Por Patricia Garma Montes de Oca
Con una canción que remite a la fugacidad de la vida e invita a disfrutar del momento, “Beau Soir” (Bello Atardecer) del francés Claude Debussy, la soprano Mía Monforte y el pianista Alberto Álvarez dieron inicio al concierto “Canciones del mundo”.
Uno de los más recientes conciertos disponibles en línea en la página de la Sedeculta que nos llamó la atención precisamente porque conocemos la trayectoria de ambos y el buen acoplamiento que tienen debido a que hace más de veinte años hacen mancuerna musical.
La versatilidad que se adivinaba por el título del recital tampoco era para pasarlo por alto.
Grandes intérpretes
Grandes voces de la ópera como la norteamericana Renée Fleming, la francesa Veronique Gens y la alemana Diana Damrau, ya sea con acompañamiento de piano, arpa u orquesta, han interpretado “Beau Soir”, una de las piezas de juventud de Debussy que con delicadeza y elegancia anticipaba lo grande que sería este compositor.
Del ruso Sergei Rachmaninoff se escuchó como segunda pieza “Zdes khorocho” (Se está bien aquí).
“Mira, el río brilla y echa chispas como fuego, las flores parecen una gran alfombra de colores, aquí no hay nadie, aquí solo hay silencio, aquí solo estamos Dios y yo, las flores, el viejo pino y tú, mi sueño”, dice la letra.
“Morgen”, del alemán Richard Strauss siguió en el repertorio que Mía iba explicando a un público remoto al que también agradecía imaginarios aplausos.
“Y mañana el sol brillará otra vez y, por el camino que recorreremos, nos encontraremos los dichosos en el centro de esta tierra bañada de luz y hacia la extensa playa de olas azules descenderemos callados y lentamente nos miraremos a los ojos y sentiremos el silencio de la felicidad”.
De Italia, Mía entonó luego, de Salvatore Cardillo “Core’ngrato” (Corazón ingrato), una de las canciones napolitanas más interpretadas por tenores y sopranos; las versiones más famosas son las de tres grandes italianos Enrico Caruso, Luciano Pavarotti y Mario Lanza. La letra dice:
Catari, Catari,
¿Por qué me dices estas palabras amargas?
¿Por qué hablas y mi corazón
Me atormenta, Catari?
¡No olvides que te di mi corazón, Catari!
¡No te olvides!
Catari, Catari, ¿Qué te propones al decir
Esos discursos que me causan dolor?
¡Tú no piensas en este dolor mío!
¡Tú no piensas! ¡Tú no tienes corazón!
Luego de esa pieza, Alberto Álvarez cedió el piano a la soprano para que ella misma se acompañara en una canción de cuna del español Manuel De Falla, “Nana”, una joya en miniatura de De Falla con claro sabor oriental.
Travesía por América
Siempre sentada al piano, Mía pasó de Europa a América con “Somewhere” del musical “West side story” de Leonard Bernstein.
Con Alberto Álvarez de vuelta al piano Mía entonó acto seguido “La rosa y el sauce” del argentino Carlos Guastavino, el mismo autor de la conocida canción “Se equivocó la paloma”; una pieza encantadora que tampoco puede faltar en los recitales de antología y cuya letra describe de una manera sencilla y simbólica las pérdidas y las decepciones (como aquella “¿Y tú que has hecho” de Compay Segundo):
La rosa se iba abriendo /abrazada al sauce. El árbol apasionado/ la amaba tanto! /Pero una niña coqueta /se la ha robado, y el sauce desconsolado /la está llorando.
Ternura mexicana
Finalmente, soprano y pianista llegaron a México con la canción “Ternura” del veracruzano Mario Ruiz Armengol:
Ternura / Lo que yo pido es ternura /No quiero tu sacrificio /De fingirme un cariño que no sientes
Ternura/Lo que yo pido es ternura /No importa que no me quieras /Solo pido que me trates con ternura/ No más.
Del zacatecano Tomás Méndez, se escuchó un arreglo de “Cucurrucucú Paloma” con Mía de nuevo al piano y, finalmente, una pieza de musicalidad maya, “Los xtoles”.
Reto cumplido
Del recital no solo se agradece la experiencia, entrega y sensibilidad de sus protagonistas, también la esmerada selección de temas, debió ser todo un reto para Mía interpretar un rango tan amplio de estilos, épocas y nacionalidades, y que siempre trae consigo riesgos, como que las piezas no salten esa imaginaria línea de la sala de conciertos a un contexto más íntimo y bohemio, más popular, porque finalmente era un repertorio lleno de romanticismo y nostalgia digno de una tertulia bohemia con amigos, vino y luz de luna, sin embargo Mía nos prodigó interpretaciones correctas y cuidadosas, canciones que se nota conoce bien y domina con academicismo.
Del repertorio, nos quedamos con su interpretación de “Nana”, “Cucurrucucú Paloma” y “Ternura”, que nos acarician el alma ya lejos del último acorde, y con el acompañamiento siempre preciso de Alberto Álvarez que realzaron la belleza de las composiciones.
