Yoshigei Nakatani y Emma Ávila, padres del cantante Yoshio. Yoshigei además dejó un legado en México: el cacahuate japonés (Foto de conexionmigrante.com)
Yoshigei Nakatani y Emma Ávila, padres del cantante Yoshio. Yoshigei además dejó un legado en México: el cacahuate japonés (Foto de conexionmigrante.com)

La mañana era turbia. Un manto de niebla cubría la vasta extensión del territorio insular de Sumoto, en el sur de Japón.

Yoshigei Nakatani (padre del cantante Yoshio), con sesenta años y una vida completa dedicada al trabajo, volvía a la casa materna cuatro décadas después de partir. Cumplió a cabalidad la palabra que empeñó a su madre: no retornaría en tanto no triunfara. Lo hizo.

Finalmente alcanzó el esquivo triunfo y volvió, mas ya no pudo ver a su madre y hubo de conformarse con visitar su tumba esa mañana plomiza.

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En 1932, con 22 años, Yoshigei emprendió una aventura hacia un país desconocido, donde el destino, la necesidad y su tesón lo llevaron a crear un inventó que degustó todo un país y aún hoy se consume por toneladas.

-Madre -le dijo Yoshigei en aquel lejano año-, triunfaré y entonces volveré a casa. De otra manera, nunca más regresaré.

Invento “japonés” que deleitó a México

Esos recuerdos asaltaban a Yoshigei esa mañana en aquella zona de Japón que evoca los paisajes trazados por Murakami en Tokyo Blues. Era 1970 y ahí estaba, convertido en el triunfador que alimentó a México con un invento cuyo origen, aunque mexicano, lleva hasta hoy la nacionalidad de Nakatani como apellido: el cacahuate japonés.

Una de las primeras envolturas de cacahuates Nipon. Lleva impreso el nombre de Emma Ávila de Nakatani
Una de las primeras envolturas de cacahuates Nipon. Lleva impreso el nombre de Emma Ávila de Nakatani

De la mano de su inquebrantable esposa, Emma, inventó en el barrio de La Merced, en Ciudad de México, la botana que se consume en cantidades ingentes en todo el país. En honor a su tierra natal, bautizó el producto con el inconfundible nombre que le da identidad: Nipon.

Al despedirse de su madre en 1932, Yoshgei se sumó a la oleada de cientos de miles de japoneses que cruzaron el Pacífico en busca de nuevas oportunidades, expulsados por la pobreza en su país.

Llegó a Manzanillo y se puso a trabajar a las órdenes de un compatriota suyo, Heijiro Kato, un rico hombre de negocios dueño de una de las tiendas departamentales más importantes del México de la primera mitad del siglo XX: El Nuevo Japón, que competía con grandes tiendas como El Palacio de Hierro y El Puerto de Liverpool.

Todo comenzó en La Merced

Kato también era propietario de una factoría donde se producían botones de perlas, en la que empleaba a extenso grupo de inmigrantes procedentes de Osaka, a los que se sumó Yoshigei. Para entonces, nuestro personaje ya vivía en La Merced, donde la colonia japonesa era numerosa.

Fue en ese céntrico barrio donde conoció a una joven mexicana, Emma Ávila, de la que quedó prendado y en 1935 contrajeron matrimonio.

Empezaron a formar familia y a integrarse a la vida de la sociedad capitalina de entonces, hasta que en diciembre de 1941 estalló la guerra entre Japón y Estados Unidos, motivada por el ataque a Pearl Harbor.

Los esposos Yoshigei Nakatani y Emma Ávila, en foto captada a mediados del siglo XX en Ciudad de México
Los esposos Yoshigei Nakatani y Emma Ávila, en foto captada a mediados del siglo XX en Ciudad de México

La situación acarreó consecuencias funestas a gran número de inmigrantes nipones en México.

Una de las víctimas fue Kato, quien se vio obligado a cerrar sus negocios, acusado de espionaje para el gobierno japonés.

El empresario, lo mismo que todo el cuerpo diplomático nipón, fue intercambiado por ciudadanos mexicanos y estadounidenses radicados en Japón. Las cosas se ponían difíciles.

Muéganos, el primer producto

Desempleado, con esposa y cinco hijos, en medio de una economía mexicana golpeada por la crisis de la Segunda Guerra Mundial, Yoshigei encontró dificultades para emplearse de nuevo.

En 1943 decidió probar suerte con la fabricación de confitería, un oficio que aprendió en su adolescencia, en Sumoto, una isla de la prefectura de Hyogo.

En un pequeño cuarto de su vivienda en La Merced, él y su esposa empezaron a hacer muéganos, que ellos mismos vendían en el vecindario y tuvieron buena demanda.

Los esposos Yoshigei Nakatani y Emma Ávila
Otra imagen de los esposos Yoshigei Nakatani y Emma Ávila

Animados por este influjo, experimentaron con otro dulce hecho a base de trigo, frito y sazonado con sal, al que llamaron “oranda”, que también tuvo buena aceptación. Pero este éxito era nada contra lo que les aguardaba.

Impulsado por la buena acogida que el público dio a sus caramelos, decidió crear una botana hecha con cacahuate, aderezada con una mezcla de harina de arroz y salsa de soya que recordaba de su niñez.

Cacahuates cubiertos de harina

Pero no pudo encontrar los ingredientes en el mercado local, así que hizo la harina a base de trigo. Y tal como el muégano y la oranda, los cacahuates cubiertos de harina empezaron a tener gran demanda en las viviendas y negocios de los alrededores del mercado de La Merced.

Pronto, las órdenes crecieron a tal grado que Yoshigei y Emma debieron hacer construir unas máquinas caseras para impulsar la producción; ya no se daban abasto manualmente.

Con el crecimiento del negocio, la pareja rentó un predio en el mismo barrio de La Merced, en la calle Carretones, y lo destinaron por completo a la producción de cacahuates.

El barrio de La Merced a mediados del siglo pasado
El barrio de La Merced a mediados del siglo pasado

Para entonces, habían incorporado a sus hijos al negocio y todos contribuían con su parte. Carlos, el hermano mayor, ayudaba a su padre a preparar la masa. Alicia, la hermana más grande, se encargaba de la casa, hacía la comida, lavaba la ropa y cuidaba de los hermanos pequeños, y Graciela y Elvia, las mujeres menores, ayudaban en pequeñas pero importantes tareas, como embolsar el producto en celofán.

En 1950 surge el nombre de Nipón

Era 1950 y el negocio había prosperado. Yoshigei decidió entonces darle una identidad y bautizó el producto en honor de su tierra natal: Nipon, al mismo tiempo que pidió a su hija Elvia, quien mostraba dotes de dibujante, hacer la figura de una geisha como distintivo de la marca.

Una imagen más moderna del conocido cacahuate nipón
Una imagen más moderna del conocido cacahuate nipón

Fue el origen de un nombre y logotipo bien conocidos en México, que dieron identidad a un producto que el pueblo empezó a llamar cacahuates japoneses, aun cuando su origen es 100% mexicano.

En los años 70, con el impulso de los hijos, la empresa se desarrolló aún más y salió de La Merced para instalar una planta de producción en un área industrial de la capital.

En esa misma década agregaron una variedad de cacahuates japoneses con chile, y para los años ochentas, época de interminables crisis económicas y crecimiento de la competencia para el cacahuate, crearon nuevos productos, entre ellos el chamoy, que junto con los Nipon mantuvo la fuerza del negocio, principalmente bajo el liderazgo de los hermanos Armando y Graciela.

Legado en las botanas y la música

En 2017 la marca fue adquirida por el conglomerado La Costeña, a raíz de lo cual la familia creó un nuevo negocio bajo el nombre Dulces Komiru.

Yoshigei Nakatani falleció el 9 de septiembre de 1992, dejando un legado ampliamente conocido en el mercado de las botanas en México. Emma murió dos años después. Procrearon seis hijos.

El 15 de octubre de 1949 nació Gustavo, un joven que desde temprana edad mostró atributos de nobleza y decidió seguir la carrera de cantante.

El cantante Yoshio, cuyo nombre era Gustavo Nakatani Ávila, es una de las víctimas más célebres del Covid 19 en México
El cantante Yoshio, cuyo nombre era Gustavo Nakatani Ávila, es una de las víctimas más célebres del Covid 19 en México

Adoptó el nombre de Yoshio, que en japonés significa “hombre noble”. El intérprete de educada, acariciante voz, ganó el festival OTI en 1981, con la canción “Lo que pasó, pasó”, de Felipe Gil.

Hace solo unos días, a la edad de 69 años, Yoshio se convirtió en una de las víctimas más célebres del Covid-19. El mal pandémico le arrancó la vida el miércoles 13 pasado, en el hospital Xoco de Ciudad de México.- Por Olegario M. Moguel Bernal (con información de Discover Nikkei. Japanese migrants and their descendants).