Felipe Moreira aún recuerda la voz grave que todas las mañanas, casi gritando, lo despertaba desde el pasillo: “¡Felipe, David, time to wake up!”.
Era 1988, tenía 12 años y estudiaba en Estados Unidos de intercambio. David dormía en la litera de abajo, continúa.
“De hecho, podía escuchar a Mr. Hill abrir la puerta de nuestra habitación, pero antes de que pudiera decirme algo, yo ya estaba listo para prepararme y salir hacia la escuela, no me costaba ningún trabajo levantarme”.
¿Qué hace el botón de “snooze”
Tiempo después, en algún momento, Felipe descubrió el botón de “snooze” y aprendió a disfrutar totalmente los últimos minutos antes de tener que despertar.
¿Qué hace este célebre botón, el gran aliado de los que nos encanta dormir? Retrasa la alarma unos 10 minutos y repite el ciclo del despertador varias veces hasta que uno decide por fin poner el pie en el suelo.
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Algunos lo utilizan ocasionalmente, mientras que otros son unos auténticos profesionales del asunto, llegando incluso a programar la alarma con mucha antelación para poder arañar esos deliciosos minutos en horizontal.
¡Despierta, el Covid 19 está aquí!
“La primera vez que supe del coronavirus fue en un meme, no me dio mucha risa porque ni siquiera sabía de qué hablaban. Lo ignoré, presioné el botón ‘snooze’ y seguí con mi vida”, prosigue Felipe, coach certificado en Inteligencia Emocional y HeartMath Certified Trainer.

Luego escuchó que había gente muriendo en China… “Muy lejos: ‘snooze’”.
Unas semanas después se presentaron los primeros casos de la epidemia en Estados Unidos y se anticipó que no tardaría su llegada a México. “’Snooze’, podemos seguir haciendo lo mismo de siempre”.
Hasta el día en que el virus hizo su aparición en el país y con él la noticia de que habría un paro total de actividades. Todos tendríamos que entrar en cuarentena porque estar afuera era (continúa siendo) muy peligroso.
“Para mí fue como ‘¡Felipe, David, time to wake up. Es hora de despertar!’”.
Otra perspectiva ante la nueva realidad
Al instante, acordó con su esposa que sus hijos ya no irían a la escuela hasta que esto terminara. Esto fue una semana antes de que el confinamiento obligatorio fuera oficial.
“Sin embargo, aun con las medidas de seguridad sanitaria y con la epidemia en plena expansión, muchos siguieron presionando el ‘snooze’, como mi papá, que con 73 años siguió saliendo a lugares públicos por dos semanas más. Todavía hoy le cuesta trabajo ajustarse a quedarse en casa, así como hay mucha gente que hace caso omiso de las restricciones”.
“No se trata sólo de despertar, se trata de crear una nueva perspectiva ante una nueva realidad”, sentencia Moreira, mentor de desarrollo desde estudiantes hasta directores ejecutivos.
Se siente como si, durante mucho tiempo, la gente hubiera estado corriendo en el “modo default”: levantarse, vestirse, ir a trabajar, ejercitarse un poco, regresar a casa, cenar y dormir. Día tras día, persiguiendo fortuna, reconocimiento, fama, seguidores, likes, etc.
Felicidad, el objetivo
“No insinúo que trabajar duro por una meta esté mal. Sin embargo, muchas personas han sacrificado su familia para alcanzar esos objetivos, además, la mayoría de la gente ha dejado de cultivar su espiritualidad”.
En otras palabras, indica el experto en coaching, cuando las metas materiales o de fama se vuelven “tu propósito de vida”, estarán lejos de traerte felicidad.
Con la excusa de que “no se puede tener todo lo que quieres”, acabas sacrificando lo que realmente te hace feliz.
Pero la verdad es que sí se puede tener todo lo que uno quiere, el truco está en no dejar atrás el espíritu, la familia, la profesión o a uno mismo, subraya.
“Ahora que tienes tiempo para pensar y reflexionar, recuerda qué es lo que más te importa. Es muy probable que priorices tus intereses, necesidades y satisfactores en un orden diferente”.
Dimensiones humanas para una perspectiva completa
Tras señalar que comprender las distintas dimensiones del ser humano es clave para entender su evolución y crecimiento en todos los aspectos, Moreira plantea algunas preguntas que todos deberíamos hacernos en torno a estas cuatro dimensiones:
Espiritual. Esta dimensión alude a generar una relación cercana y amorosa con nuestro creador, entender que todos estamos conectados, somos todos parte de un gran universo que no existe o funciona de manera aleatoria, que ver hacia adentro es tan o más importante que ver hacia afuera. Pregúntate:
- -¿Cómo puedo cultivar mi espíritu, mi alma?
- -¿Cómo puedo conectar espiritualmente con los demás?, ¿los trataría diferente?
- -¿Cómo puedo fluir con el universo y servirle?
- -¿Qué tipo de líder quiero ser?
- -Si crees en Dios, ¿cómo puedes cultivar tu relación con Él?
- -Si no crees en Dios, ¿cómo puedes cultivar tu relación con el universo, la naturaleza o cualquier otra explicación que encuentres factible para darle sentido a la vida?
Familiar. Cuando nos casamos y prometemos amar, respetar y honrarnos mutuamente, hasta que la muerte nos separe, lo decimos en serio, con inteligencia y voluntad.
Trascender a través de la familia, dejar un legado a través de nuestros hijos y seres amados es parte de nuestra naturaleza.
Demasiado seguido permitimos que las dificultades, desacuerdos o malentendidos nos hagan olvidar esas metas. Pregúntate:
- -¿Realmente estoy honrando mi promesa?
- -¿Qué legado estoy dejando a mis hijos?
- -¿Cómo puedo trascender a través de la familia?
- -¿He llevado la espiritualidad a mi familia?
- -¿Cómo puedo cultivar mis relaciones con mis familiares?
Agregar más valor de lo que se espera
Profesional. El crecimiento en la carrera profesional viene aprendiendo a agregar valor a lo que hacemos. Esa es la gran diferencia entre un CEO, un gerente o un albañil.
Agregar valor no significa agregar horas de trabajo. La gente que crece en las empresas es aquella que entiende cómo agregar más valor de lo que se espera de su puesto.
Al hacerlo, también su satisfacción tiene un crecimiento y probablemente sus ingresos. Aplica igual para los empresarios. Pregúntate:
- -¿Estoy agregando el valor que se espera de mí?
- -¿Realmente vale la pena dedicarle más de 12 horas al día?
- -¿Estoy sacrificando mi familia y espiritualidad por el trabajo? ¿Vale la pena?
- -¿Veo a los demás como medio o como fin?
- -¿Cómo puedo cultivar mis relaciones en el trabajo?
- -¿Qué puedo hacer para agregar más valor y qué tipo de liderazgo requiero?
Self. Esta dimensión se refiere a tener capacidad mental y física para alcanzar las metas espirituales, familiares y profesionales.
Tenemos una capacidad de aprender que dura durante toda nuestra vida. Cultivar el conocimiento es opcional y depende de tus metas a largo plazo (si es que tienes).
Físicamente, si comes sanamente, no necesitas hacer dieta y ejercitarse puede ser 15 minutos al día. Pregúntate:
- -¿Estoy cuidando de mi cuerpo y mente?
- -¿Mi cuerpo está listo para los retos que mis metas a largo plazo requieren?
- -¿He identificado mis fortalezas y debilidades?
- -¿Estoy consciente de mis emociones y cómo influyen en mis decisiones?
- -¿Cuáles son mis aspiraciones y metas a largo plazo o trascendentales?
- -¿Qué debo aprender para agregar más valor, tener una familia más integrada y cultivarme espiritualmente?
Después de dejar de apretar el “snooze”
A continuación, el mentor en desarrollo comparte cuatro sencillos pasos para un cambio exitoso:
UNO
Pregunta a tu corazón qué es lo que más te importa. No lo que la sociedad, comunidad, familia o tradición dicen que es importante, sino qué es lo que importa para TI.
En la siguiente dirección podrás ver un ejemplo perfecto de reacomodo de prioridades que nos ofrece Stephen Covey, conferenciante, líder religioso y profesor estadounidense, autor del libro superventas “Los siete hábitos de las personas altamente efectivas”: https://www.youtube.com/watch?v=77v8T51HngM
DOS
Recuerda el dicho africano: “Si quieres llegar rápido, ve solo, si quieres llegar lejos, ve acompañado”.
Involucra a tus stakeholders en el proceso. Habla con tu pareja, tus hijos y papás, habla con tu jefe, compañeros y empleados, pero también habla con tu sacerdote, pastor, rabino, chamán o guía espiritual.
Averigua sus expectativas y alinéalas a tu propia visión.
TRES
Escribe un plan de acción y compártelo con muchas personas.
Si no lo escribes, puede ser muy fácil de olvidar.
Si lo escribes y lo guardas en un cajón, no hay consecuencias si no lo cumples. Pero cuando lo compartes, no sólo te comprometes contigo mismo, sino con los demás.
CUATRO
Experimenta nuevas formas de llevar tu vida. Si no funciona, planea y experimenta nuevamente hasta que funcione.
Cuando funcione, practícalo hasta que se vuelva parte de ti…
¡Empieza ahora!
