Trabajadores portando equipo de protección guían a los pasajeros que llegan del Reino Unido a la India. Docenas de países impusieron fuertes restricciones de viaje al Reino Unido por la aparición de una cepa nueva y aparentemente más contagiosa del coronavirus en Inglaterra

Salud y Vida

Yeusví Maley Flores Cazola(*)

La evolución darwariana nunca había estado mejor representada. El virus SARS-CoV-2 decide cerrar con broche de oro el que sin duda alguna ha sido su año y nos trae de regalo una nueva cepa, producto de una mutación y la cual ha sido denominada como N501Y.

Es esencial recordar que todos los virus están formados por cadenas de Ácido Ribonucleico ARN, envueltos por proteínas. En el caso del nuevo coronavirus una de esas proteínas llamada S (spike), y que por cierto le brinda esa imagen de corona; es la encargada de la interacción directa con las células humanas.

Una parte de ella permite el enganche con la célula y la otra subunidad le confiere la posibilidad de introducirse dentro de la misma.

La finalidad de todos los virus es utilizar los componentes de las células para multiplicarse.

El sistema inmunológico del ser humano suele utilizar esas proteínas de superficie en los virus para identificarlos y poder desencadenar la protección que caracteriza a este sistema. De tal manera que muchas vacunas inician su desarrollo con la tipificación de estas proteínas de superficie, que brinda la oportunidad de rastrear a un virus particular, para que una vez detectado se conozcan los de más componentes que lo integran y de esa manera poder hacer una vacuna mucho más específica contra el mismo.

Las proteínas están conformadas por la unión de muchos aminoácidos y es precisamente las múltiples combinaciones que pueden generarse de estas uniones, de las que hábilmente hacen uso los virus, en un intento de engañar al sistema inmunológico. Esto es conocido por la ciencia desde los inicios en los que Charles Darwin mencionaba la capacidad de adaptación que debe tener toda especie para poder sobrevivir.

“Cambio de ropa”

Pongámoslo de otra manera, la primera vez que conocemos a alguien nuestro cerebro la identifica, escaneando cada una de sus características, incluyendo la ropa que lleva en ese momento.

En un segundo encuentro es poco probable que vuelva a estar usando la misma ropa, pero eso no impedirá que nosotros sepamos quién es.

Si trasladamos este ejemplo al coronavirus, de inicio se presentó ante nosotros con la proteína S de una determinada manera y nuestro sistema inmunológico lo identificó como nuevo.

Hoy una mutación o cambio entre los aminoácidos que la conforman hace que se presente con la proteína S-N501Y, intentando engañar a nuestro sistema inmunológico, para así poder asegurar su replicación y contagio, sin embargo; para aquellos quienes han padecido la enfermedad, el sistema inmunológico podrá identificarlo, puesto que simplemente ha cambiado en su superficie, o de ropa, según el ejemplo anterior.

Camuflaje

Retomando lo escrito previamente, ese cambio en la proteína responsable de la interacción directa con las células, si bien no permite un camuflaje inmunológico, si le confiere ciertas características como el poder replicarse más rápido y ser más contagioso, y las cuales aún estaremos por conocer. Hasta el momento lo único cierto es que esta cepa tiene una prevalencia del 60%; es decir, 60 de cada 100 personas padecerán coronavirus SARS-CoV-2-N501Y.

Si bien el SARS-CoV-2 hace uso de todos sus recursos en esta lucha constante de especies, el ser humano ha hecho esfuerzos nunca antes vistos; ha conjuntado tecnología, ciencia, evidencia, y ha avanzado a pasos agigantados para crear una vacuna, que sería muy pronto desestimar como efectiva para esta nueva cepa, ya que como menciono, el desarrollo esencial incluye, si no la totalidad, sí todas las características conocidas del virus hasta el momento, y no solo a la proteína de superficie que le regala su corona.

Si bien el miedo es el vehículo que ha utilizado este agente etiológico, no debemos permitir desestimar los avances científicos que se han hecho: los virus podrán seguir mutando como la han hecho a lo largo de la humanidad, y de manera paralela, el ser humano continuará con la evolución que ha permitido y permitirá la supervivencia de nuestra especie.

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