Seminaristas van a rendirle tributo en su santuario
El obispo auxiliar, monseñor Pedro Mena Díaz, presidió la mañana de ayer en la iglesia de San Cristóbal, santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, la misa de bienvenida a los peregrinos del Seminario Conciliar de Yucatán.
La peregrinación salió del Seminario Mayor y fue encabezada por monseñor Mena Díaz y el padre rector, Luis Alfonso Rebolledo Alcocer, quien resaltó que la peregrinación es un signo de manifestación de la fe.
“Estamos celebrando el contexto de adviento, obviamente preparándonos para la venida del Señor, y en ese marco las fiestas guadalupanas nos ayudan. Somos hijos de este pueblo y de esta manera manifestamos nuestro cariño a la Santísima Virgen María”.
Tras monseñor Mena Díaz y el rector siguieron los padres formadores, las madres oblatas, noventa seminaristas de los seminarios Mayor y Menor, colaboradores de las casas de formación y familiares de los jóvenes, muchos de los cuales cargaron banderines y estandartes, así como una hilera de papel picado al estilo de las ferias.
La peregrinación, que coincidió con la de Cáritas de Yucatán, fue recibida por el párroco Juan Pablo Moo Garrido, quien previamente señaló que, a pesar de las críticas que últimamente ha recibido la Iglesia, la devoción a la Virgen de Guadalupe sigue intacta y muy fuerte. “Es impresionante la devoción a la virgen y la fe que sigue manteniéndose firme”, expresó.
Precisamente a esa hora de la fresca mañana se vio a decenas de personas que llegaron al templo para escuchar la misa que ofició el obispo axuxliar, quien agradeció a la parroquia por recibir a los seminaristas.
“Gracias por recibir una vez más a este Seminario de Yucatán donde se van formando los futuros pastores que han de seguir anunciando el Evangelio del reino como Jesucristo lo hacía”, indicó en su mensaje en el que también agradeció la presencia de Cáritas.
“Hemos venido una vez más a rendir nuestro homenaje a la Reina y la Reina anda buscando embajadores muy dignos de confianza, lo encontró en Juan Diego que no creía haber sido elegido para ser partícipe de un acontecimiento no solo importante para Ciudad de México, no solo importante después para América. Hoy nosotros contemplamos el acontecimiento Guadalupano como un acontecimiento de Dios para toda la Iglesia que peregrina por este mundo que Dios nos ha regalado”.
El prelado señaló que hoy, en que uno medita sobre el acontecimiento Guadalupano uno se da cuenta que Dios sigue llamando, a través de María, para que haya muchos embajadores dignos de confianza.
“El acontecimiento Guadalupano es un evangelio inculturable para responder en otro momento de la historia de la salvación, precisamente esa misma historia de salvación que escuchamos en el Evangelio y que se hace presente en México en este momento en que también estamos viviendo momentos muy difíciles en nuestro mundo, en nuestra sociedad mexicana, en nuestras mismas familias, en nuestros mismos ambientes parroquiales”.
Añadió que cuando uno recuerda el acontecimiento Guadalupano se acuerda también de las palabras del papa Francisco: “El nombre de Dios es misericordia y Dios siente compasión por el pueblo de hoy por las circunstancias que se están viviendo y por eso son necesarios los nuevos embajadores que lleven ese amor, esa compasión al pueblo”.
Monseñor dijo también que los seminaristas se van a educar para tener ojos misericordiosos “para hacer la prolongación del consuelo de Jesús, del consuelo de María porque nuestro pueblo está muy herido y eso es lo que necesita la caricia, el consuelo, el amor, la cercanía. Por eso la humildad de Juan Diego nos invita a reflexionar cómo respondió, y cómo respondemos nosotros en estos tiempos que estamos viviendo”.— Iván Canul Ek
