Foto: Megamedia

Renglones

Margarita Díaz Rubio(*)

Y ahora resulta que ese pequeño y redondito chile —verde o rojo— del que nos hemos enchilado multitud de veces y del que nos sentimos tan orgullosos los yucatanenses no es oriundo de la tierra del faisán y del venado.

Una investigadora del Instituto de investigaciones históricas de la UNAM ha escrito un texto en el que narra las peripecias que ha tenido esa cosita que es tan picona, que muchas veces nos ha acalorado al grado tal que saltamos y brincamos pidiendo ayuda.

Los que vivimos en esta era tecnológica nos asombra la manera en la que los antiguos navegantes surcaban los mares. Los mayas, buscando la manera de vender sus productos, se lanzaban al mar y llegaban a islas y países remotos, lo que propició con la península yucatanense un intercambio de semillas y de productos no perecederos que unificó las islas caribeñas y varios lugares de América del Sur.

Hemos sabido, desde siempre, las propiedades del chile en la alimentación y más que nada la del chile habanero que, junto con la tortilla ha ayudado a la sobrevivencia de la gente que no tiene acceso a una alimentación balanceada. El chile habanero ha sido fuente de trabajo en la elaboración de las famosas y diferentes salsas que se exportan a distintos puntos de la Tierra y ahora hemos logrado que la denominación de origen del chile habanero se identifique con Yucatán.

Historia

Según la investigadora —que se declara como estudiosa y apasionada del chile desde hace más de 30 años— este chile pertenece a la especie conocida como “Capsicum” en una gran familia de plantas con más de 2,500 especies. Ella declara que el chile habanero fue la primera planta doméstica en la época prehispánica con una antigüedad de más de 6,000 años a.C.

Una persona que viajó a Indochina me comentó que después de casi 23 horas de volar en avión desde un punto de Estados Unidos, al abrirse la puerta del aeroplano lo primero que vio fueron unos esplendorosos framboyanes que rodeaban el aeropuerto de la primera ciudad que visitó. Fue grande su desilusión al constatar que ese árbol no era exclusivo de Yucatán.

En la tristeza de caer en la cuenta de que el chile habanero no es de la tierra que nos vio nacer llegamos a la conclusión que siempre debemos tener muy presente: en cuestión de vegetación, nada es privativo de ningún país y que todo es de todos los que habitamos este globo terráqueo.

Presidenta del Patronato Pro Historia Peninsular. mardipo1818@gmail.com

 

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