Uno, dos, tres… por la adultez
Antonio Alonzo Ruiz(*)
El relato de Julius acerca de la amenazante cercanía del poder imperial en contra del bautista provocó sepulcral silencio en el campamento.
Con clara intención de tranquilizar a Julius como a todos cuantos escuchamos la descripción del peligroso escenario venidero, el profeta —con notable serenidad— preguntó: ¿Qué más has escuchado del Maestro Bueno? Cuéntanos, querido Julius.
Tuvimos otro encuentro con el Rabbuní, recordó con alegría el centurión.
Pasaba la hora nona cuando llegó a casa de Decio, Alpheus —hombre bueno y temeroso de Dios— padre de Leví Mattan Yah, oficial de la administración de tributos públicos en Kéfar Nahum.
Nos relató orgulloso y con vivos detalles que su hijo Leví había sido llamado por el Rabbuní a seguirle más de cerca.
Alpheus contó también que su hijo daría en su casa un banquete en honor al Maestro y que —expresamente— le pidió que invite a Zakkay de Yériho, jefe de Leví y de la hacienda pública Yehudí, a Decio, “generoso” lugarteniente romano y a mí, recordó Julius.
¿Y qué pasó?, preguntó con interés el bautista.
Leví invitó a grandes personajes de la vida política y religiosa de Ha Galil.
Yeshuá, por su parte, parecía no importarle ni los cargos ni los lugares asignados por Leví para cada uno en el banquete; invitó a todos a acercarnos a él y quien así lo quiso, pudo sentarse a los pies del maestro para escuchar y contemplar —por largo tiempo— su palabra.
Psicólogo clínico, UVHM. Manejo de Emociones y Envejecimiento. WhatsApp: 999-346-62-06. @delosabuelos Antonio Alonzo
