Miles de personas llegan todo el día al templo católico
Llegan por cientos y vienen por doquier, han caminado desde lejos, pues a su amada madre la Virgen de Guadalupe quieren ver. El Sol inclemente de los días, la lluvia y la fría noche también han mermado sus cuerpos, pero nunca han perdido la fuerza de la fe.
Ante ella han llegado y a sus pies, lirios, gladiolas y rosas han depositado, en ellas van su gratitud, fe y amor, pero también su esperanza de que el venidero sea un año mejor.
Así transcurre la celebración del 488 aniversario de las apariciones de la Virgen de Guadalupe y su santuario en San Cristóbal es un hervidero de fervor, amor, esperanza y múltiples muestras de cariño a la “Morenita” del Tepeyac.
Llegan en bicicleta, triciclos, motocicletas o motocarros, llegan en caravanas de vehículos decorados con motivos guadalupanos, llegan a pie o con banda de guerra escoltados, en sillas de ruedas o caminando, llegaron desde la madrugada, cantando, rezando o echando voladores al firmamento, vestidos como la Virgen o como San Juan Diego.
En el atrio se dejan escuchar alegres y tropicales temas de un tecladista que ameniza el momento entre las misas que se suceden hora tras hora. Mientras tanto la romería tiene olor a cochinita pibil, relleno negro, panuchos y salbutes, los fieles devotos de Maní van más allá, pues despachan tortas y tacos de poc chuc con tortillas frescas hechas a mano.
Al interior del templo un alfiler no cabe, tan es así la devoción que ni con misas cada hora se da abasto el santuario para dar cabida a tanto fervor y devoción.
Centenares de velas y ramos de flores rodean las veneradas imágenes guadalupanas en el atrio del lugar, cada una es una muestra de gratitud y cada cual una promesa de venir el año venidero.
Con su protección
Cerca de ahí un joven seminarista, Jorge de Jesús realiza la aspersión del agua bendita sobre la cabeza de los peregrinos, les habla de la Virgen, la madre del Señor y de todos nosotros, ella es la eterna protectora y quien intercede ante Dios por cuanto necesitamos.
“Pidan mucho, no vacilen en pedir, que la santa madre de Guadalupe está escuchando y como buena madre no se aparta y nos procura para que seamos felices y viviamos con amor”, comentó.
Le cumple a la Virgen
Martina del Socorro Ceballos Balam, tiene 74 años de edad y según recuerda, siempre ha sido devota de la Virgen de Guadalupe. No ha querido faltar a su cita anual con la “Morenita” del Tepeyac; al santuario ha llegado para refrendarle su amor y agradecerle los favores recibidos del año, la vida principalmente.
“¿Qué le pedimos a la Virgen? Generalmente le pedimos que nos vaya bien, nos conceda salud, mantener nuestros empleos, unida a la familia; pero también es la oportunidad de agradecer y pedir por las cosas que como comunidad o como nación nos afecta, por las personas pobres para que encuentren los medios para subsistir, por los niños enfermos de cáncer, por quienes sufren por la falta de medicina, por la conversión de los pecadores, por autoridades justas y empáticas con las necesidades del pueblo, por los corazones duros para que se conviertan, por quienes no creen para que crean”, dijo.
“A mí, mi amada Virgen de Guadalupe no me ha fallado nunca, la prueba es que me concedió otro año de vida para estar aquí y visitarle, tengo 17 años de asistir rigurosamente a la misa de la comunidad yucateca en la Basílica de Guadalupe y aunque vengo de muy lejos, lo hago con gusto y alegría para decirle que a ella ruego cada vez que atravieso por un instante difícil”.
Otras personas presentes en el santuario dijeron al Diario que asisten rigurosamente cada año porque así lo aprendieron de sus padres, porque sienten que están en deuda con la Virgen, porque es una forma de expresar la fe y un medio paras mantener la devoción.— Emanuel Rincón Becerra
De un vistazo
Sin lugar para estacionarse
Ayer, durante el festejo guadalupano, fue imposible estacionarse en las calles cercanas a San Cristóbal.
Operación vial y de seguridad
Para esta fecha tan especial para los católicos, la policía Municipal dispuso una operación de vialidad que incluyó el cierre de calles en torno al santuario, la colocación de conos para evitar el estacionamiento en puntos estratégicos, además de la presencia de sus elementos para la seguridad de los peregrinos y devotos, así como paramédicos para atender emergencias.
