Hablemos de Bioética
En la anticoncepción, conjuntamente el hombre y la mujer se reciben el uno al otro evitando, ciertamente, suscitar una nueva vida, pero sin inscribir ese rechazo en la estructura misma del acto conyugal que realizan, y de nuevo, te repito, siempre abiertos a la vida nueva, si viniera.
Lo que es moralmente negativo es instalar voluntariamente el “no a la vida” en la estructura misma de la sexualidad masculina o femenina (anticoncepción, contracepción, preservativo, etc…) y no el tener, por razones válidas, relaciones físicas que serán de hecho infecundas.
A través de los métodos naturales, los esposos adoptan una manera de vivir verdaderamente personal y humana el conjunto de su sexualidad en su doble aspecto de amor y de fecundidad; mientras que, por la contracepción, se contentan con controlar y dominar las consecuencias biológicas de sus actos sexuales.
“In vitro”
Es inmoral la fecundación “in vitro” porque hay separación del aspecto unitivo y procreativo en el acto sexual. Además, en esta fecundación deben ser fecundados muchos óvulos hasta lograr que uno de ellos se desarrolle suficientemente “in vitro” para poder ser implantado en el endometrio (útero) femenino. Consecuentemente, son desechados o congelados, o incluso utilizados en investigaciones el resto de los ovocitos fecundados; todo lo cual constituye algo intrínsecamente inmoral.
Te pongo aquí también una cita que encontré en el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, publicado el 2 de abril de 2004 por el Pontificio Consejo Justicia y Paz, relacionado con varios mandamientos, al menos con el quinto y el sexto:
Es necesario reafirmar que no son moralmente aceptables todas aquellas técnicas de reproducción —como la donación de esperma o de óvulos; la maternidad sustitutiva; la fecundación artificial heteróloga— en las que se recurre al útero o a los gametos de personas extrañas a los cónyuges. Estas prácticas dañan el derecho del hijo a nacer de un padre y de una madre que lo sean tanto desde el punto de vista biológico como jurídico.
También son reprobables las prácticas que separan el acto unitivo del procreativo mediante técnicas de laboratorio, por ejemplo la inseminación y la fecundación artificial homóloga, de forma que el hijo aparece más como el resultado de un acto técnico, que como fruto natural del acto humano de donación plena y total de los esposos.
Evitar el recurso a las diversas formas de la llamada procreación asistida, la cual sustituye el acto conyugal, significa respetar —tanto en los mismos padres como en los hijos que pretenden generar— la dignidad integral de la persona humana. Son lícitos, en cambio, los medios que se configuran como ayuda al acto conyugal o en orden a lograr sus efectos (número 235).— Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos, doctorando en Bioética.
