El profesor de tango argentino Alejandro Aquino tuvo que cancelar una gira por Asia debido a la pandemia

Alejandro Aquino esperaría un año para espectáculos

ROMA (EFE).— El último tango lo enseñó en Venecia, antes de que la pandemia cerrase las fronteras y obligase al profesor de tango argentino Alejandro Aquino a permanecer en la ahora fantasmal Ciudad de los Canales, donde sueña con poder bailar de nuevo.

Aquino habla desde la casa de una amiga que amablemente le ha alojado todo este tiempo al quedarse sin poder volar a su país, como había planeado, una situación en la que aún están cientos de argentinos en Italia.

Este académico corresponsal por la Academia Nacional del Tango de Buenos Aires llegó en marzo pasado a Venecia tras una ausencia de siete años, en los que ha estado en una gira por el mundo para seguir la escuela de baile que abrió hace tiempo en esa ciudad.

Y como muchos más, se quedó atrapado en esta jaula de oro que es ahora Venecia.

“Me quedé en casa, tratando de hacer el menor ruido posible, siguiendo las reglas del gobierno. No pensé que duraría tanto”, afirma.

En abril pasado tenía previsto volver a Buenos Aires para después emprender una gira por Asia, pero ahora no puede salir de su casa veneciana, donde no tiene tampoco espacio para bailar.

Aunque desde anteayer ha podido salir a dar un paseo, como el resto de habitantes de Italia al aligerarse las medidas de confinamiento, asegura que no podía haberse quedado atrapado en un sitio mejor, ya que Venecia es una ciudad a la que ama y conoce desde hace mucho tiempo y donde tiene muchos buenos amigos.

Se habla mucho de deportistas, pero la recuperación de los bailarines tras esta larga pausa será dura, pues, señala Aquino, va a ser muy pesado volver a acostumbrar a los músculos.

“Imagina que yo bailo dos y tres horas seguidas al día”, destaca.

Por el momento no tiene soluciones para regresar, “pero está tranquilo, ya que la situación en Argentina también es trágica, con la gente en casa confinada”.

Espera que en este momento de crisis económica para todos se pueda ayudar a las escuelas de danza, que no han sido consideradas por los gobiernos y están pasándolo mal.

Espera que cuando vuelva a abrir al menos pueda dar algunas lecciones en su escuela en Venecia, aunque lo relacionado a los espectáculos lo ve bastante difícil.

“Creo que tendrá que pasar un año”, asegura.

Pero admite: “No será fácil salir de esta situación para las personas como yo, que tienen trabajos alrededor del mundo, conferencias y espectáculos. Esperemos solo que vuelva la normalidad”.

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