Alrededor del 30% de la población adulta tiene presión arterial elevada, una enfermedad que duplica el riesgo de infarto cardíaco, triplica el de evento vascular cerebral (EVC) y aumenta el de insuficiencia cardíaca y de eventos vasculares periféricos, además de que puede causar daño renal y, en edades avanzadas, amenazar con deterioro cognitivo.
La hipertensión forma parte de la historia natural de las enfermedades cardiovasculares, que comienzan con la aparición temprana de factores entre los cuales la presión arterial alta es el principal. Ésta es responsable de daño vascular en órganos vitales, como corazón, riñones y cerebro.
Así lo explica Rubén Omar Yza Villanueva, médico cardiólogo, quien plantea el panorama del padecimiento en el marco del Día Mundial de la Hipertensión Arterial, que se conmemoró ayer.
En México, y por ende en Yucatán, no hay estadísticas confiables de hipertensión, pero se sabe que el 40% de la población adulta presenta tres o más factores de riesgo cardiovascular, al igual que la hipertensión es la principal causa de muerte prevenible (si se detecta oportunamente y se trata de forma adecuada).
El manejo de la enfermedad determina el impacto de ésta en la persona, ya que cuando la presión está descontrolada se corre el riesgo de que las arterias se vayan dañando y aparezca aterosclerosis, lo que trae consigo la presentación prematura de infartos y eventos cerebrovasculares. Un adecuado control reduce el daño renal y, en edades avanzadas, la probabilidad de que haya deterioro cognitivo.
El doctor Yza Villanueva señala que en el país y el Estado el 30% de la población adulta tendría presión arterial elevada. De acuerdo con el consenso europeo y latinoamericano al que se apega la Norma Oficial Mexicana —que adopta la clasificación de la Sociedad Europea de Cardiología y la de Hipertensión—, se considera que la presión es óptima cuando la sistólica (la presión de bombeo del corazón) se encuentra por debajo de 120 y la diastólica (la presión del corazón cuando se encuentra relajado) está por debajo de 80.
Etapas
Precisa que la Asociación Mexicana del Corazón y el Colegio Mexicano de Radiología hablan de hipertensión en etapa 1 cuando las medidas conjuntas son de 130/80 en adelante. Bajo esa consideración, la mitad de la población mexicana sería hipertensa. De ahí la importancia de hacer conciencia en los habitantes del país del cuidado de la salud.
La mitad de los hipertensos no sabe que lo es, ya que hay un retraso en el diagnóstico y tratamiento, lo cual tiene gran repercusión.
El cardiólogo resalta que la presión arterial debe revisarse al menos una vez cada dos años, a partir de los 20 de edad, y llevarse vigilancia estrecha si hay sobrepeso u obesidad (el 72% de la población adulta del país tiene esos problemas, al igual que un tercio de los escolares y adolescentes). A partir de los 40 años debe revisarse la presión con más frecuencia.
El doctor Yza añade que el Covid-19 desaparecerá gracias a las vacunas, pero las pandemias de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y dislipidemias (colesterol y triglicéridos altos, y colesterol bueno reducido), no lo harán.
“Esas pandemias seguirán en ascenso y es una de las explicaciones de la letalidad del Covid-19 en la población mexicana: la prevalencia de los factores de riesgo”.
Puntualiza que, según las estadísticas, el 80% de los que mueren por Covid-19 tiene comorbilidades, como hipertensión, diabetes o ambas.
Asesino silencioso
Recuerda que a la hipertensión se le conoce como “el asesino silencioso” porque no produce síntomas; incluso, una persona con una lectura de 180/100 puede sentirse perfectamente bien, por lo que es un reto detectarla oportunamente.
A veces causa molestias como dolor de cabeza y mareo, que pueden asociarse a otras condiciones.
Al año se reportan en todo el mundo 10 millones de muertes por enfermedades cardiovasculares, cifra que ha ido en ascenso en los últimos años.
El doctor Yza Villanueva precisa que en México la mortalidad por enfermedad cardiovascular es de 40 mil casos y calcula que en Yucatán fallecen unos 10 pacientes por hora como consecuencia de lo mismo.
Y es que entre un tercio y un cuarto de la mortalidad en el orbe está relacionada con males cardiovasculares. La situación es más grave en países considerados de medianos y bajos ingresos, como los hispanos.
Efectos
El especialista reitera que la hipertensión conduce a complicaciones que desembocan en infarto al miocardio, síndromes coronarios agudos, evento cerebrovascular de tipo aterotrombótico o hemorrágico, daño renal y enfermedad vascular periférica. De manera que es potencial causante de muerte cardiovascular y el factor más prevalente entre quienes experimentan un infarto.
De acuerdo con registros nacionales de síntomas coronarios agudos, el 60% de las personas que ingresa al hospital con esos síndromes es hipertenso.
La hipertensión aumenta el riesgo de diabetes y problemas renales, que, junto con el síndrome metabólico (que presenta el 40% de los adultos y contempla obesidad, hipertensión, dislipidemias y obesidad abdominal), convierten a un número elevado de personas en población de riesgo.
El médico enfatiza que la nutrición es un aspecto muy importante para combatir la hipertensión y otras enfermedades que elevan el riesgo cardiovascular, y recuerda que los buenos hábitos de alimentación deben iniciarse en la gestación, pues se ha visto que los niños que nacen con bajo peso son dos o tres veces más propensos a desarrollar diabetes, hipertensión y daño cardiovascular.
Ante esta situación es fundamental que las mujeres próximas a ser madres vigilen la calidad de su alimentación y se sometan a adecuados controles de peso, a fin de garantizar que el bebé nazca con peso adecuado.
Prevención
El doctor Yza Villanueva subraya que en todas las etapas de la vida debe observarse un consumo mínimo de productos industrializados y ultraprocesados, que contienen altas cantidades de sodio, sobre todo los que vienen en forma de glutamato monosódico, saborizante y conservador que incrementa el apetito y el tono de las arterias, lo que hace que suba la presión.
En ese sentido, afirma que hay que apostar por una alimentación fresca y natural, a modo de la dieta mediterránea, con frutas, vegetales y pescado, pollo o pavo natural, limitando la carne roja y los mariscos con alto contenido proteico y efecto de ácido úrico a nivel corporal.
Recomienda limitar el consumo de sal a menos de cinco gramos al día.
En cuestión de actividad física, señala que se debe hacer ejercicio al menos 30 minutos al día, cinco días a la semana —puede ser caminata, natación o bicicleta—, además de evitar el abuso de alcohol, es decir, no más de dos copas, dos o tres veces a la semana.
El tratamiento de la hipertensión requiere de medicación, que, junto con la buena alimentación y la práctica de ejercicio, ayuda a su control y evita la aparición de complicaciones, entre ellas el agrandamiento del corazón, el engrosamiento de las arterias y el deterioro prematuro de los riñones.— Iris Ceballos Alvarado
