El Macay en la Cultura
María Teresa Mézquita Méndez(*)
En el Museo “Fernando García Ponce” Macay, la sala permanente del maestro Fernando Castro Pacheco resguarda una de las obras maestras del yucateco, pieza que en su esencia acoge también el espíritu de ceremonia y homenaje para recordar, con todos los honores, a los fallecidos y que año con año vuelve a evocarse, a publicarse y a compartirse cuando se trata de ilustrar las tradiciones ancestrales de Yucatán.
La pieza lleva el título de “Hanal Pixán” (así fue nombrada antes que se recomendara el uso de “Janal…”) y en ella una mestiza se encuentra de espaldas frente a una mesa de altar. Al respecto, en su comentario “El color y los cuerpos en la obra de Fernando Castro Pacheco” publicado en marzo de 2018 en esta misma columna, Gabriela Trinidad Baños escribió que en esta pieza “El aura con tonalidades de cempasúchil ilumina el ritual y, de igual forma, a quien espera la llegada de los que ya no están. Como un recuerdo de infancia, el juego claroscuro que utiliza el artista enmarca la vida y la muerte en cada línea, lo permanente y lo etéreo”.
La pieza, de 180 por 130 cm. realizada al óleo y fechada en 1975, combina precisamente el aura de misterio con las zonas de gran luminosidad, con el inconfundible estilo lineal y al mismo tiempo de grandes manchas que reconocemos en el maestro Castro Pacheco. Pero más allá de la precisión o maestría de su estilo se encuentra la conexión que logra con el espectador al brindarle en un escenario total, la sensación de la luz que tiembla en las velas encendidas, del humo del incienso que nubla parcialmente la mirada y de la colección de objetos sencillos que en su pureza evocan lo cotidiano que se sublima. Es decir, más allá que una mirada o representación costumbrista o folclórica y también fuera de clasificaciones y corsés (escuela mexicana, escuela realista…) el lienzo del maestro yucateco invita al espectador a ser parte de esa ofrenda, y también y como ella, de espaldas, a ignorar al mundo tangible para esperar lo universal, lo trascendente.
Probablemente debido a esa virtud de tocar lo universal fue que en 2012, cuando aún vivía don Fernando, la pieza fue invitada a una exposición con motivo del día de muertos que presentó el Museo Nacional de Arte Mexicano (NMMA por sus siglas en inglés) de Chicago, en Estados Unidos.
En aquellos tiempos anteriores a Trump —tiempos que parecen regresar— el NMMA organizaba la XXVI muestra anual de altares mexicanos de diferentes entidades del país. En aquel año correspondió a los de Yucatán, de manera que este cuadro, el primero de un yucateco en se exhibido ahí, fue pedido en préstamo (pertenece a la Secay) para su exposición en el recinto estadounidense que, por cierto, tiene la colección más grande de arte mexicano de los Estados Unidos.
La muestra llevó el nombre de “Hanal Pixan. Food For The Souls” y tras ser exhibida ahí durante tres meses (y después de 12 años de iniciar los trámites para gestionar su préstamo) la pintura regresó a su casa en Mérida a mediados de diciembre de 2012 y desde entonces se encuentra en la sala permanente de Castro Pacheco en el museo “Fernando García Ponce” que ya se encuentra abierto y que con todas las medidas de precaución espera al visitante a sus salas. Más información en la página del Macay y sobre el NNMA en su sitio de internet http://nationalmuseumofmexicanart.org/
Periodista cultural
