Ofrece el ayuno y las oraciones a Dios en silencio
“Las prácticas de la Cuaresma, el ayuno, la limosna y la oración, son totalmente para Dios, no para quedar bien con nadie en absoluto, sino solo con el Señor”, expresó el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, en la misa de Miércoles de ceniza que presidió ayer en la Catedral de Mérida.
“Algo que Jesús echó en cara a los fariseos y a los escribas fue la hipocresía de una religiosidad totalmente falsa porque no se predicaba por amor a Dios sino por amor a sí mismos”, dijo en la homilía de la misa matutina. “No se practicaba por amor a Dios, solo pretendían conservar buena fama ante los demás que los veían”.
Resaltó que “esa hipocresía los llevaba a sentirse con derecho de juzgar y acusar a todos los demás que no eran como ellos”. Sus prácticas eran las mismas: ayuno, oración y limosna “pero lo realizaban en forma ostentosa, para nada discreto”.
Sin recompensa
Jesús declara que esa forma de actuar no obtendrá ninguna recompensa de parte de Dios, “pues si buscas el aplauso de los hombres esa será tu recompensa; tu religiosidad, por más intensa que sea, se volverá estéril y sin trascendencia… Ese aplauso lo pueden buscar los artistas, pues eso significará que su actuación o su obra ha tenido éxito divirtiendo, entreteniendo, emocionando o elevando a su público”.
Pero, dijo monseñor, “si el artista es buen cristiano pasará interiormente ese aplauso al Señor diciendo ‘Gloria al padre, al Hijo y al Espíritu Santo’. Lo mismo sucede con quien gobierna: no ha de buscar aplauso ni reconocimiento alguno, sino dar un buen servicio; y si el gobernante es un buen cristiano entonces tendrá en su mente y en su corazón las palabras del Señor: ‘no somos más que siervos inútiles, solo hemos hecho lo que teníamos que hacer’”.
Puso de ejemplo a las personas que durante la pandemia han ayudado a los necesitados siguiendo la enseñanzas de Jesús —“que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha”— “y así han acumulado enormes tesoros de la gracia de Dios”, aseguró el arzobispo.
“A ellos se les puede olvidar lo que han dado, pero Dios nunca lo olvidará y lo tomará como un bien dado a él mismo. Mientras otros van maldiciendo, tú has ido alabando al Señor en el interior de tu hogar, en la cruz de la cama de un enfermo o en tu interior mientras trabajas; o en el corazón de un médico o de una enfermera mientras atienden a un enfermo”.
Rezar en silencio
“La pandemia ha sido un tiempo de profunda contemplación en medio de la acción”, añadió monseñor Rodríguez Vega.
“Cerraste la puerta y oraste en secreto y tu padre te ha escuchado y te recompensará. ¿Cuántos ayunos se han hecho durante la pandemia por parte de todos aquellos que no han tenido tiempo ni para comer con tal de no interrumpir el servicio a Cristo enfermo, a Cristo pobre, a Cristo en depresión y tristeza?”, preguntó. “Quien haya hecho esto se habrá sentido muy satisfecho en su interior pero además su Padre, que lo ve en secreto, lo recompensará”, aseguró.
Camino a la Cuaresma
Ayer Miércoles de ceniza, la Iglesia comenzó el camino hacia la Cuaresma.
En la celebración en la Catedral, el arzobispo bendijo la ceniza y después la dejó caer sobre la cabeza de los feligreses utilizando una cuchara desechable como una medida sanitaria debido a la actual pandemia.
En los años anteriores, los sacerdotes y obispos ponían la ceniza en forma de cruz en la frente de las personas utilizando los dedos.
Otro cambio en el rito fue que el arzobispo dijo solo en una ocasión “Recuerda que eres polvo y al polvo has de volver” antes de empezar a poner la ceniza; en los años anteriores se decía esta frase a cada persona.
El padre Justo Ceballos Uc, rector de la Catedral, celebró con el arzobispo ante decenas de personas que ingresaron al templo después de cumplir medidas sanitarias.— Claudia Ivonne Sierra Medina
