Monjes budistas cuelgan linternas en un templo de Seúl

El ejemplo de los otros permitiría superar la crisis

WASHINGTON (AP).— En 1910, cuando una contagiosa epidemia de peste neumónica asolaba el noreste de China, un médico del país concluyó que la enfermedad se diseminaba por el aire.

Así que hizo algo que había visto en Inglaterra: instruyó a médicos, enfermeras, pacientes y público a que usaran máscaras de gasa.

Al uso pionero de los cubrebocas por el doctor Wu Lien-teh, educado en Cambridge, se atribuye haber salvado las vidas de las personas cercanas a él.

Más de un siglo después, cuando el coronavirus se ha diseminado por todo el mundo, académicos y expertos en salud no logran entender por qué no se aprendieron las lecciones de otros países que habrían ayudado a reducir la cifra de muertos.

“No importa cuánto tiempo viva, no pienso que alguna vez llegue a entender cómo Estados Unidos, con toda su riqueza y sus capacidades tecnológicas y pericia académica, llegó dormido al desastre que está ocurriendo”, dice Kai Kupferschmidt, autor científico alemán.

Corea del Sur, que reportó su primer caso confirmado de coronavirus casi al mismo tiempo que Estados Unidos, ha tenido una incidencia de casos y muertes mucho más baja. Estados Unidos, en contraste, se ha vuelto el epicentro global.

Por supuesto, Estados Unidos es un país mucho más heterogéneo y complejo que Corea del Sur, Taiwán y Singapur, los tres países de Asia que manejaron la pandemia con mejores resultados. Pero mientras ellos reaccionaban con prontitud a la enfermedad, los estadounidenses se comportaban como si las afectaciones a la vida en esas naciones no les llegarían.

Con la experiencia de haber lidiado con otras epidemias peligrosas, los países asiáticos al parecer estaban más preparados que Estados Unidos para responder rápidamente al virus y saber qué hacer. Además, los sistemas autocráticos de China y Singapur pueden actuar sin preocuparse mucho por el descontento público.

Para algunos expertos, sin embargo, la renuencia de Estados Unidos a imitar la conducta exitosa de otros países revela la resistencia a aprender de otras naciones, creyendo que lo que debe hacerse es mejor seguir los preceptos estadounidenses.

“Es como si los estadounidenses pensaran que nada de lo que sucede fuera de sus fronteras es relevante para ellos”, dice la doctora Mical Raz, experta en políticas de salud en la Universidad de Rochester, Nueva York.

“Cuando la gente estaba muriendo en China, era difícil para los periodistas lograr que alguien prestase atención. Pero lo que está ocurriendo ahora es similar a lo sucedido en Wuhan”.

Incluso en una era de globalización, la lentitud de los países en aprender de las lecciones de otros explicaría por qué tan pocos en Estados Unidos comenzaron a prepararse para el brote de la enfermedad luego de que estalló en enero.

La profesora Raz piensa que esa “insularidad” puede verse también en el interior, pues los gobiernos estatales tendieron a considerar irrelevante lo que ocurría en Nueva York y otras zonas hasta que la enfermedad llegó a sus territorios.

Kupferschmidt, graduado en Biología Molecular, recuerda que cuando los científicos alemanes desarrollaron en enero una prueba para detectar el virus y se la entregaron a la Organización Mundial de Salud, que a su vez la ofreció al mundo, los países tuvieron la oportunidad de adelantarse a realizar pruebas rápidas. Se pregunta por qué Estados Unidos no lo hizo.

Funcionarios de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) en Atlanta decidieron desarrollar su propia prueba, como lo han hecho antes. Esa decisión le costó a Estados Unidos al menos un mes de pruebas.

“Tantas oportunidades desperdiciadas”, señaló Kupferschmidt, quien ve un patrón similar en otros problemas mundiales. “Muchos de mis colegas que cubren el clima me dicen: ‘Bienvenido al club’. A menos que los impacte personalmente, la gente simplemente no lo ve”.

Un poco de humildad

Estados Unidos podría beneficiarse si practicara la “humildad cultural”, considera Daryl Van Tongeren, profesor asociado de Psicología en el Hope College, en Michigan. “Es darnos cuenta de que nuestra forma de ver el mundo en solo una, y demostramos curiosidad por aprender de otros”.

“La verdadera innovación viene de tener la mente abierta. Las naciones que se vuelven insulares son las que no avanzan”, advierte.

“En el pasado, los países consideraban que el descubrimiento de curas y vacunas eran asuntos de competencia nacional”, recuerda William Johnston, profesor de Historia de las enfermedades y la medicina en la Universidad Wesleyan.

“La competencia entre los franceses y los alemanes a finales del siglo XIX fue especialmente marcada”.

Aislamiento Detalles

La competencia científica entre países puede también impulsar descubrimientos.

En duda

El profesor William Johnston se pregunta si el tropiezo de Estados Unidos en esta crisis se debió a la renuencia a aprender de otros países o al rechazo a la ciencia.

Cuestionamientos

“Mi opinión de nuestro fracaso apunta a la tendencia de cuestionar la ciencia y crear dudas, comenzando con la lluvia ácida, el agujero en la capa de ozono…”.

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