En un experimento

MADRID (EFE).— ¿Qué pasa si a un mono le enseñas un avatar de mono? ¿Cómo reacciona y cómo de parecido a él tiene que ser para que no le cause rechazo? Un equipo de investigadores constató que los primates reciben mejor aquellos dibujos más realistas.

Se trata de un experimento realizado con monos Rhesus y con cinco tipos de avatares distintos para examinar sus reacciones; los resultados se publican en la revista “eNeuro” y, según sus autores, podrían ayudar a estandarizar los estudios de cognición social con estos animales.

“Valle inquietante”

Los humanos se sienten más cómodos cuanto más parecidos son los robots humanoides a las personas, pero llega un punto en que estos pueden resultar espeluznantes, señala en un comunicado la Sociedad de Neurociencia (en Estados Unidos), editora de la revista “eNeuro”.

Este efecto en el campo de la robótica se conoce como “valle inquietante” y sirve para explicar que a medida que los robots, las figuras o los dibujos se asemejan cada vez más en apariencia a los humanos, este reaccionará con mayor empatía, pero llegará un punto en que esa empatía termine y el observador sentirá rechazo.

Una vez en ese valle y cuando el parecido del robot con el humano sea casi del cien por cien, la reacción volverá a ser positiva.

El efecto de “valle inquietante” también afecta a los monos, lo que se convierte en un problema cuando los científicos utilizan caras de monos animados para estudiar el comportamiento social.

Sin embargo, según los experimentos de este trabajo, los monos superan este valle cuando se les presenta un avatar de mono suficientemente realista creado con la tecnología de animación de la industria del cine.

Para comprobarlo, los investigadores compararon cómo reaccionaron ejemplares de monos Rhesus ante cinco tipos de rostros de monos: imágenes de vídeo de monos reales, un avatar de aspecto natural con pelaje y detalles faciales, un avatar sin pelaje, un avatar en escala de grises y un rostro de alambre.

Los monos del experimento miraron la cara de alambre pero evitaron cruzarse con los avatares sin pelo y en escala de grises, mostrando en acción el extraño efecto del “valle inquietante”, según la misma nota.

Pero el avatar de aspecto natural con pelaje superó este efecto: los monos observaron al modelo e hicieron expresiones faciales sociales, comparables a como actuarían con monos reales.

Según los autores de este estudio, el uso de este tipo de avatares hará que los estudios de cognición social sean más estandarizados y replicables.

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