en la tierra y mi primer cántico en el cielo sea ¡Viva Cristo Rey!”. Y se le concedió, pues él, al igual que muchos otros mártires de la época cristera, gritó al morir: “Yo muero, pero Dios no muere. ¡Viva Cristo Rey!”. Antes de morir, chorreando su boca de sangre, invitó a sus compañeros de martirio a rezar en voz alta el acto de contrición, y al jefe de las armas le dijo: “General, perdono a usted de todo corazón; muy pronto nos veremos ante el tribunal divino, el mismo juez que me va a juzgar será su juez; entonces tendrá usted un intercesor en mí con Dios”.

Él no animó la guerra armada, sino que fue llamado el “Gandhi Mexicano”, por promover manifestaciones pacíficas contra las leyes masónicas que se perpetraban contra la Iglesia y la fe de todos sus fieles. Escribió muchos artículos en periódicos y tuvo una publicación propia.

En sus escritos y discursos siempre animaba a no quedarse solo en los templos, sino a llevar la fe a los espacios públicos, especialmente de la escuela y las universidades. Decía que los católicos debían salir a defender pacíficamente su fe y las buenas costumbres. Una vez señaló: “¡Cuántos han perdido la llama del combate por la fe en aras de un indiferentismo o relativismo religioso que disfrazan de caridad y ecumenismo!”.

Cabe señalar que era un hombre muy piadoso, que recibía los sacramentos con toda la frecuencia posible, además que fue muy estrecho colaborador de su arzobispo, Don Francisco Orozco y Jiménez, quien fue desterrado y perseguido a muerte. Él estaba convencido de que si los católicos despertaban de su letargo, las leyes anticlericales no iban a prosperar. Fue además creador de la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), cuyo lema es desde entonces: “Por Dios y por la Patria”.

¡Qué mejor patrono para todos ustedes, hermanos laicos! Estoy convencido, y lo he escuchado de algunos laicos, que el mensaje de Anacleto es muy actual, por lo que es necesario que todos los católicos de hoy, fortalezcan su espiritualidad con la escucha de la Palabra y la frecuencia de los sacramentos, especialmente el de la sagrada Eucaristía. Así fortalecidos deben luchar pacífica pero tenazmente en la defensa de los valores humanos y cristianos que hoy se están perdiendo, no casualmente, sino por la persistencia, astucia, fuerza económica y política de quienes vienen promoviendo todo esto desde hace años a nivel internacional, atentando contra la vida de los no nacidos así como de los que están en el extremo de su vida; atentando también contra el núcleo sagrado de la familia, contra la conciencia de niños y jóvenes mediante los sistemas educativos.

A todos los gobernantes del mundo les conviene tener una fe auténtica en el verdadero Dios, que es único, considerándose sus servidores y representantes, como servidores también del pueblo, sabiendo que a Él darán cuenta de su gobierno. Actuando así pueden llegar a ser excelentes gobernantes y caminar en santidad. Ojalá que ninguno esconda su fe, y si pertenece a alguna Iglesia, que no lo niegue, sirviendo a todos por igual, promoviendo la completa libertad religiosa, además del apoyo para que cada religión o iglesia cumpla con su cometido. Estos gestos traen consigo paz y progreso a las comunidades.

El segundo rey en Israel fue David. Hoy la primera lectura tomada del Segundo Libro de Samuel, nos habla de cómo ascendió David al poder, cuando el pueblo lo eligió como su pastor y su guía; siendo así ungido en la presencia del Señor. Recordemos que todos los bautizados fuimos ungidos, vueltos a ungir en la Confirmación, para vivir una vida al servicio del Reino de Dios en el mundo, esperando participar en el cielo de su Reino en plenitud.

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