una procesión de jóvenes cargando la imagen de la Virgen de Guadalupe se dirige al santuario de San Cristóbal

La “Morenita” dio ejemplo del valor de los humildes

Así como sucedió hace 488 años, cuando la Virgen de Guadalupe eligió al humilde Juan Diego —ahora proclamado santo— para llevar su mensaje a las autoridades eclesiásticas de los primeros años de la Colonia, “hoy día ese mensaje cobra relevancia para hacernos entender que es necesario darle su lugar a los más pobres, los humildes y necesitados, los predilectos de la madre de Dios”, señaló ayer el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, en la misa pontificia con motivo de la celebración de la fiesta de la “Morenita” del Tepeyac en el santuario de San Cristóbal.

Ante un templo completamente lleno, recordó que la Virgen de Guadalupe pudo escoger a un dignatario de alcurnia, pero eligió a San Juan Diego para que fuera su mensajero.

“La Virgen de Guadalupe nos enseña, así como sucedió con San Juan Diego, que a veces las personas más sencillas, más humildes, más pobres o aparentemente insignificantes, pueden ser emisarias de la voluntad de la Virgen o de Dios, de tal manera hoy más que nunca tenemos que darle su lugar a esta gente, apoyarlos, velar por ellos, abrirnos a sus necesidades, porque sin duda son los predilectos de la Madre del Señor”, dijo.

Entrevistado acerca de quienes dudan del milagro guadalupano, el arzobispo explicó que la crítica y la duda siempre existirá entre los hombres, “difícilmente el mundo quedará libre de estas dudas, críticas y agresiones a la fe, eso ocurre en la vida terrena, pero el creyente, quien vive el mensaje guadalupano, sabe bien que está llamado a dar testimonio de buen cristiano manteniendo su fe, viviéndola, abriendo su corazón y perdonando.

“La crítica, la duda y la descalificación del milagro de la Virgen de Guadalupe siempre ha existido, lo que ha pasado en los últimos tiempos es que se ha tornado más agresiva y grosera, una cosa es no creer y otra muy distinta atacar y lastimar a quien sí cree; de todas maneras el devoto debe aprender a perdonar a quienes no creen, dudan o agreden; el buen cristiano perdona y pide misericordia al Señor por las afrentas”, subrayó.

La celebración eucarística se distinguió por la indulgencia plenaria que se otorgó a los fieles que asistieron a esta misa.

Anoche, a las 20 horas, se celebró la última misa de la jornada con la tradicional subida de la imagen de la Virgen de Guadalupe a su nicho; esta misa estuvo a cargo de monseñor Emilio Carlos Berlie Belaunzarán arzobispo emérito de Yucatán.— Emanuel Rincón Becerra

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