Maestra Georgina Rosado y Rosado
En México durante el siglo XIX y principios del XX el liberalismo fue difundido y fomentado a través de las logias masónicas, llegando el caso de que entre 1872 a 1911 el pensamiento liberal y el masónico se fundieron en las logias. El Rito Escocés Antiguo y Aceptado fue el primero que se conoció en México en 1821 y los hombres más ilustrados se iniciaron en él. Posteriormente se estableció el Rito de York y en 1826 el Rito Nacional Mexicano.
Es importante también recordar que en el Congreso General del año de 1833 el Rito Nacional Mexicano (R.N.M.) decidió iniciar una serie de reformas, la más importante hacia su interior fue incluir a la mujer en la masonería, ya que consideraban que en sus manos estaba la formación de los futuros ciudadanos y hacia fuera: luchar por la abolición de los fueros militares y eclesiásticos, la separación de la iglesia y el estado, la educación laica, la secularización de los bienes eclesiásticos, la libertad de cultos, etc.
El pensamiento liberal estuvo presente en las logias masónicas, pero también en las sociedades culturales que los liberales masones fundaron en las diferentes poblaciones. Una de las más importantes en el sureste mexicano fue y es la Sociedad “Progreso y Recreo”.
Es importante señalar que Valladolid y Espita fueron de las primeras poblaciones de Yucatán donde se formaron logias masónicas en las que los patriarcas de las familias más prominentes participaban en ellas y que en la segunda mitad del siglo XIX fueron precisamente dichos patriarcas masones los que fundaron las sociedades culturales. Ejemplo de ello son los de las familias Triay, Peniche, Rosado, Patrón, Osorno, Erosa y Cetina, entre otras, que en el caso de Espita durante finales de siglo XIX y hasta mediados del XX participaron activamente en la masonería y simultáneamente en la Sociedad “Progreso y Recreo”.
Dichas sociedades se establecieron para promover actividades recreativas como bailes y fiestas, pero, por sobre todo, acciones culturales como la elaboración y lectura de textos literarios, la puesta en escena de obras de teatro, veladas musicales, entre otras que eran dirigidas a las clases económicas medias y altas yucatecas.
Muestras de sociedades culturales en Yucatán
La Sociedad “Progreso y Recreo” de Espita, “Porvenir” de Valladolid y “Renacimiento” en Tizimín son muestras de sociedades culturales creadas en Yucatán con el objetivo explícito de sembrar la semilla del progreso a través del conocimiento científico, las artes, proyectos editoriales y los vínculos con la prensa nacional e internacional. Estos centros sociales se convirtieron, al igual que en Europa y el resto del mundo, en espacios privilegiados donde las ideas liberales, y sobre la condición de las mujeres, podían ser discutidas y se discutieron.
Los profesores Santiago Pacheco Cruz y Edmundo Patrón Erosa, en ocasión de las bodas de oro de esta sociedad en 1920, publicaron la “Reseña histórica de la Sociedad Progreso y Recreo de Espita”, texto en el que se incorporó la proclama de su fundador, su reglamento, reseñas, actas y otros documentos originales de la sociedad, lo que nos permite tener un acercamiento de primera mano sobre algunos aspectos importantes a considerar (Patrón Erosa, Edmundo y Pacheco Cruz, Santiago (1925) “Reseña histórica de la Sociedad Progreso y Recreo de Espita”. Talleres Tipográficos de la “La Revista de Yucatán” y Talleres Tipográficos del Gobierno del Estado. Mérida, Yucatán).

Un dato digno de resaltar es que durante las bodas de oro de la Sociedad “Progreso y Recreo” el día 16 de septiembre de 1920, en el libro antes mencionado queda constancia que el discurso inaugural estuvo a cargo del socio honorario Carlos R. Menéndez. Por falta de espacio solo reproduciré el primer párrafo del discurso: “Quiso la H. Junta Directiva de la Sociedad ‘Progreso y Recreo’ que mi desautorizada voz fuera la que abriera este solemne acto de su benemérita existencia como Institución cultural; y si no vacilé ni un momento en aceptar honra tan señalada cuanto inmerecida, fue por el gran cariño que me ha inspirado siempre esta risueña villa, que me produce la impresión de una rosa de perfumes delicados e inmarcesibles, plantada por los viejos abuelos en el huerto florecido del Oriente yucateco, cuna de tantos héroes y tumba de tantos mártires, en las épicas luchas por la libertad, por la justicia, por el derecho y por la civilización”.
Cabe mencionar que a los festejos del 50 aniversario de la Sociedad asistió como una de sus invitadas de honor la insigne maestra doña Rita Cetina Gutiérrez, precursora del feminismo yucateco, fundadora de la escuela “La Siempreviva”, así como la Sociedad “Científica y Literaria” y una revista que llevaron el mismo nombre.
Regresando al motivo de la fundación de la “Progreso y Recreo”, éste queda evidente un 31 de agosto del año de 1870, cuando el coronel don Heliodoro Rosado Sosa redactó su proclama, invitando a la juventud espiteña a formar parte de una sociedad que tuviera el objetivo de ilustrar y recrear a la población, a la que nombró: “Progreso y Recreo”. Su biblioteca, salón de lectura, el hermoso teatro que imitaba al Partenón griego, su orquesta, las actividades realizadas por la sección literaria y la dramática, así como sus famosos bailes, llenaron de luz y prestigio a la villa de Espita, que se convirtió gracias a esta sociedad en un fuerte atractivo y lugar de reunión de artistas, poetas y personas “cultas” de todo Yucatán.
Objetivos del liberalismo masónico
Los objetivos del liberalismo masónico se expresan claramente en la proclama de su fundación, que mencionaba: “contener el germen ilustrador de la época”, con una mira, “un deseo: el progreso”. Convertirse en un lugar donde pudiera “la juventud cultivar su entendimiento comunicándose mutuamente su pensamiento”. Y en donde “nos suscribiríamos a los periódicos de más mérito tanto nacionales como extranjeros y estaríamos al tanto de los acontecimientos de Europa y del resto de la América”.
El proyecto ilustrador de los fundadores de la “Progreso y Recreo”, donde claramente se expresó el pensamiento liberal masónico, se vinculó al de la promoción de la educación laica en los institutos educativos, no solo en la villa de Espita sino en otras partes del Estado.

De acuerdo al artículo 1 de su reglamento, la sociedad debía procurar “el desarrollo intelectual dedicando sus atenciones al importantísimo ramo de Educación Pública, prestando eficaz ayuda a las Escuelas sin prejuicios dogmáticos de ninguna especie, es decir, sin distinción de credos religiosos, abrigando únicamente en el alma este noble fin: el respeto a las creencias”.
La participación activa de las sociedades culturales en las comunidades del interior del Estado con el objeto de promover la educación laica y gratuita se expresó en el hecho de que uno de los primeros actos de la “Progreso y Recreo” fue apoyar la iniciativa presentada al gobierno del Estado por la Sociedad de Instrucción de la ciudad de Izamal, que pedía se decretara obligatoria la enseñanza en el Estado para niños de 8 y 14 años. La iniciativa fue apoyada por la sociedad del mismo nombre en el puerto de Progreso, integrada también por masones liberales ilustrados. El Ejecutivo tomó en consideración el asunto y la pasó a la legislatura local para su estudio y al poco tiempo lo sancionó y publicó.
Tampoco fue casualidad que en 1898 fuera el mismo Heliodoro Rosado, que en aquel entonces era jefe político del partido de Izamal, quien participara en la apertura del segundo Liceo de Niñas de esa importante población, junto con el Ayuntamiento de la ciudad y las autoridades estatales (Nota de periódico, “Bodas de diamante. El colegio civil de niñas de Izamal” por el doctor Miguel F. Vera Lima, “Diario de Yucatán”, miércoles 28 de abril de 1982).
El proyecto ilustrador de la Sociedad “Progreso y Recreo” de Espita contempló, como se exigía en el Rito Nacional Mexicano, la necesidad de incorporar a las mujeres, pues sin ellas sería imposible el cambio, lo que fue expresando abiertamente por su fundador al decir: “Cuando lleguemos a poseer una biblioteca, el bello sexo podrá beber en la misma fuente que nosotros, pues esperamos que las personas civilizadas de esta villa contribuirán a ilustrar esta preciosa mitad del hombre”.
Verdadera participación de la mujer
Aunque desde el inicio de la Sociedad se promovió la participación de las mujeres en ésta, fue en realidad hasta 1892 cuando los socios de la “Progreso y Recreo” decidieron aceptar a las “hijas de Eva” como socias. Acompañando este acuerdo un discurso conmovedor donde las reconocieron como sus iguales, al menos en el aspecto de sus capacidades intelectual y en cuanto a sus derechos de participar en las doctrinas liberales que se discutían y promovían en dicha sociedad.
¿Por qué no aceptarlas? Se decían ellos mismos: ¿acaso por su condición de mujer no tienen el supremo derecho de disfrutar también y de participar de las sabias doctrinas que lanzaba a los cuatro vientos la Sociedad?, ¿acaso no tendrían el criterio y suficiente alcance intelectual para aportar sus conocimientos? Nada de eso, entendemos que la mujer tiene también capacidad para tomar parte en las actividades humanas… así se mencionó en la alocución.
Por supuesto, este tipo de discursos estaban aderezados de un marcado y mal disimulado sentido de supremacía de la población femenina blanca espiteña sobre la del resto del Estado, ya que consideraban a su villa Espita como la Atenas de Yucatán. Así en su documento de fundación podemos leer: “No es nuestra pretensión singularizar a la mujer espiteña haciéndola aparecer como la única en su género, no, pero tal parece que Natura ha deseado reservar para ella una dosis de clarividencia, dotándola de un espíritu despejado y de un cerebro original. Esto lo patentizan las hijas de la población con su ingreso a la Sociedad ‘Progreso y Recreo’ y con la activa participación que han tomado en todas sus festividades ya sean literarias o teatrales”.
En Espita existía un Liceo de niñas llamado “de las Mercedes”, fundada en 1868 por la profesora Manuela Olivares de Erosa, quien fue su primera directora y a la cual le sucedió en 1876 la profesora Rafaela Barrera Rivas. Cuando en 1880 se cerró el Liceo de “las Mercedes” fueron abiertas dos nuevas escuelas para niñas y una de varones: una dirigida por la señorita Remedios Cetina y otra por Juliana López. Desde la fundación de la “Progreso y Recreo” se establecieron estrechos vínculos entre la Sociedad y las escuelas tanto de niños como de niñas, otorgando la primera importantes donaciones de sus fondos y realizando actividades culturales en conjunto.
La profesora Remedios Cetina contrajo matrimonio con el profesor Olayo Rosado Erosa, director de la escuela de varones, socio y encargado de la orquesta de la “Progreso y Recreo”, con el que procreó varios hijos y dos hijas. Lo notable de resaltar es que los hijos de doña Remedios al llegar a la mayoría de edad se integraron a las actividades de la Sociedad y simultáneamente se iniciaron en la logia de su comunidad, alcanzando, sobre todo Álvaro y Ernesto, altos grados. Décadas después los Triay, Rosado, Peniche, Erosa y Patrón seguirían el proyecto ilustrador, lo que se puede corroborar en la nota del “Diario del Sureste” del domingo 13 de enero de 1950. En la nota también quedan claros los vínculos entre las dirigencias masónicas y las pertenecientes a las sociedades culturales, así como la activa participación de las mujeres en la vida cultural de la comunidad:
“Lucido festival masónico. Espita enero 12. La noche del 10 del actual se efectuó la toma de posesión de los dirigentes de la Logia ‘Narciso Campos Sabido’ número 20, que encabezan los señores Álvaro Rosado Cetina, venerable Maestro y José A. Pérez M. y Rubén Triay Peniche, 1º y 2º vigilantes. Después del acto, que revistió solemnidad los componentes de dicha Logia y sus invitados se trasladaron al domicilio del señor Rosado Cetina, en donde se celebró el suceso, con una reunión. En primer término, el señor Rosado Cetina agradeció la asistencia de los representativos de varias sociedades e hizo inmediatamente después la presentación de la señora Luz Erosa viuda de Lara Manrique, coterránea nuestra, que ha sido dirigente de varias logias del interior de la república. A invitación expresa del profesor Prudencio Patrón Peniche usó la palabra para explicar en términos generales las aspiraciones y fines de la masonería enviando después un saludo fraternal a todos los presentes. Seguidamente la señora Erosa viuda de Lara expresó su satisfacción por encontrarse nuevamente en su tierra natal después de una prolongada ausencia, admirando dijo, los esfuerzos de sus paisanos a través de la ‘Progreso y Recreo’, de la logia y de distintas agrupaciones, por conservar latente en Espita el espíritu de progreso intelectual y material en que sus ancestros supieron colocarla. Dio lectura seguidamente a una poesía suya recibiendo cálidos aplausos” (“Diario del Sureste”, domingo 13 de enero de 1950).
Se pueden notar de manera explícita para el caso de Espita durante las primeras décadas del siglo XX los vínculos entre las sociedades culturales, el proyecto liberal educador de niños y niñas y las logias masónicas. Así como el papel de las mujeres pertenecientes a familias liberales como esposas, madres e hijas de masones, pero también en el llamado mundo profano como profesoras de los liceos y socias activas integrantes de las sociedades culturales, donde lograban tener acceso no solo a la educación laica sino al conocimiento de diferentes corrientes de pensamiento.
Efectivamente, la biblioteca de la sociedad llegó a albergar libros, revistas y periódicos de otras partes del mundo. La edición por parte de los ilustrados espiteños de un medio local, “El Demócrata”, seminario independiente miembro de la “Prensa Asociada de los Estados”, que circuló durante los años comprendidos de 1877 a 1879 y de 1906 a 1913, favoreció definitivamente el intercambio de material impreso e informativo con otros grupos y sociedades del Estado y del país. Todo esto contribuyó a que la sala de lectura de la Sociedad, tal como se lo propuso su fundador, se convirtiera en un espacio de comunicación y de entendimiento, donde hombres y mujeres podían intercambiar opiniones y enterarse de lo que sucedía en el mundo.
La participación de las mujeres espiteñas como educadoras en los primeros liceos de niños y niñas, así como en la sociedad cultural “Progreso y Recreo” y en los proyectos editoriales se constata con el hecho, poco conocido, de que Espita fue de las primeras poblaciones del interior del Estado donde las mujeres dirigieron y administraron una revista literaria. Así, el primero de agosto de1912 surgió “Arpa Eolia”, revista mensual literaria, dirigida por Pilar Fontanilles de Rueda, precisamente la directora de la Escuela “Manuela Olivares” en esos años y esposa de José Rueda Ontiveros, director y gerente del semanario local “El Demócrata”. Resulta también significativo el hecho de que la administradora de la revista literaria fuera la joven Mercedes Peniche López, profesora de la comunidad que años después sería conocida como la maestra Mechita, “maestra de maestras”. La profesora Mercedes fue hija de dos ilustrados espiteños, socios de la “Progreso y Recreo”: Felipe Peniche y Juana Raquel López, y pariente cercana de Francisco Peniche López, abogado y poeta, y de Vicente Peniche López, profesor jurisconsulto y periodista.
Años después la directora de la revista “Arpa Eolia” formaría parte de los trabajos de organización del Primer Congreso Feminista de Yucatán realizado en 1916 y participaría activamente en las comisiones previas al evento y durante el mismo. De hecho, Pilar Fontanilles formó parte del Comité Organizador responsable de estudiar y absolver los trabajos que se presentaron durante el Congreso. La maestra “Mechita”, como era de suponerse, participó también en el Congreso Feminista de Yucatán de 1916.
Lo descrito deja de manera clara y notoria el hecho de que Espita, durante finales de siglo XIX y principios XX, vivía una intensa vida cultural en la cual las mujeres participaron activamente, lo que se reflejaría tiempo después con la nutrida participación de un contingente femenino espiteño en el Primer Congreso Feminista ya mencionado. Esta trascendental vida cultural y política que se vivió en Espita gracias a la Sociedad “Progreso y Recreo”, donde las mujeres tuvieron y tienen una labor destacada y protagónica, sería imposible de explicar sin considerar sus vínculos con los masones liberales que la fundaron, promovieron y le dieron vida.
