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Reflexiones del diario vivir

Yeny Canché Canul(*)

Hay personas que Dios permite que se conozcan y aunque no nacieron en la misma familia, es como si lo fueran; hablo de los amigos, que son como hermanos.

Con ellos se pasan momentos de mucha alegría y si las personas se conocen desde la infancia, en la edad adulta siempre habrá una anécdota para contar de esos tiempos que vivieron juntos décadas atrás.

La amistad es un regalo divino que puede nacer desde la niñez, pero también en el transcurso de la vida se van conociendo nuevos amigos que deben cuidarse y procurarse: la amistad es como una plantita que si no se riega, se muere.

Si alguien nos brinda su amistad, seamos recíprocos. Un buen amigo ama en todo tiempo: en los momentos de adversidad es la ayuda esperada, es el hombro donde se puede llorar, es quien escucha, quien está ahí para cuando se le necesite.

Los amigos se apoyan mutuamente, son honestos, comparten la felicidad de sus logros, se dan buenos consejos, se cuidan y si uno sufre, el amigo también sufre con él y no lo abandona.

Hay amigos que pueden llegar a ser más fieles que un hermano y si uno cae, el buen amigo lo levanta.

Pero desafortunadamente no todo el que se dice ser amigo lo es: hay quienes llevan a la ruina a otros, son aquellos que no perdonan ni se alegran de los logros del otro, provocan contiendas entre el núcleo de amistades, no conocen la lealtad, crean chismes y dividen… por ello debemos ser cuidadosos porque hay malas compañías que pueden corromper las buenas amistades.

Valoremos a los amigos, ellos no son perfectos y pueden cometer alguna equivocación, no los señalemos ni juzguemos. Recordemos que el perdón tiene el poder de restaurar la amistad, pero el rencor la termina, y siempre hablemos de forma positiva de un amigo.

Fundadora de Sublime Amor.

 

“Si alguien nos brinda su amistad, seamos recíprocos”

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